19.9.26
Escenarios imprescindibles de la Jota Aragonesa
Voy a entrar y no me dejan, voy a salir y no puedo (parte del “Bolero de Caspe”, de Joaquín Royo, músico militar)
Se acerca el Pilar, las ofrendas y rondas en Zaragoza jota en ristre. Especiales y sentidas en el Rabal y Barrio Jesús: balcones que durante el año ya guardan poco silencio, escenarios de tránsito de los carreteros que bajan de Sierra de Luna.
La jota se tañe, baila e interpreta en toda España, Barreiro nos ha glosado en muchas ocasiones sus intríngulis y origen. A mí solo me interesaron sino las de Raimundo Lanas, “El Ruiseñor de Navarra” que se sabía mi padre y cantaba en voz aguda delgada, hasta que mi querido amigo Ángel Aransay me inoculó la pasión que comparte Pablo Echenique por las de picadillo. Me las recitaba sotto voce entre los gritos de las noches del Bonanza de los 90.
Además gran parte de mis primas y amigas la han bailado: en el grupo Rocamador de Sangüesa o en los míticos de preservación de la jota pirenaica “Alto Aragón” de Jaca y “Grupo Folklórico Santiago” de Sabi, que salvó la lenta y masticada jota de Aso de Sobrepuerto, junto a Betés y Yosa, dios te libre de los tres. Mis amigas y familiares ya no son las bellas niñas que y no fueron por agua a la fuente del ibón, sino que subieron conmigo a bañarse en ellos.
La jota ha pasado el filtro ministerial español, impulsada la candidatura por varias Comunidades y liderada por Aragón, para ser considerada Manifestación Representativa del Patrimonio de la Humanidad y, tras ello, que la UNESCO lo reconozca. Tal vez a final de esta añada se produzca, de lo que se alegrarán los Sabandeños, María del Mar Bonet, los rondadores tortosinos o de los valles del Tiétar. Y en la dura Castilla: arriba, abajo, a tu novia le espantan los escarabajos…
La jota da lugar a turismo del no estacional, a encuentros e intercambios, viaja porque lleva participando en el Festival Folklórico de los Pirineos de Jaca hace decenios, mantiene una potente artesanía indumentaria y goza del reconocimiento de la audiencia los domingos en la televisión autonómica. Las familias pagan profesores y vestidos sin reblar.
Aunque del fenómeno nos dejaríamos que permite viajar dentro de Aragón, y os propongo más allá del Casco Viejo de Zaragoza gozar de seis de sus más especiales escenarios. A la vuelta de cuatrocientos años, quizás se visiten en Aragón centros de datos que afecten al agua de boca por la reducción de reservas, al servicio de que consultemos una IA que dejará sin trabajo a los informáticos, que se están sublevando como si ellos fueran los ciborgs.
Al bolero le han traido…
1.- BARRIO Y AVENIDA DE LA JOTA
Empezamos por el Distrito 14 cuyo centro cívico honra al mítico grupo liderado por Mariano Casanova, en que se programan actividades japonesas pero no tanto jota.
En él, el Barrio la Jota dedica sus calles y plazas a importantes cantadoras y menos cantadores y lo vertebra la Avenida de la Jota, que no es una calle de Nueva York paralela a otras que fueran Ka, Ele o Hache, que no estamos en Villarquemau. Merece la pena disfrutar de un rato de lectura en el Parque del Royo del Rabal, dedicado a Pedro Nadal y Auré, mejor jotero del siglo XIX que tiene su cabezudo pelirrojo, y fue representado por don Santiago Lapuente, otra calle de mi barrio.
Pasad y trespasad los pasajes dedicados a los maestros Orós, Tremps y Calavia sin molestar mucho a los vecinos que nos regalan flores con su trabajo, instrumentistas y maestros de solfeo de la Escuela de Música de Zaragoza hace cien años.
2.- ANDORRA, la de Teruel
La jota que más emociona y ha relevado al “que cuando vienen del campo, vienen cantando” (“Las espigas de oro”, navarra del Maestro Turrillas de Barasoáin y muy entonada en el occidente aragonés) ha sido tras la emigración masiva del este jotero aragonés a Cataluña, “La Palomica” cantada por José Iranzo Bielsa, el pastor de Andorra.
Con más kilómetros de avión a sus espaldas casi que Gayarre y Fleta juntos, don José gustaba de volver a los altiplanos de la Sierra de Arcos para salir con el ganau y su fiel perro. En sus jotas metía gritos y silbidos de pastor que a mí me hacen llorar. Mi abuelo y todos los jacetanos que conocí tenían los mismos gestos que el tío José, el de la puerta de los vientos, estirando cecina para pasarla con pocos dientes, cantando con voz ligera de vinagre aguado y metiendo esas llamadas ancestrales para que rebaño y perros evitaran el peligro.
