21.3.18

Aceralia, Picarral y las prisas. Mala mezcla

En todas las ciudades hay problemas enquistados que parecen imposibles de resolver. Asuntos que se enmarañan y se van pudriendo hasta convertirse en imposibles. En Zaragoza uno de ellos, y no el único, es Aceralia. ¿Y dónde está Aceralia? En el Picarral, entre este barrio y el final del Polígono de Cogullada.

Por diversos motivos lo he tenido que conocer bien o casi, pues es realmente complejo, y sé de sus muchos pasos perdidos pues me ha tocado defenderlo o explicarlo, muchos caminos andados y desandados, hasta convertirse esta semana en un “apaga la luz” y volvamos a empezar. Un clásico reset como el que hacemos al ordenador.

Los terrenos de Aceralia eran (son otra vez) unos espacios industriales que se pensó convertir en urbanos, y con las diferencias futuras de precio, pagar y ayudar sobre todo a la empresa Rico Echevarría (Aceralia) y a otras 13 empresas a que se fuera del barrio del Picarral hacia nuevas zonas industriales.

Pero aquello por muy diversos motivos se convirtió en una mentira por fases, sumando errores, malas babas de alguna empresa, sentencias judiciales contundentes, proyectos imposibles y diseño equivocado del número de viviendas para hacer rentable la operación, que resultaron imposibles. Y mientras tanto había que seguir conteniendo a los vecinos para que no enmarañaran más el asunto, a costa de promesas y de soluciones, que la realidad ha convertido en papel mojado.

El número de actores en la operación es abultado, vino la crisis, entró el SAREB o Bancos Enfermos, algunas promesas a los vecinos se modificaron, las sentencias daban la razón a las empresas que allí seguían asentadas, y todo se volvió imposible.

Ahora volvemos a la casilla de salida. Han pasado casi 16 años desde su comienzo, y sus entonces 77.000 metros cuadrados (que se convirtieron luego en 150.000 al añadirse al proyecto otras empresas) vuelven a ser industriales tras el intento de convertirlos en urbanos. ¿Y ahora qué? 


Pues de aquellas 2.344 viviendas iniciales y que pasaron a ser 2.198 en el segundo intento(y que personalmente advertí que nunca podrían ser más de 2.000 y debían estar más cercano a las 1.500 si nos atenemos a la sentencia), se ha pasado a nada.

Y a la ciudad le ha costado una pasta gansa. Es decir, a tí y a mí. Pero tranquilos, que de lo que se trataría es de que no nos costará más panoja. 


Pero el papel del Ayuntamiento en la actualidad es muy complejo. Estamos hablando de terrenos privados, en manos privadas, que quieren rentabilizar, que posiblemente tengan un valor contable totalmente alejado de su valor real. Y con unas sentencias encima de la mesa que no deja hacer de todo aquello un lugar lleno de miles de pisos, y por tanto no convierte en rentable según las contabilidades, algo que tras la crisis tienen un valor mucho más bajo.

Hoy no es 2002 y quien pretenda lo mismo que en el año 2002 se equivoca totalmente
. Nada es igual. O incluso diría que si algo sigue igual es el empecinamiento de alguna empresa en pensar que tiene (y seguirá teniendo) toda la razón. 


Por eso los caminos hay que andarlos sin prisa, con tiento, con análisis legales muy claros…, o habrá que esperar y enfriar el asunto aún más. Las soluciones inevitables tomadas esta semana son las correctas, pero eso no garantiza desatascar la tubería.

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