9.4.26

La cerámica de Teruel. Su historia y personalidad


Hablemos un poco de la cerámica de Teruel y de su personalidad y color tan característico, El verde de la cerámica y los azulejos de Teruel es el verde cobre de la tradición mudéjar, normalmente descrito como verde-manganeso o verdimorado cuando se combina con el morado del manganeso. 

En la azulejería turolense, ese verde suele percibirse como un tono esmeralda o verde intenso de vidriado, muy asociado al patrimonio mudéjar de la ciudad. Tiene diversos matices y ligeros cambios de color, según épocas y artesanos.

No parece deberse a “tierras verdes” locales, sino a la técnica cerámica, con la utilización de ciertos óxidos de cobre que logran ese color verde que se obtiene por óxidos de cobre aplicados sobre el engobe o esmalte, que al cocerse transforman el tono y fijan ese acabado. La cerámica mudéjar combina, además, el verde de cobre con el morado/negro del manganeso, de ahí el nombre verde-manganeso o verde-morado.

Lo que sí parece propio de Teruel no es el pigmento en sí, sino la tradición local de producción y la continuidad histórica del estilo, que hizo muy reconocible esa gama cromática en su cerámica y en la decoración arquitectónica mudéjar. 

La cerámica mudéjar en Teruel nace en la Edad Media, vinculada a los talleres alfareros documentados ya en el siglo XII: el Fuero de Teruel menciona “maestros de ollas” en el año 1176, y la tradición sitúa el arranque de la alfarería con la propia fundación de la villa en 1171. Desde muy pronto, Teruel desarrolló una cerámica con personalidad propia, de raíz musulmana y mudéjar, y su mejor expresión fue la loza verdimorada o verde y manganeso.

En Teruel, la cerámica no fue un arte menor, sino una actividad artesanal importante desde el inicio de la ciudad medieval. La cerámica turolense se relaciona con la continuidad de técnicas y repertorios decorativos de tradición islámica, adaptados al contexto cristiano medieval aragonés. 

La cronología del mudéjar aragonés abarca aproximadamente desde el siglo XII al XVII, y Teruel fue uno de sus centros más destacados. En Teruel esta tradición no desapareció pronto, a diferencia de otros centros de la Corona de Aragón, y se mantuvo hasta la expulsión de los moriscos en 1610 e incluso más tarde en ciertos talleres.

La otra gran faceta fue la cerámica aplicada a la arquitectura, especialmente en torres e iglesias mudéjares. En Teruel, la unión entre ladrillo y cerámica alcanza un equilibrio excepcional en las torres de San Pedro, Santa María de Mediavilla, San Martín y El Salvador, donde se usan discos, azulejos, piezas cilíndricas y estrellas decorativas. Ese uso de la cerámica vidriada en edificios es uno de los rasgos que hacen singular al mudéjar turolense dentro del arte aragonés.

A partir del siglo XVI, la cerámica de Teruel recibió influencias de otros centros como Manises, tanto en decoración como en técnicas de vidriado. En los siglos XVII y XVIII siguió viva la loza verde, aunque el panorama se fue simplificando por la competencia de otros talleres más productivos.

La influencia islámica en la cerámica mudéjar turolense es muy profunda, no es solo una “inspiración”, sino la continuación y adaptación de técnicas, formas y gustos decorativos de raíz islámica, dentro de un contexto cristiano medieval. Conserva rasgos decorativos propios de la tradición islámica: repetición de cenefas, abundancia ornamental o horror vacui, motivos vegetales como atauriques y palmetas, y gusto por la geometría y la simetría.

También mantiene una iconografía que en la cerámica verdimorada turolense aparece con mucha personalidad, con microornamentación y figuras como pavos, damas o quimeras, combinando repertorios islámicos con otros ya cristianizados.

La influencia islámica no se limita a las piezas de mesa, también se ve en la cerámica aplicada a edificios, donde se integran ladrillo, azulejo y decoración geométrica con una lógica ornamental muy cercana a la estética islámica. En las torres y templos mudéjares de Teruel, la cerámica funciona como un elemento estructural y visual a la vez, algo muy característico de la cultura material andalusí y mudéjar.

Lo más importante es que el mudéjar turolense no copia simplemente el arte islámico, sino que lo reformula en un entorno cristiano, conservando técnicas musulmanas y combinándolas con motivos góticos y, después, renacentistas. Por eso en Teruel destaca tanto su cerámica como un testimonio directo de convivencia, continuidad artesanal y transformación cultural, que en el siglo XXI se sigue manteniedno como parte de su personalidad artesana.

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