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30.5.26

La Avenida de la Jota de Zaragoza, no es avenida


Esta mini pintada urbana, esta queja en el suelo, este dolor no lo he pintado yo. Pero lo traigo aquí. Ese sí soy yo. No le he pintado yo, simplemente, porque agacharme no es mi posibilidad más sencilla.

El texto no refleja toda la razón. Está en la Avenida de la Jota de Zaragoza, una de esas calles principales de barrio con muy poco cuidado, sin el mantenimiento adecuado. Una de esas calles olvidadas aunque suene muy bien ser una "Avenida".

Los adoquines, las baldosas están sueltas. Es una constante. Es lo habitual. Este es un caso más, posiblemente alguien ha tropezado y ha tenido arrestos de pintar la frase, sin haberse roto la crisma, pues en ese caso tendría derecho a ir a juicio contra el Ayuntamiento.

La Policía Municipal podría avisar al Ayuntamiento. Cualquier vecino también. Pero lo malo es que nunca hay suficientes modos de reclamar, de explicar, de solicitar.

Hace unos años las Juntas de Distrito funcionaban muy bien. Veennga, sí, funcionaban al menos. 

Ahora son un simple paripé pues en el Ayuntamiento no las tienen en consideración. Lo sé, pues fui durante dos décadas Vocal de una de ellas. Sé diferenciar los tiempos.

Alguien se caerá entre estas baldosas, son muchas, es verdad, nadie las repara, pero es que simplemente el mantenimiento casi no existe, pues los propios funcionarios que deben revisar o controlar la calidad, no deben existir. 

Otro día os hablaré de una calle corta, muy corta y sin casi vecinos, por los que todos los días pasan las limpiezas con agua a presión. Es un trabajo muy fácil. 

En cambio a muy pocos metros hay otras calles más complejas de trabajar, pues tienen tráfico, por las que NUNCA limpian, y digo nunca sabiendo que miento un poquito. 

Pero lo hacen 10 veces menos que por la calle pequeñita, en la que se esconden a trabajar y a descansar o almorzar. ¿Os digo dónde? 

No, yo lo veo todos los días, y los encargados de controlar deben saberlo mucho mejor que yo. Están esas calles muy cerca de estas baldosas, una pista que debería servir.

Julio Puente

29.5.26

Puerta Del Fin, de la Zaragoza del siglo XX


La Puerta del Fin se encontraba en el entorno de la actual plaza del Pilar, junto al costado occidental de la basílica, aproximadamente hacia la zona que hoy mira al mercado central y a la calle Manifestación. Era una salida pequeña pero muy conocida por los vecinos, para salir desde la ciudad al entorno del Ebro.

Formaba parte de las antiguas estructuras urbanas que comunicaban distintos espacios de la ciudad histórica, y era mucho menos conocida que la cercana Puerta de San Ildefonso, por donde sí podían pasar vehículos y carros.

No era una gran puerta monumental comparable a las puertas de la muralla romana o medieval, sino más bien un paso o acceso muy conocido dentro del entramado urbano tradicional, pero peatonal.

Sin la completa seguridad del motivo por el que se le puso este nombre, cabe sospechar que la explicación más aceptada es que el nombre procede de la expresión "fin de la ciudad" o "extremo de la ciudad". 

Durante siglos, aquella zona constituía uno de los límites occidentales del núcleo urbano más densamente ocupado. Era pues el fin de las casas de la ciudad, aunque hubiera más caseríos o Torres, pero que ya no eran consideradas de la ciudad sino de espacios rurales. Era en tiempos muy anteriores al plano de 1911 que muestro, como el límite urbano que ya en el siglo XVIII se había ampliado mucho.

Este postigo o trenques, pues no llegaban a la importancia de las puertas de la ciudad, se llamó también de Francoy, de Ebro Viejo, de Ayerbe y de Montaner. En este mapa del año 1911, vemos la puerta con el nombre "del Fin", junto a la calle del mismo nombre.




La Jota en Zaragoza, a favor de que conozcas los peligros del tabaco


Esto es Zaragoza ciudad, concretamente el Centro de Salud de La Jota, y hoy voy a intentar hablar un poco de Salud Pública. En este caso de Salud Comunitaria. Me consta que estas actividades se hacen en muchos otros lugares, lo cual es muy interesane para los vecinos, pues además se hace desde los profesionales de la Sanidad Pública.

