26.2.18

El maravilloso mundo del escapulario zaragozano

El maravilloso mundo del escapulario no tenía fin en los años 50 del siglo pasado. Los niños y las señoras de todo segmento llevábamos escapularios al cuello, escondidos debajo de las camisetas, para que nos salvaran del demonio. Era mucho mejor que la penicilina, y sobre todo mucho más barato. En los casos extremos, que los había, de escapularios muy fieles y eficaces, de aquellos santos o vírgenes de verdad, como eran de papel o cartoncillo, se forraban con plástico para que el sudor no los disolviera. Y para las gentes de bien estaban las medallitas que podían ser de oro, plata o mierda en medio, que te dejaban el cuello o el pecho hecho unos zorros de esa suciedad metálica que costaba tanto limpiar.

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