21.9.18

Tarraco, Santa Cruz de la Serós, Roma, La Seo de San Salvador: Los imperios de la garnacha

Para Elena Orós e hijos

Van a comenzar el otoño detrás de Salou y las Fiestas de Santa Tecla de Tarragona, patrona de los blogueros. Se trata ciudad con un casco viejo precioso, enormemente vinculada a Zaragoza y Aragón en todos los jalones de su historia. La playa de Salou fue fundamental puerto natural de la Corona de Aragón, abundante en agua y fruta sus inmediaciones, para conquistar y garantizar Baleares con almogávares ampurdaneses.

Mucho más que Barcelona, Tarragona es una cuarta provincia en cuanto a segunda residencia aragonesa y, más poético, uso de la garnacha en ladera refulgente de esquisto o pizarras volcánicos que aún la sube más de grado.

Dando lugar denominada como uva cariñena, a los más particulares caldos con ese origen fuera del Sistema Ibérico: los poderosos Priorat de Falset y alrededores. Además es la provincia de los también fragantes vinos de lágrima de misa del Montsant, solo comparables en el mundo con el Tokaji húngaro.

No vamos a mencionar el vermú y modernismo de Reus, al que ahora podemos igualar en sutilidad desde Morata. Ni a la Terra Alta, continuadora de la Toscana Aragonesa.
Además de todo ello, está el origen tan civilizado de la vinculación: Caesaragusta fue importantísimo bastión y principal puerto de interior para la exportación de trigo, vino y aceite de la provincia con capital en Tarraco, Tarroconensis, de la que el valle del Ebro formaba parte. Creciendo tanto la primera que se convirtió en una especie de ciudad taifal romana, avant la lettre.

De esos polvos, los barros de que el arzobispado al que pertenecía Aragón en sus orígenes era, precisamente, el ubicado en Imperial Tarraco, cerca y echando el aliento a la sede política de la Marca. Es evidente que Barcino –mera cabecera ducal- preparaba por sus especiales condiciones un sorpasso, al igual que Zaragoza, pero aún faltaba tiempo hasta el siglo XIII para que se concretara.

Otro gran parentesco es que la edificación de Santa Tecla de Tarragona, catedral arzobispal, parece que proviene en diseño en planta y bóveda de crucería con la magnífica iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós.

Quedaría incompleto nuestro viaje si no lo continuáramos con el proceso de coronación de los reyes Aragón, que tal era su apellido. Así los mencionamos como personas y no como Corona, cuya denominación se encuentra en proceso de manipulación permanente.

La coronación como uso tiene origen germánico, reforzándose simbólicamente la idea de que el coronado era uno inter partes. Por esa razón, la dinastía Navarra emparentada con Aragón la llevaba a cabo en Iruña-Pamplona.

En Aragón existía en problema de dónde y cómo, el por qué se manifestó como obvio para marcar distancia con el reino de Pamplona. Cuestión que no resultó relevante hasta que se la planteó a fondo Pedro II en 1196, atacados los feudos cátaros vasallos del sur de Francia por el rey de los francos, revestido simbólicamente de güelfa autoridad papal.

De allí su viaje a Roma para su coronación en San Pancracio y la adopción desde entonces e incluso antes con la peregrinación de Sancho Ramírez por idéntica razón, de los colores romanos como colores Aragón, siendo la sangre cuatribarrada por los cuatro dedos introducidos en la herida de Guifré el Pilós mera conjetura.

Simultánea a la coronación, Pedro II consiguió que en el futuro, sus sucesores de la casa Aragón no tuvieran que desplazarse sino que se coronaban en San Salvador de la Seo tras petición y resolución del Papa, cuyo agente matrimonial tenía que ser la máxima autoridad competente eclesiástica de la provincia ídem, precisamente el arzobispo de Tarragona que tocara y sucesor del gran Oleguer.

En la ceremonia se juraban los Fueros, el primum inter partes, ante dicho prócer que dejó de comparecer con la confirmación del arzobispado para Zaragoza, como ya no tan joven capital de Aragón, en 1318.


Luis Iribarren

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