No hemos sabido explicar desde el SALUD aragonés qué es la Salud Pública ni la Salud Comunitaria. No hablo de Sanidad Pública, sino de una actividad muy concreta dentro de la Sanidad, la SALUD Pública y la Salud Comunitaria. 

Y es poco conocida pero en cambio ambos departamentos que impregnan nuestra Sanidad, son MUY importantes para la calidad de vida. Por eso deberíamos explicarlo mucho mejor. En algún otro momento yo ya lo he intentado explicar. De momento quedémonos con que esos dos conceptos existen y trabajan mucho y bien.

En esta imagen vemos a personal de enfermería o de fisioterapia, de forma voluntaria, informando a los vecinos del barrio y a los pacientes que acuden al Centro de Salud de La Jota, de las derivas que tiene el consumo de tabaco y similares en todas sus formas.

Todos los ciudadanos son libres de tomar lo que quieran. Eso de entrada y para que no haya dudas. 

Pero es bueno saber qué realidades se esconden ante ciertos consumos. Y así, la decisión libre de hacer una cosa o la contraria, es todavía más libre, pues se tiene información al respecto.

Como vemos en la imagen, hay profesionales de la Sanidad, hay decenas de folletos con información contrastada por el propio SALUD, y sobre todo hay un equipo de trabajo detrás, con los médicos de familia dispuestos a ayudarte, y que si el paciente lo desea, pueden y deben buscar caminos profesionales para dejar ciertos consumos. 

Sean los consumos que sean. Todos ellos actúan negativamente sobre nuestra salud, y en muchos casos sobre los de nuestras familias.

Eso es Salud Comunitaria, y a la vez es Salud Pública. Pero en este caso en concreto, al hacerse en un barrio o en un Sector Sanitario en concreto, con más de 22.000 pacientes, la importancia de este trabajo es mayor. 

Solo informar, y siempre con una sonrisa no para convencer, sino para que se entienda que no es ninguna imposición, sino una serie de consejos.

Julio Puente - Exmiembro del Consejo de Salud de Aragón y Presidente del Consejo de Salud de La Jota

28.5.26

Apuntes de la Zaragoza del siglo XVIII


En el año de 1710, Felipe V Rey de España había ganado por las armas el reino de Aragón. Esta batalla de la toma de Zaragoza en 1710 se realizó penetrando las tropas del Rey desde la zona actual del barrio de Montemolín hasta el centro de la ciudad de Zaragoza. Este inciso es para enmarcar el momento histórico de las realidades de una ciudad agrícola que empieza a crecer a veces empujada por hechos violentos.

Era el lugar elegido por los militares de entonces, para entrar en la ciudad, para conquistarla desde la zona algo más elevada de Torrero. En páginas posteriores veremos qué es lo que pensaba el general francés Napoleón en el año 1808 sobre este mismo tema, como zona más sencilla para conquistar la ciudad.

Muchos territorios de la antigua Corona de Aragón, desde el propio Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca, acabaron apoyando al Archiduque Carlos entre la llamada Guerra Civil de Sucesión entre Felipe V que estaba apoyado desde Francia pues era un Borbón, y Carlos de Austria. 

En aquel 1710 la ciudad de Zaragoza fue ocupada primeramente por las tropas austracistas, y al recuperarla después los borbones, es decir las tropas de Felipe V, anunciaron que había conquistado todo Aragón de la sublevación con él, y como castigo, desaparecieron las Cortes de Aragón, desapareció buena parte del derecho político aragonés, se eliminó gran autonomía institucional aragonesa, y se impuso el modelo administrativo en estos territorios que se utilizaba en Castilla.

Felipe V insiste mucho en que toda esta zona, Aragón y su Corona, había sido "ganado por las armas" como garantizando de esa manera que tenía todo el poder para hacer cambios sin mucha justificación ideológica de sus Decretos de Nueva Planta. Pero sigamos hablando de aquella Zaragoza del siglo XVIII.

Documentan que en 1787 el río Huerva regaba todos los sembrados, viñas y olivares de su zona derecha por los terrenos cercanos a la ciudad de Zaragoza, incluida esta, por espacio de algunas leguas de distancia se decía. Jerónimo Blancas llama a estas aguas: el río del Aceite y el Vino, pues con su agua se producían estos dos elementos tan importantes en aquellos momentos para la economía zaragozana.

