27.7.26
San Ildefonso o Santiago el Mayor de Zaragoza. Historias
La iglesia que aparece en la imagen de arriba tiene una historia bastante curiosa. Su doble denominación o nombre —San Ildefonso o Santiago el Mayor— significa que el edificio cambió de función y de titularidad parroquial con el paso de su historia. Esa imagen es de los años 40 del siglo XX, cuando delante de la iglesia no había grandes anchuras, ni la plaza que hoy envuelve a la iglesia en la avenida de Cesar Augusto.
El edificio nació como la iglesia del convento dominico de San Ildefonso. La fundación fue dispuesta por el mercader e infanzón zaragozano Alonso de Villalpando en torno a 1603-1604, mediante una importante dotación económica destinada a establecer un nuevo convento de la Orden de Predicadores. Villalpando está enterrado en el presbiterio y todavía se conserva la lápida que lo recuerda.
Hacia 1616 comenzaron los primeros trabajos bajo la dirección de Domingo Zapata y entre 1625 y 1628 se realizaron cimentaciones y trabajos iniciales. En 1651 se contrató el levantamiento de la estructura y en 1657 se trabajó en la fachada. Desde 1661, Felipe de Busiñac y Borbón dirigió la fase decisiva, terminada en gran parte hacia 1665. Entre 1692 y 1695 se modificaron la cabecera y algunos sectores del edificio. Como vemos, casi un siglo para levantar la primitiva iglesia.
También intervinieron religiosos con conocimientos constructivos, como fray Mateo Ortiz y fray Benito Gallego. Por tanto, no debe asignarse toda la iglesia a un único arquitecto ni a una sola campaña de obras. Fueron muchos años y un trabajo lento.
Es la iglesia barroca de mayores proporciones conservada en Zaragoza. Está construida fundamentalmente en ladrillo y presenta planta de cruz latina, una gran nave única, ocho capillas laterales entre los contrafuertes, crucero, presbiterio recto, coro alto y una gran cúpula central.
Su organización interior sigue el modelo difundido por la iglesia del Gesù de Roma: una nave amplia desde la que podía verse y oírse bien el altar y la predicación del que dirigía la ceremonia, con capillas comunicadas lateralmente. Cuando las guías turísticas nos hablan de una «tipología jesuítica» no quieren decir que la iglesia fuese originalmente de los jesuitas; pertenecía a los dominicos, pero utilizaba un modelo arquitectónico popularizado por la Compañía de Jesús.
El exterior es deliberadamente sobrio. La fachada utiliza pilastras, frontones, hornacinas y sencillos dibujos geométricos realizados con ladrillo resaltado. Esa austeridad contrasta con el interior, mucho más rico y solemne.
La parte más característica de esta iglesia es la decoración de las bóvedas y las cúpulas de las capillas. Está compuesta por yeserías que hoy son blancas con estrellas, lazos y entrelazos, rombos, puntas de diamante y composiciones geométricas de tradición mudéjar.
El contrato firmado el 14 de diciembre de 1661 con Felipe de Busiñac y Borbón especificaba que las bóvedas de la nave debían decorarse con yeso blanco, formando los artesones, lazos y relieves elegidos por los dominicos. Los motivos tenían que modelarse con aristas muy marcadas para que, vistos desde abajo, pareciesen recortados. No parece que estuviera coloreado como otras yeserías mudéjares.
Pero el mismo documento añade un detalle decisivo: entre las fajas y los relieves se dejarían unos espacios de «yeso negro», preparado con carbón de sarmientos o con paja de centeno, con la intención expresa de producir un color agradable y hacer que las labores sobresalieran visualmente.
El aspecto original debió de ser aproximadamente con los lazos, molduras y figuras geométricas blancas, determinados fondos y separaciones, oscuros o casi negros y un fuerte efecto de claroscuro que acentuaba la geometría de las bóvedas.
No se sabe cuándo desapareció el contraste oscuro en esa hermosa cúpula del interior de la iglesia. Lo más probable es que sucesivas limpiezas, reparaciones y capas de blanqueo cubrieran el yeso negro o redujeran mucho su visibilidad.
Estas yeserías mezclan la herencia mudéjar aragonesa con el lenguaje barroco italiano. No son propiamente medievales: fueron realizadas en el siglo XVII, pero prolongan conscientemente una tradición decorativa muy arraigada en Aragón. Este encuentro entre barroco y mudéjar constituye una de las principales razones de la importancia artística del templo de San Ildefonso o Santiago el Mayor.
Durante el siglo XVIII el convento se enriqueció considerablemente. El retablo mayor fue realizado por Simón Ubau en 1762 y muestra la influencia del nuevo gusto académico introducido en Zaragoza por Ventura Rodríguez durante la construcción de la Santa Capilla del Pilar. El retablo está dedicado a San Ildefonso de Toledo, titular original del convento.
