15.3.26

Rafael Pertús, artista zaragozano y los Mangas Verdes


Este cuadro histórico, casi una obra fotográfica, nos muestra a Alonso de Aragón,  I duque de Villahermosa, recibiendo la vara de mando como nuevo capitán general de la Santa Hermandad Nueva por parte de los Reyes Católicos.

Este cuadro es del artista zaragozano Rafael Pertús aunque parte del fondo y de las figuras más bocetadas y mediocres deben estar hechas por su taller y no por él.

Este cuadro es del año 1620, un óleo sobre lienzo pintado entre los años 1620 y 1625, mostrando como el Rey Fernando Rey de Aragón le entrega junto a Isabel Reina de Castilla, la vara de mando a su hermanastro.

En el acto vemos a un gran número de caballeros con ropas verdes, que son los mandos de la citada Santa Hermandad. Un grupo de intervención policial del que viene el dicho: "A buenas horas, mangas verdes" pues siempre llegaban tarde a las intervenciones que tenían que realizar.

En el fondo del cuadro podemos ver dos posibles delincuentes que están atados a unos árboles, uno ya ajusticiado y el otro en espera de serlo en cuanto disparen las ballestas los soldados.

Ni los ropajes son de la época real del acontecimiento, sino del siglo en el que fue pintada la obra, ni la arquitectura de lo que vemos es del siglo XV, sino del XVII.

Dos detalles. Los rostros de los Reyes Católicos no son tampoco similares a los de la mayoría de los cuadros pintados de ellos. Y esa Santa Hermandad Nueva, parece ser la similar a la actual Guardia Civil en sus funciones, la de perseguir a delincuentes en zonas rurales.

La Santa Hermandad, reorganizada por los Reyes Católicos en 1476 (Cortes de Madrigal), fue el primer cuerpo policial estatal de ámbito nacional en Castilla pero no en Aragón, diseñado para combatir el bandolerismo y garantizar la seguridad en caminos rurales. Integrada por patrullas armadas (“cuadrilleros” o “mangas verdes”), actuaba con justicia sumarísima contra delincuentes en despoblado, fortaleciendo el poder real.

Aragón ya tenía formas propias de control del orden público. Entre ellas estaban las hermandades locales o comarcales, las milicias concejiles, los guardas de caminos y la justicia municipal. Todo esto no dependería tanto del Rey como de las propias instituciones forales aragonesas, como el Justicia de Aragón, de las Cortes Aragonesas y de los propios Fueros aragoneses que indicaban qué instituciones debían realizar cada labor.

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