Decían que toda la orilla derecha del Huerva, excepto las tierras de labor estaban cubiertas de árboles y cañas. Juncos erizados. crueles abrojos, espinosas zarzas. Era una zona de buenas zarzas, que daban cuenta de ellas la chiquillería en el mes de agosto o septiembre, según el año y el clima.

Desde tiempos remotos hasta la llegada del ferrocarril, era un área agrícola separada de la ciudad por el Huerva es una zona que va desde la carretera de Alcañiz, pasando por el presidio de San José como único edificio importante y por el puente sobre el Huerva que le daba entrada a la ciudad. Comprendía los términos diferenciados de Rabalete, Miraflores y Las Adulas, las dos primeras tierras blancas regadas por el Huerva y sus acequias, mientras que la de Miraflores era de secano hasta la llegada del Canal Imperial de Aragón.

Ignacio de Asso en 1798 también nos relata que desde tiempos remotos se riegan estas tierras por La Huerva, siendo este río y su zona de influencia la despensa de la ciudad.

Datos diversos todos estos, que inciden en el carácter agrícola y de soto de ribera de toda la zona actual de Montemolín y del barrio de Las Fuentes.

En 1860, toda esta zona se reparte administrativamente en cuatro términos. Las Fuentes y Adulas es uno de ellos, y comprende una extensión de 878 cahices de 20 quarteles. Otra zona es el Plano de la zona de Montemolin y La Cartuja que comprende 1949 cahices de 20 quarteles. El tercer término lo denominan Miraflores-Las Adulas y comprende 753 cahices, y el cuarto es el Rabalete y Cabaldos que dispone de 469 cahices. 

Si tenemos en cuenta que cada caiz de 20 quarteles son 0,4767872 Ha, estaríamos hablando de un total de 19.305.114 m2, que no está mal creo yo, para una zona agrícola del este de Zaragoza y sus alrededores más cercanos, tierras todas ellas que como hemos comentado realmente alimentaban a la ciudad. Hasta los años 70 era normal que en campos de Las Fuentes hacia Cantalobos se recogieran grandes cosechas de alcachofas, de patatas, de acelgas o de alfalfa.

En 1787, Antonio Ponz nos habla de las casas de campo, de las Torres que ya hay en las afueras de Zaragoza por la zona del Huerva hacia los montes de Torrero. Empiezan a edificarse grandes casonas en las orillas de los caminos, junto a las acequias, y con sus extensiones de terreno regable llenas de frutales alrededor de sus casas. Ya no son meras edificaciones de ayuda en las labores agrícolas sino pequeñas mansiones en donde viven los propietarios de las tierras. Las familias deciden irse a vivir a esas afueras, como una manera de sacar más rentabilidad a sus terrenos, estando más cerca de ellos. Crecen pues, las llamadas Torres.

A mitad del siglo XIX el actual barrio de Montemolín era conocido con el nombre popular de Tierra Baja, por ser tierra fácil de anegar por las aguas, y claro está por ser la zona más baja en relación al nivel del Ebro a su paso por la ciudad, teniendo en cuenta que el este de la margen izquierda del Ebro no existía como zona poblada. Y porque en esa orilla casi enfrente de Cantalobos o de Las Fuentes, lo peligroso eran las avenidas del río Gállego.

Toda esta zona Este de Zaragoza, mantuvo ese espíritu de pueblo hasta bien iniciada la década de 1970. Tenía muy cerca la ciudad, pero la utilizaba para lo mínimo. Comprar, vender y poco más.

Antes había comentado la importancia geográfica de estos barrios zaragozanos al estar rodeados de agua. De tener al Ebro a la izquierda, a La Huerva en los inicios urbanos y al Canal Imperial a la derecha. Sin olvidarnos de que enfrente se observaba el brío de un Gállego diferente al actual.

La importancia de la construcción del Canal Imperial es algo complejo de intentar desarrollar como se merece en estas entradas sobre los barrios del Este de Zaragoza. Un buen puñado de aragoneses se empeñaron en una obra muy importante para su época, que ha marcado sin duda el futuro de nuestra región. Enfrentados como es casi siempre inevitable, con algunas comunidades vecinas, y consiguieron lo imposible ante los incrédulos.

Por la zona del Este zaragonano apareció la obra en sus finales, cuando ya todos celebraban con fiestas la llegada de las aguas a Zaragoza. Como continuación de los aprovechamientos de aquella importantísima obra hidráulica.