La sacristía conserva una decoración de transición entre el rococó y el neoclasicismo. En las pechinas aparecen representados los cuatro evangelistas, obras de Francisco Bayeu, uno de los grandes pintores aragoneses del siglo XVIII y maestro fundamental en la formación del joven Francisco de Goya. De los ocho grandes lienzos que decoraban la sala únicamente se conserva uno, dedicado a la Magdalena al pie de la cruz.
Otro elemento destacado es el sepulcro del cardenal dominico Jerónimo Xavierre, figura importante de la Universidad de Zaragoza y de la Orden de Predicadores. El monumento estuvo originalmente en el convento de Santo Domingo y, tras diversos traslados, fue instalado en el crucero de San Ildefonso en el siglo XX.
La iglesia y el convento desempeñaron una función decisiva durante los Sitios de Zaragoza. En diciembre de 1808, ante la saturación de los hospitales y la epidemia de fiebres que afectaba a soldados y civiles, el convento de San Ildefonso fue habilitado como hospital militar de sangre. Los heridos quirúrgicos generalmente por heridas de la guerra fueron trasladados allí para separarlos de los enfermos contagiosos.
Aquella utilización provisional terminó convirtiéndose en permanente. Durante buena parte de los siglos XIX y XX el antiguo convento acogió el Hospital Militar de San Ildefonso, que permaneció en funcionamiento hasta que fue sustituido por el nuevo hospital militar del barrio de Casablanca. El conjunto quedó así asociado durante aproximadamente siglo y medio a la asistencia sanitaria del Ejército.
La comunidad dominica fue suprimida del recinto con la desamortización de Mendizábal entre 1835 y 1836. La iglesia logró sobrevivir, pero las restantes dependencias conventuales fueron ocupadas y transformadas para usos militares.
Finalmente, en 1958 fue derribado casi todo el antiguo convento. La iglesia quedó como único resto significativo del enorme conjunto dominico. La desaparición de claustros, celdas, biblioteca y dependencias auxiliares alteró por completo el entorno original del templo. Todavía se puedes ver en las paredes exteriores algunos restos de estas construcciones.
Esa supervivencia aislada explica su importancia patrimonial: no es solamente una iglesia barroca, sino el último testimonio de uno de los grandes conventos de la Zaragoza anterior a la desamortización. Pero vayamos ahora a los cambios hacia Santiago el Mayor.
La antigua parroquia zaragozana de Santiago el Mayor se encontraba en la calle Don Jaime I. A comienzos del siglo XX estaba en mal estado y fue cerrada al culto; posteriormente sería derribada entre 1915 y 1916. En 1902, la parroquia de Santiago fue trasladada a la antigua iglesia conventual de San Ildefonso. Desde entonces San Ildefonso es el nombre histórico y artístico del edificio y Santiago el Mayor es su denominación parroquial moderna. Por eso ambas formas son correctas, aunque para hablar de su historia anterior a 1902 resulta más preciso llamarla iglesia del convento de San Ildefonso.
La cúpula original fue destruida por un rayo en 1860 y posteriormente reconstruida siguiendo el modelo barroco del templo. Entre 1964 y 1965 fue restaurada y revestida parcialmente con tejas vidriadas, aproximando visualmente su aspecto al de las cúpulas del Pilar. Las dos torres ofrecen una historia todavía más llamativa. Durante siglos quedaron rematadas a una altura mucho menor que la actual. En la década de 1970, Fernando Chueca Goitia añadió los cuerpos superiores, siguiendo una interpretación barroco-clasicista. No son, por tanto, completamente originales del siglo XVII.
Precisamente eso puede observarse en las imágenes que vemos arriba, que corresponden al estado anterior a la intervención de Chueca Goitia. Las torres aparecen bajas y truncadas, sin los remates elevados que actualmente dominan la avenida de César Augusto.
La iglesia de San Ildefonso o Santiago el Mayor es importante por reunir varias dimensiones de la historia zaragozana. Es el mayor templo barroco conservado de la ciudad; que constituye uno de los mejores ejemplos de unión entre arquitectura barroca y ornamentación mudéjar; y que guarda obras vinculadas a Francisco Bayeu y al nuevo gusto artístico del siglo XVIII.
Además, fue hospital durante los Sitios de Zaragoza y continuó como Hospital Militar; y es el único vestigio conservado de un enorme convento dominico, aunque destruido en el siglo XX como muchos edificios importantes de la historia zaragozana. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1975, protección que actualmente corresponde a la categoría de Bien de Interés Cultural.
Es pues uno de los edificios que mejor permiten leer cuatro siglos de historia de Zaragoza. La religiosidad y el poder conventual del Barroco, la tragedia de los Sitios, la desamortización, la presencia militar, la destrucción urbanística del siglo XX y la posterior recuperación del patrimonio.
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