El Real Zaragoza, el de fútbol, tiene un serio problema y no es precisamente y solo de fútbol, no es un problema deportivo al uso. Y lo curioso es que lo sabemos muchos, y nos tenemos que aguantar.
Intentar competir con jóvenes futbolistas del Aragón por no tener mejor jugador al menos en defensa, y contra un equipo muy irregular, pero que ha descabalgado al Real Madrid, es de una curiosidad interesante.
No soy un forofo, pero me gustan los iconos de mi tierra, aquellos que sirve para representarla y darle valor aunque solo sea moral, y el Real Zaragoza ya hace unos años, tras la pandemia, ha encarado una cuesta abajo complicada de explicar, mucho más sencilla de entender.
Cuando un ICONO lo conviertes solo en negocio, pierdes el icono y el negocio. Lo llevan haciendo unas décadas con el mundo del Arte y desde la pandemia o incluso algo antes, lo están haciendo con los equipos deportivos en España. Todo se puede comprar y vender.
Y el Real Zaragoza por su facilidad para intervenirlo económicamente, es decir, por su precio y la construcción de un nuevo campo de fútbol barato para los que lo van a gestionar —caro para quienes lo vamos a pagar—, el Real Zaragoza decía, parecía un buen negocio de compra venta.
Cuando la suma de errores se multiplica en todas las facetas, logramos convertir en irreversible lo que parecería ilógico que pasara. Caen en la trampa los pardillos, los torpes, y esas caídas, esas torpezas, las pagamos entre todos.
Podría hablar del partido contra el Albacete, de posibilidades, de entrenadores, de lo mal que compramos y vendemos, pero el problema es otro.
Cuando una empresa fracasa, cuando tiene que cerrar, la culpa no es nunca de los aprendices ni de los oficiales. Incluso ni de los encargados.
No será fácil salir de la Tercera División, aunque se llame con el nombre que quieran para disimular. Como no es sencillo salir de la Segunda División.
Pero en cambio sí sabemos muchos de nosotros, cuales son los pasos que hay que dar. Otra cosa es que sean complejos pues nadie quiere ver arrebatado su juguete.
¿Quien va a querer jugarse sus cuartos, si ya no queda ni ilusión?
No hay muchas semanas por delante para que nos pongamos a temblar, de hecho ya llevamos varios años en los que ni la afición sabe qué es mejor, si cabrearse o aguantarse, para no molestar a los que simplemente saben sacar cuentas. Seguiremos observando.

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