26.5.26

La peste de Zaragoza en el año 1652

En el año de 1710, Felipe V Rey de España había ganado por las armas el reino de Aragón, unos pocos años antes de que una peste brutal, desde el año 1648 hasta el año 1652 y con diversas intensidades de la enfermedad, habían dejado a Zaragoza con menos de 25.000 habitantes. En aquella sucesión de periodos de peste, se calcula que murieron en la ciudad de Zaragoza entre 6.000 y 8.000 vecinos, en una ciudad de unos 30.000 habitantes. Es decir, murieron aproximadamente el 25% de su población.

Aquella peste que casi asoló Zaragoza vino desde el Mediterráneo, posiblemente desde la zona de Cataluña y Valencia, y entró en Aragón por las tropas militares de aquellas épocas, por la guerra que había en Cataluña junto a las malas cosechas y al hambre imperante en aquellos años.

Desde la zona de Caspe y Alcañiz es por donde entró en Zaragoza aquella enfermedad. Las autoridades municipales intentaron medidas que hoy nos resultan familiares. Cierre de puertas, cuarentenas y aislamiento, lazaretos para los enfermos contagiados y controles de viajeros con prohibiciones de movimientos en algunos momentos. Incluso se habilitaron hospitales improvisados fuera del casco urbano de aquella Zaragoza, para mitigar los contagios.

Existe un testimonio escrito que es excepcional, el “Tratado de la peste de Çaragoça en el año 1652”, escrito por el cirujano aragonés José Escriche, que trabajó en el interior del lazareto de los capuchinos cerca de la Puerta del Carmen.

Es uno de los documentos médicos más importantes para conocer cómo se vivió la epidemia en nuestra ciudad, qué síntomas observaban, cómo trataban a los enfermos, y cómo funcionaba Zaragoza durante el desastre.

Y contiene escenas muy duras, como los relatos de familias enteras desapareciendo, médicos muriendo, fosas comunes en Zaragoza para poder enterrar con seguridad a los fallecidos y miedo constante al contagio. Sobre todo, en ese último año de 1652, inmersos todos en una grave crisis económica y de subsistencia, guerras y sobre todo agotamiento moral.

Durante meses, Zaragoza vivió prácticamente en estado de excepción, y cuanto más se estudia aquel episodio, más se descubre una ciudad aterrorizada, improvisando medidas dentro de sus pobres conocimientos sobre la enfermedad y la sanidad, una sociedad profundamente religiosa que a veces pesaba que era un mal divino que venía como castigo, una ciudad médicamente muy limitada, pero sorprendentemente organizada para la época, lo que saló muchas vidas.

Era una Zaragoza todavía encerrada dentro de murallas, muy densa pues era pequeña de extensión, con calles estrechas y alcantarillado muy deficiente lo que actuaba como animador de la enfermedad, con muchos animales viviendo dentro del casco urbano lo que provocaba abundante suciedad y aguas estancadas sobre todo en periodos de lluvias.
El Concejo o Ayuntamiento de Zaragoza fue la autoridad civil principal. Tomó decisiones sobre el cierre de puertas y el control de viajeros en según qué días y horas, amplió sus servicios de limpieza urbana, intentó controlar el abastecimiento de agua, creó nuevos servicios de enterramientos y de hospitales, y amplió la vigilancia sanitaria, actuando como un gobierno de emergencia.

La otra institución que también trabajó en mitigar esta peste fue la Diputación del Reino de Aragón, que inició severos controles en los caminos de entrada y salida a nuestra ciudad, aislando pequeñas localidades del entorno, vigilando el movimiento de mercancías y de personas para que la enfermedad no se propagara. No era fácil, pues a los movimientos de los soldados, había que sumar el de los comerciantes, los peregrinos y los de animales de carga y transporte, pues no existía una información segura y clara de los motivos de los contagios.

Los conventos y parroquias también ejercieron un enorme trabajo de control, a través de los hospitales religiosos, de los conventos e incluso desde los vecinos que, organizados en cofradías, ayudaban a defenderse de la enfermedad como creían saber. Como se sospechaba que todo aquella era un castigo divino, se realizaron procesiones, rogativas, misas especiales, sobre todo invocando a San Roque, a San Sebastián y sobre todo a la Virgen del Pilar.

Se crearon algunas "morberías" lazaretos u hospitales especiales y fuera del caso urbano, para atender a los contagiados. El más reconocido estuvo en la zona de la Puerta del Carmen, gestionado por los capuchinos que recogían a los enfermos de la ciudad y los sacaban fuera de la misma, para que no siguieran contagiando. Aquel Convento de los Capuchinos que tantas vidas salvó del interior de la ciudad al evitar más contagios, quedó destruido en los Sitios de Zaragoza.

En aquel año tan especial, se llegó a aislar ya no solo viviendas enteras, sino casas y calles enteras para evitar contagios, cerrando el paso de salida y entrada en algunas zonas de barrios interiores de Zaragoza. Prohibición tanto de movimientos de personas como de mercancías y animales, y sobre todo de viajeros y carros.

Se creía que la peste viajaba en “malos aires” o “miasmas” y por eso se quemaban ropas, se ventilaban casas como en el COVID19, se encendían hogueras aromáticas y se usaban vinagres como desinfectantes de manos y ropas, y también diversas hierbas como el romero, el enebro, el incienso o las manzanillas. Se intuía que el contagio se producía por el contacto cercano entre personas, por la suciedad y posiblemente por el aire respirado de los alientos de las personas con más relación.

Los síntomas de aquella enfermedad encajan claramente con la peste bubónica y en algunos casos septicémica o neumónica. Con la aparición de unos bultos dolorosísimos, con inflamaciones negras o violáceas normalmente en las ingles, axilas, y zonas del cuello. Llegaba una fiebre muy intensa, a veces delirios por la propia fiebre y con alucinaciones, sudores muy altos y un agotamiento tremendo. A las manchas de la piel, negras casi siempre, le seguían hemorragias internas y una necrosis ya imposible de curar. Por eso a toda esta enfermedad se le ha denominado "La muerte negra". La muerte sobrevenía entre las pocas horas y a lo sumo dos o tres días, sin que se pudiera hacer nada por los enfermos.

La medida más útil para paliar la enfermedad y para vencerla fue el aislamiento. Todo lo demás no sirvió. Ni pomadas, ni purgas, ni hierbas medicinales ni sangrías en las zonas negras. Y sobre todo a esta enfermedad le atacó mucho el mal moral de creer que era un problema que se recibía como un castigo divino.

Las familias tenían que abandonar a veces a sus enfermos, para ser llevados a otros lugares y sin poderlos ya nunca más visitar, no se podían ayudar entre los vecinos y familiares por el cierra de algunos edificios, había sospechas incluso de que afectaba más a los pecadores, y por eso se cortó toda relación entre personas para evitar contagios. No se entraba en las casas de los vecinos, no se tocaban objetos que no fueran propios, no se iba a los funerales, no se comía nada que no fuera cocinado por la propia familia, etc.

La fatalidad era el camino que se tomaba como la respuesta lógica ante lo que se consideraba un castigo divino. No se podía hacer nada que no fuera rezar y pedir perdón. El menos las autoridades municipales de aquel momento en Zaragoza, sí creyeron que se podía hacer algo más que rezar, y supieron organizar de forma muy urgente y rápida una defensa de aquella pequeña ciudad, con hospitales en las afueras, con aislamiento y control de personas y mercancías.


Julio Puente

25.5.26

El Real Zaragoza ya es de Tercera. Y el Huesca también


Lo que ya intuíamos hace muchas semanas se ha cumplido con lógica. El Real Zaragoza de fútbol ya es de Tercera División. Y el Huesca, y el baloncesto de los chicos en peligro de bajar a Segunda, y… ¿y ahora?

El fútbol es algo más que un deporte. De hecho no hablamos de un deporte cuando hablamos del Real Zaragoza, sino de un icono, de un negocio, de un emblema histórico, de unos errores tremendos ajenos a lo deportivo. 

Podemos decir que los errores han sido todos deportivos, o incluso la mayoría son errores deportivos. Nos podemos confundir con lo que nos apetezca.

Los errores han sido de gestión. Y no todos ellos han sido en los últimos dos o tres años. Y no hay que insistir en ellos, pues no sirve de nada. Hay que buscar soluciones. Si de verdad creemos que somos la Cuarta ciudad de España, debemos entender esto como un problema añadido, aunque no lo sea. 

