11.3.26

Plaza de Toros de Zaragoza. Curiosidades


La plaza de toros de Zaragoza es una de las más antiguas de España. La orden vino del conocido zaragozano Ramón de Pingnatelli a mitad del siglo XVIII en lo que ya eran conocidos como Campo del Toro, pues eran unos terrenos en los que ya se hacían de forma temporal y sin edificio fijo, torneos y lances con toros y caballos.

Desde el siglo XVII allí, en el denominado Campo del Toro, se guardaban y probaban los toros antes de las fiestas que se celebraban en la Plaza del Pilar y también se realizaban festejos taurinos ocasionales. 

Era pues un terreno que ya se estaba utilizando para ciertos festejos, ya que en aquellas fechas lo que hoy se conoce como corridas de toros regladas eran muy diferentes a las actuales.

Sirve ver las estampas de los grabados de Goya para conocer aquellos festejos y sus formas, menos reglados y con diferentes maneras de enfrentarse al peligro.

Durante el siglo XVIII se produjo un cambio importante en España, las corridas de toros se regularizan como festejo para poder cobrar precio en las entradas y se profesionalizan los toreros a la vez que se empiezan a construirse plazas permanentes.

En Zaragoza se decidió levantar una plaza fija en ese mismo lugar del Campo del Toro, por iniciativa en gran parte del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, institución benéfica muy importante de la ciudad y su benefactor Ramón de Pignatelli.

Muchas plazas de toros españolas se construyeron en aquella época para financiar hospitales o instituciones de caridad. O incluso también teatros, pues era una manera de lograr financiación fija para estas instituciones.

La plaza se levantó en el año 1764, de planta poligonal (no perfectamente circular), con materiales relativamente modestos pues era una estructura pensada para ampliarse con el tiempo.

Su función era doble, por una parte organizar festejos taurinos con mayor seguridad y sobre todo poder recaudar fondos para el hospital, que durante décadas fue propietario directo de la plaza.

La plaza de toros inicial se hizo admitiendo que no era una obra importante y que si funcionaba bien, se tendría que ir reformando para darle más estabilidad. 

Entre las reformas más importantes habría que nombrar la del siglo XIX con importantes ampliaciones del graderío, otra en el año 1916 con una reforma estructural muy importante que le dio su aspecto actual, y ya en el siglo XX con importantes mejoras en accesos y estructura.

Cuando se construyó en 1764, la primera Plaza de Toros de Zaragoza tenía características distintas a las actuales. Era más pequeña y de forma irregular, de planta poligonal (muchas plazas del XVIII no eran circulares perfectas como la de Tarazona) y construida con criterios bastante funcionales.

Al ampliarse el edificio en varias fases del siglo XIX se produjo algo bastante común en aquella arquitectura histórica. 

El centro geométrico del ruedo se desplazó ligeramente respecto al edificio original, no tanto porque se añadieron nuevas estructuras y nuevas gradas exteriores con muros de refuerzo y nuevas puertas, sino que se tuvo que adaptar en su disposición y diseño, al desarrollo urbano de las calles de su alrededor.

Hay un detalle curioso, durante mucho tiempo las corridas o espectáculos con toros más importantes de Zaragoza, no se celebraban en esta plaza, sino en la Plaza del Pilar, que se cerraba con tablados. Ese cambio de escenario nos muestra muy bien cómo evolucionó el espectáculo taurino en España entre los siglos XVII y XVIII.

Esas corridas de toros en la Plaza del Pilar de Zaragoza formaban parte de una tradición muy antigua que hoy resulta difícil imaginar y que se utilizaron durante varios siglos en la plaza mayor de la ciudad de Zaragoza, que se transformaba temporalmente en un coso taurino para celebrar festejos vinculados a fiestas religiosas, mercados y celebraciones reales o acontecimientos públicos.

Cuando había corridas o festejos, las plazas se cerraba con una estructura temporal de madera, con
tablados, andamios y burladeros provisionales. Muchas plazas mayores de España se utilizaban para eso, por ejemplo la Plaza Mayor de Madrid.

Se levantaba un circuito cerrado de madera alrededor del espacio central. Se construían gradas provisionales adosadas a las fachadas. Muchas casas abrían balcones y ventanas como palcos, y las familias acomodadas alquilaban esos balcones para ver la corrida. 

Un modelo muy habitual en España antes del siglo XVIII del que se aprovechaban las familias que tenían viviendas en esas zonas y no instituciones benéficas.

Las corridas de toros o los festejos de cualquier orden en la Plaza del Pilar, debían organizarse teniendo en cuenta los edificios religiosos que la rodeaban, especialmente la Basílica del Pilar. La Plaza del Pilar era mucho más pequeña que la actual y se encontraba justamente delante de la iglesia.

Eso supuso que en algunos periodos hubo discusiones sobre si era apropiado celebrar espectáculos taurinos tan cerca de un santuario religioso tan importante.

Esto refleja una tensión típica del mundo barroco de la época, la mezcla de fiesta religiosa, celebración popular y espectáculo violento. Otro punto que obligaba a construir una plaza de toros fija y en las afueras de la ciudad.

Como detalle que incide en esa mezcla de religión y festejos, en el año 1664 se beatificó San Pedro Arbués por el papa Alejandro VII y en Zaragoza (inquisidor del reino de Aragón que fue asesinado en 1485 dentro de la Catedral del Salvador) y se celebraron varios festejos taurinos en la plaza del Pilar. 

Se sabe que dos toreros o similares (Francisco Pueyo y Antonio Luna) estuvieron varias sesiones lidiando toros, saltándolos con cañas y que por desgracias se produjeron varios fallecidos y numerosos heridos al saltar los toros fuera del recinto.

La mezcla de festejos de todo tipo con las celebraciones religiosas eran en aquellos años muy habituales. Y los accidentes taurinos también, pues no había seguridad suficiente. 

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