Un glorioso museo dedicado a sus actuaciones y voz, que contiene salas que abordan los diferentes estilos de jota coexiste en el casco viejo de Andorra, en las inmediaciones de la Casa de Cultura dedicada al impulsor de Andalán, otro de los aragoneses más queridos de todos los tiempos: Eloy Fernández Clemente. Ambos amigos de Joaquín Carbonell, como glosamos.
José Iranzo no salió de la nada, surgió de la corriente pasional y poderosa de la jota del Bajo Aragón que cuenta con un bolero que la glosa con mayúsculas.
3.- DE CASTELLOTE A CASPE
Jotas dedicadas al Ebro y la virgen aparte, continuamos repasando las más cantadas en Aragón con el bolero de Caspe, una de sus reinas indiscutibles. Jota.
Es con la que yo más he visto brincar a lo tarantella, precisamente porque se trata de un bolero. Se compuso su música por el músico citado en el título que fue director en los años 20 de la banda de Castellote. Se ha estudiado que lo hizo por encargo, para una señora de la alta alcurnia caspolina que tenía fincas en la primera villa llamada Concha Miravete, y que por eso resultan mezcladas.
Mecenas de la diversión, encargó una tonada alegre para que sus mozos y repatanes bailasen bravo en las fiestas que gustaba de armar en sus pardinas que les recordara a las cuatro esquinas de Caspe, por donde se entraba.
Al final, la jota se popularizó tanto por las mujeres de la ciudad que la tonada del Isidro Royo se exportó a lo largo y ancho del padre Ebro entre Tortosa y más al oeste de Zaragoza.
Como se decía, Castellote es la primera fortaleza y lugar importante del valle del Guadalope, domina el pantano de Santolea del que beben los melocotones de Calanda, las huertas con masicos de Alcañiz y los frutales caspolinos, río santo, cada gota de agua mineral aprovechada.
4.- DONES DE FALDETES FRAGA
A la vez que en Zaragoza, hay fiestas o procesiones pilaristas en Calanda la del milagro con calle, Puente Sardas en Sabiñánigo y las fiestas mayores de Fraga. Nada hay más aragonés que la Franja aunque se hable, sí, catalán.
En la ciudad del Bajo Cinca, el 23 de abril se conmemora el homenaje a las últimas abuelas que se ataviaron con refajos y faldetes, en lo que constituye el día máximo con el Rosario de Cristal de Zaragoza, para el gozo de contemplar la indumentaria tradicional aragonesa en la calle. Hay libros editados con los que disfrutar del catálogo estampado fragatino para chalecos, mantones y faldas. Verdaderamente el mismo es digno de una exposición de Balenciaga o Pertegaz en calidad y profundidad de tejidos.
5.- LA JOTA PIRENAICA DE JACETANIA OCCIDENTAL, ASO Y LA DE NERÍN DE SOBRARBE
El día del traje en Ansó, el último domingo de cada agosto, se enristren con la garganta caliente de vinos a mediodía jotas ansotanas en la plaza de la villa. Sabrosas, lentísimas, bailadas sin aspaventar, como “la Villa de Ansó, ladrona de corazones” pero me emociona más la dedicada al río donde me refresco: “Dende os puertos d’Ansó, baja l’agua encañonada, pa regar os clavels, que tiens en a ventana”.
Pero en Sobrarbe también se cantaron y bailaron jotas, muchas veces interpretadas como en Berdún a violín solista. Me encanta la de Nerín, sin letra y con acompañamiento de chiflo y gaita aragonesa.
La de Aso de Sobremonte del gran pastor Cabalero, que borda el grupo de Sabi, bailada un poco agarrada es imbatible: si quieres que yo te cante, dame huevos con tocino, aunque se manche con gotas de aceite el chaleco de lino (final libre).
6.- LAS JOTAS DE MUJERES OLIVERAS DEL MONCAYO
Rematamos con otra jota del top 5 de popularidad en Aragón, la “Pulida Magallonera” que tiene escultura en rotonda de esta villa del campo de Borja, calle y placa en la casa que le vio nacer dedicados a su autor: el maestro Ramón Salvador Castro.
Es imprescindible que visitéis y echéis un vermú en Magallón, subáis a su iglesia fortaleza gótico-mudéjar desde la que hasta hace diez años se veía la vista más bella del Moncayo en invierno que hoy cortan aerogeneradores, vayáis a algún acto al auditorio sabiamente promovido por el Ayuntamiento en los restos de Santa María de Huerta, dedicado asimismo al autor, y visitéis la única calle musical de Aragón: la calle y barrio de los Giles, con relieves de partituras de las ejecutadas desde el siglo XX por su banda.
No en vano es la raíz de garnacha de donde brota el sarmiento abatido por el cierzo Juanjo Bona.
El día que yo nací, acababa de nacer, y a los quince días justos ya tenía medio mes (me cantaba Prudencio Lardiés, Prudencio de Clara, en Berdún).
19.09 Luis Iribarren
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario