6.4.26

Zaragoza y la Guerra de la Independencia. Inicios


Los Sitios de Zaragoza no comenzaron a la vez que la llamada Guerra de la Independencia en España, que surge el 2 de mayo de 1808 en Madrid, con un levantamiento popular, ante el clamor de que las tropas francesas se estaban llevando fuera de Madrid al último infante de la familia real.

El 15 de junio de 1808 se puede considerar el inicio del Primer sitio de Zaragoza, aunque todo el conflicto se inicia el 24 de mayo de ese año, con el levantamiento de los vecinos de Zaragoza que acudieron al Castillo de la Aljafería a solicitar que se armara a la población de armas y cañones, al surgir el bulo de que las tropas francesas desde Madrid, venían hacia Zaragoza para ocuparla.

En aquel momento habitaba el Castillo el Gobernador de Zaragoza, el Capital General Jorge Juan Guillermi, que de entrada se opuso a entregar las armas a los ciudadanos. Los zaragozanos intentaron negociar con las autoridades militares de Zaragoza sin éxito y aquello todavía soliviantó más a los vecinos, que en retirada y sin armas, decidieron, al llegar al Portillo volverse pues no podían consentir irse, sin lo que habían intentado hacer. 

El Levantamiento Popular de las ciudadanía en Zaragoza, suponía una unión para defender la ciudad hasta morir. ¿Fue inteligente esta decisión? ¿Supuso la pérdida de una gran parte de la ciudad más histórica, destrozada por las bombas de dos Sitios durante meses? ¿Se podía haber evitado esta destrucción de la ciudad, si se hubiera actuado de otra manera, gestionando los tiempos por los militares de carrera?

El caso es que los vecinos soliviantados, volvieron sobre sus pasos por la tarde convocando a más ciudadanos y con el acompañamiento de parte de los miembros del Ayuntamiento de la Ciudad para insistir en que se les entregaran armas para defender Zaragoza.

El segundo militar a mando de la plaza de Zaragoza, Carlos Mori, reunido con el Ayuntamiento, decidieron, junto al general Guillermi que se entregaran parte de las armas y las llaves del Castillo e inmediatamente se formaron turnos de guardia de civiles para custodiar el lugar y las armas de la ciudad.

Desde el almacén del Cuartel de Convalecientes (actual Hospital de Nuestra Señora de Gracia) se llevaron los cañones, balas de cañón y morteros junto a los artilleros del cuartel allí existentes, y que era en esos momentos el almacén de armas dentro de todo el complejo hospitalario, quedando el propio Ayuntamiento al cargo de las custodias y usos de esas armas. 

Enseguida también se insistió en lograr todas las armas que había en la Aljafería, la pólvora que había en el almacén y todo tipo de materiales que pudieran servir para la defensa de Zaragoza, para organizar las milicias civiles.

Las autoridades militares se volvieron a negar en su entrega, y en una reunión con los militares de Zaragoza se amenazó con matar al Capitán General de la ciudad si se seguía negando la entrega de todo el material militar que había, lo que obligó a una reunión urgente de todas las autoridades que en ese momento había en Zaragoza: el Regente, el Fiscal, el Ayuntamiento y los mandos militares, para tranquilizar a las masas de vecinos en unos momentos de extrema tensión.

A la mañana siguiente se repartieron la totalidad de las armas entre los alcaldes de los barrios de Zaragoza, para que se entregaran a vecinos reconocidos por su honradez en defensa de la Patria y la Religión, según consta en diversos bandos de aquellos días. 

El Capitan General Guillerme, abatido moralmente, se puso enfermo o eso alegó y cesó de sus responsabilidades, entregando el mando de la ciudad a su segundo, el general Mori.

Y a su vez se dictaron diversos Bandos, solicitando a las familias más pudientes de Zaragoza las ayudas económicas y de materiales, para poder mantener en manutención a esos nuevos ejércitos populares de vecinos que iban en aumento.

Y ese mismo día, los defensores del Arrabal que habían sido de los más activos y primeros en el levantamiento, dieron cuenta de que el brigadier José de Palafox y Melci, hermano del Marques de Lazán, y que estaba fuera de servicio de las tropas italianas tras lograr escaparse de Francia estando custodiando en su defensa al Rey Fernando VII, se encontraba en la cercana finca de La Alfranca, y se acercaron a negociar con Palafox para que tomara el mando de las tropas populares de Zaragoza.

Aquellos vecinos se acercaron a negociar con Palafox, capitaneados por Jorge Ibort, un labrador conocido de las familias importantes cercanas a Palafox, para convencerle, y aquella misma noche ya se vino Palafox con todos ellos hasta Zaragoza, para comandar las tropas en defensa de la ciudad, recibido con grandes muestras de júbilo pues era muy reconocido por su lealtad al Rey Fenando VII.



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