28.5.26

Apuntes de la Zaragoza del siglo XVIII


En el año de 1710, Felipe V Rey de España había ganado por las armas el reino de Aragón. Esta batalla de la toma de Zaragoza en 1710 se realizó penetrando las tropas del Rey desde la zona actual del barrio de Montemolín hasta el centro de la ciudad de Zaragoza. Este inciso es para enmarcar el momento histórico de las realidades de una ciudad agrícola que empieza a crecer a veces empujada por hechos violentos.

Era el lugar elegido por los militares de entonces, para entrar en la ciudad, para conquistarla desde la zona algo más elevada de Torrero. En páginas posteriores veremos qué es lo que pensaba el general francés Napoleón en el año 1808 sobre este mismo tema, como zona más sencilla para conquistar la ciudad.

Muchos territorios de la antigua Corona de Aragón, desde el propio Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca, acabaron apoyando al Archiduque Carlos entre la llamada Guerra Civil de Sucesión entre Felipe V que estaba apoyado desde Francia pues era un Borbón, y Carlos de Austria. 

En aquel 1710 la ciudad de Zaragoza fue ocupada primeramente por las tropas austracistas, y al recuperarla después los borbones, es decir las tropas de Felipe V, anunciaron que había conquistado todo Aragón de la sublevación con él, y como castigo, desaparecieron las Cortes de Aragón, desapareció buena parte del derecho político aragonés, se eliminó gran autonomía institucional aragonesa, y se impuso el modelo administrativo en estos territorios que se utilizaba en Castilla.

Felipe V insiste mucho en que toda esta zona, Aragón y su Corona, había sido "ganado por las armas" como garantizando de esa manera que tenía todo el poder para hacer cambios sin mucha justificación ideológica de sus Decretos de Nueva Planta. Pero sigamos hablando de aquella Zaragoza del siglo XVIII.

Documentan que en 1787 el río Huerva regaba todos los sembrados, viñas y olivares de su zona derecha por los terrenos cercanos a la ciudad de Zaragoza, incluida esta, por espacio de algunas leguas de distancia se decía. Jerónimo Blancas llama a estas aguas: el río del Aceite y el Vino, pues con su agua se producían estos dos elementos tan importantes en aquellos momentos para la economía zaragozana.

Decían que toda la orilla derecha del Huerva, excepto las tierras de labor estaban cubiertas de árboles y cañas. Juncos erizados. crueles abrojos, espinosas zarzas. Era una zona de buenas zarzas, que daban cuenta de ellas la chiquillería en el mes de agosto o septiembre, según el año y el clima.

Desde tiempos remotos hasta la llegada del ferrocarril, era un área agrícola separada de la ciudad por el Huerva es una zona que va desde la carretera de Alcañiz, pasando por el presidio de San José como único edificio importante y por el puente sobre el Huerva que le daba entrada a la ciudad. Comprendía los términos diferenciados de Rabalete, Miraflores y Las Adulas, las dos primeras tierras blancas regadas por el Huerva y sus acequias, mientras que la de Miraflores era de secano hasta la llegada del Canal Imperial de Aragón.

Ignacio de Asso en 1798 también nos relata que desde tiempos remotos se riegan estas tierras por La Huerva, siendo este río y su zona de influencia la despensa de la ciudad.

Datos diversos todos estos, que inciden en el carácter agrícola y de soto de ribera de toda la zona actual de Montemolín y del barrio de Las Fuentes.

En 1860, toda esta zona se reparte administrativamente en cuatro términos. Las Fuentes y Adulas es uno de ellos, y comprende una extensión de 878 cahices de 20 quarteles. Otra zona es el Plano de la zona de Montemolin y La Cartuja que comprende 1949 cahices de 20 quarteles. El tercer término lo denominan Miraflores-Las Adulas y comprende 753 cahices, y el cuarto es el Rabalete y Cabaldos que dispone de 469 cahices. 

Si tenemos en cuenta que cada caiz de 20 quarteles son 0,4767872 Ha, estaríamos hablando de un total de 19.305.114 m2, que no está mal creo yo, para una zona agrícola del este de Zaragoza y sus alrededores más cercanos, tierras todas ellas que como hemos comentado realmente alimentaban a la ciudad. Hasta los años 70 era normal que en campos de Las Fuentes hacia Cantalobos se recogieran grandes cosechas de alcachofas, de patatas, de acelgas o de alfalfa.

En 1787, Antonio Ponz nos habla de las casas de campo, de las Torres que ya hay en las afueras de Zaragoza por la zona del Huerva hacia los montes de Torrero. Empiezan a edificarse grandes casonas en las orillas de los caminos, junto a las acequias, y con sus extensiones de terreno regable llenas de frutales alrededor de sus casas. Ya no son meras edificaciones de ayuda en las labores agrícolas sino pequeñas mansiones en donde viven los propietarios de las tierras. Las familias deciden irse a vivir a esas afueras, como una manera de sacar más rentabilidad a sus terrenos, estando más cerca de ellos. Crecen pues, las llamadas Torres.

A mitad del siglo XIX el actual barrio de Montemolín era conocido con el nombre popular de Tierra Baja, por ser tierra fácil de anegar por las aguas, y claro está por ser la zona más baja en relación al nivel del Ebro a su paso por la ciudad, teniendo en cuenta que el este de la margen izquierda del Ebro no existía como zona poblada. Y porque en esa orilla casi enfrente de Cantalobos o de Las Fuentes, lo peligroso eran las avenidas del río Gállego.

Toda esta zona Este de Zaragoza, mantuvo ese espíritu de pueblo hasta bien iniciada la década de 1970. Tenía muy cerca la ciudad, pero la utilizaba para lo mínimo. Comprar, vender y poco más.

Antes había comentado la importancia geográfica de estos barrios zaragozanos al estar rodeados de agua. De tener al Ebro a la izquierda, a La Huerva en los inicios urbanos y al Canal Imperial a la derecha. Sin olvidarnos de que enfrente se observaba el brío de un Gállego diferente al actual.

La importancia de la construcción del Canal Imperial es algo complejo de intentar desarrollar como se merece en estas entradas sobre los barrios del Este de Zaragoza. Un buen puñado de aragoneses se empeñaron en una obra muy importante para su época, que ha marcado sin duda el futuro de nuestra región. Enfrentados como es casi siempre inevitable, con algunas comunidades vecinas, y consiguieron lo imposible ante los incrédulos.

Por la zona del Este zaragonano apareció la obra en sus finales, cuando ya todos celebraban con fiestas la llegada de las aguas a Zaragoza. Como continuación de los aprovechamientos de aquella importantísima obra hidráulica.

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