La imagen de Nuestra Señora de Luján que vemos en la imagen está en Zaragoza. Algo escondida, es cierto, pero está en Zaragoza y en su iglesia más importante, en Nuestra Señora del Pilar.
Es una virgen que representa a la Inmaculada Concepción revestida con manto, corona y rayos y sin niño, y es la Patrona de Argentina.
El origen de la advocación se remonta al año 1628 cuando Antonio Farías Saá, un hacendado portugués de la zona cercana a Sumampa quiso construir una ermita a la virgen en la zona en donde vivía.
Dicen las leyendas que este portugués solicitó a Brasil una imagen de la Inmaculada y que al llegar a la zona cercana al río Luján ya en Argentina, los bueyes que la transportaban en un carro se pararon y ya no pudieron continuar con el trayecto, pues una fuerza sobrenatural los paralizó en la zona, sin poder seguir andando.
Curiosamente al bajar de la carreta la caja que contenía la virgen, los bueyes volvieron a recobrar las fuerzas para seguir caminando, indicando con eso según la tradición, que era la imagen de la virgen la que les impedía caminar. La que quería quedarse en ese lugar en concreto.
La fe en esta imagen en Argentina, como patrona del país y de diversas grandes empresas, es muy alta. En octubre de 2013, durante el primer año del pontificado del Papa Francisco, más de 2 000 000 de fieles participaron de la peregrinación a la basílica de Luján.
Zaragoza ante su historia ha visto nacer en su ciudad a grandes personajes que han pasado a la historia y que no siempre son recordados con gratitud. Uno de ellos fue Ibn Ṭābit al‑Awfī.
Ibn Ṭābit al‑Awfī fue uno de los eruditos más destacados de la Saraqusta islámica altomedieval, perteneciente a una influyente familia de ulemas y hombres de letras asentada en la ciudad. Nació en Zaragoza en el año 869 (255 de la hégira) y murió también en Zaragoza entre el 19 de abril y el 17 de mayo del 915, en pleno periodo emirial, varias generaciones antes de la taifa hudí que suele atraer más atención historiográfica.
Su nombre completo, tal como lo recogen las biografías árabes, es Ṭābit b. Ḥazm b. ʿAbd al‑Raḥmān b. Muṭarrif b. Sulaymān b. Yaḥyà al‑Awfī al‑Saraqustī. El nisba al‑Awfī indica pertenencia a un linaje o grupo tribal (Banū ʿAwf), mientras que al‑Saraqustī señala su arraigo local en Saraqusta (Zaragoza), es decir, un personaje plenamente identificado con la ciudad.
Las fuentes árabes lo sitúan en una línea familiar de juristas y letrados, en la que también figuran otros miembros como su hijo Abū Muḥammad Qāsim b. Ṭābit al‑Awfī, que viajará al Cairo y a La Meca hacia el 901 en busca de saber, prolongando la tradición intelectual de la casa.
Las fuentes lo describen ante todo como faqīh (jurista experto en derecho islámico), conocedor de poesía y versado en aritmética, un perfil muy representativo de las élites cultas andalusíes, donde el dominio de las ciencias religiosas se combinaba con las ciencias del lenguaje y las matemáticas.
Jurista y hombre de ley fue pues una figura de referencia en materia de derecho islámico en la Zaragoza del emirato. Un hombre de letras, experto en versos, capaz de manejar y citar poesía árabe como parte de su capital cultural. y un gran conocedor de aritmética, lo que lo inserta en la tradición de sabios andalusíes que integraban ciencias “exactas” y textos religiosos.
En el contexto de Saraqusta (Zaragoza), Ibn Ṭābit al‑Awfī representó varias cosas a la vez. Un eslabón en la consolidación de Zaragoza como foco de saber pues su biografía muestra que ya en el siglo IX la ciudad no era solo una plaza militar de la Marca Superior, sino también un centro de formación jurídica y cultural, capaz de producir ulemas cuya fama justificaba el viaje de estudios (riḥla fī ṭalab al‑ʿilm) de sus descendientes hacia Oriente.
Formo parte de la élite culta local, al pertenecer a ese grupo de “intelectuales zaragozanos que viajaron a otros lugares en busca de sabiduría”, pero cuyo punto de referencia vital y profesional seguía siendo la propia Saraqusta.
Su vida (869‑c.915) se sitúa en el tránsito entre el emirato omeya y los procesos que llevarán, un siglo más tarde, a la formación de la taifa de Zaragoza. Los Awfī y familias semejantes son el humus intelectual sobre el que luego florecerá la gran corte de los Banū Hūd en la Aljafería.
En conjunto, Ibn Ṭābit al‑Awfī fue uno de esos sabios de segundo plano que rara vez aparecen en los manuales generales, pero que fueron fundamentales para dar espesor cultural a la Zaragoza andalusí. Un jurista prestigioso, familiarizado con las ciencias del número y de la palabra, y miembro de una saga de ulemas que encarna la memoria profunda de Saraqusta, como ciudad de saber, mucho antes del esplendor taifal.
Su hijo Qāsim b. Ṭābit al‑Awfī aparece más claramente documentado como gran traductor y transmisor de tradiciones (muḥaddit), lo que sugiere que la casa de los Awfī era un foco estable de autoridad legal y doctrinal en la Saraqusta emirial.