Ahora, con el Real Zaragoza en Tercera, se debería hacer un planteamiento a medio plazo, de al menos a cinco años de margen; con seriedad, con sinceridad también, para buscar soluciones que no fueran meros negocios rápidos, aunque haya muchos millones en juego. 

Si se ponen nerviosos los que tienen que tomar decisiones, los que se codean con Leo Messi, o los que son alcaldes de grandes ciudades, o los que se creen que salir de la Tercera División es fácil, lo estaremos estropeando. 

Salir de la Tercera es como poco tan complejo como salir de Segunda. Y llevamos 13 años…, y ya hemos salido.

Lo que va a suceder a poco que no se sepa hacer bien la transición, es que se van a perder muchos aficionados. Muchos. 

Y se va a perder mucho dinero. Mucho. 

Y que será más complicado pagar las deudas actuales, aunque se alarguen los periodos de cadencia. Y que la rentabilidad y el mantenimiento del Nuevo Campo de Futbol La Romareda, será mucho más compleja.

Si las ayudas tienen que ser públicas para compensar, tenemos que asumir que las pagaremos entre todos. Y que se deberían dar en similares proporcionas a Huesca y a Zaragoza. Jopetas. 

Como tenemos que sumir que esa deriva de que ya se solicita no estar juntos, el Real Zaragoza y el Huesca en el mismo Grupo, suena a aberrante pues nos separan 70 km. y somos un Aragón Unido, o eso decimos a veces.

Julio Puente

21.5.26

Las pinturas de Sijena. Unos colores perdidos, un expolio


La Sala Capitular del Monasterio de María de Sijena en Huesca la perdimos en 1936 por un incendio provocado entre los días 
30 de julio y el 3 de agosto de 1936. Quedaron aproximadamente la mitad de las pinturas sin quemar del todo, pero terriblemente dañadas por las temperaturas y el humo, y los colores se perdieron para siempre.

Era una sala y unos pinturas únicas en España, similares a las que se pueden contemplar en algunos monasterios de ortodoxos de Rumania. En ese siglo XII la esposa del rey Alfonso II de Aragón mandó construir este monasterio único.

Hoy y mientras no lleguen de vuelta a su monasterio original, aunque se pueden contemplar en Barcelona, sabemos todos que son los restos, los esqueletos de aquellas obras de arte. Lo que se 
pudo salvar, que fue mucho pero no suficiente.

El incendio fue provocado por personas ajenas a la zona, posiblemente llegadas desde Cataluña pues en aquellas fechas eran numerosas las milicias que venían desde esa zona de España a defender estos territorios de los avances de las tropas nacionales, consecuencia del clima revolucionario y anticlerical de los primeros días de guerra.

Probablemente ejecutado por milicias armadas republicanas y anarquistas, en un contexto caótico, con autorías concretas todavía parcialmente discutidas. Y admitiendo además que aunque la mayoría de los habitantes de la zona estaban en contra de cualquier ataque al Monasterio, hay también datos que avanzan que no todos opinaban lo mismo sobre salvar o destrozar el edificio religioso.

Las monjas habían huido ante el clima de terror de la zona y de algunos vecinos, y los que entraron no solo quemaron el monasterio, sino que antes lo saquearon, destruyeron los archivos y diversos elementos artísticos y el mobiliario antiguo que había, dejando el monasterio sin techo y a la intemperie 
por el incendio, para que las lluvias terminaran de destrozar todo. Entre lo perdido estuvo la extraordinaria techumbre mudéjar de madera

Al fuego y destrucción con saqueo le acompañó el inevitable desmontaje desde las paredes medio destruidas, de unas obras en las que en los años 40 no se podían tratar como ahora, casi un siglo después. Había que intentar salvar "algo" de aquel desastre.

Las pinturas murales de la Sala Capitular del Monasterio de Sijena fueron arrancadas entre agosto y septiembre de 1936, pocas semanas después del incendio del monasterio ocurrido al inicio de la Guerra Civil española.

La operación fue dirigida principalmente por el historiador y restaurador catalán Josep Gudiol Ricart, junto con técnicos vinculados a la Junta de Museos de Barcelona y a los servicios de protección artística de la Generalitat republicana. el motivo principal de la urgencia era que había quedado abiertas y al aire, sin techos y sin protección.


Se empleó la técnica del “strappo” y en parte también la del “stacco”, métodos habituales en conservación mural del siglo XX, que consistían básicamente en adherir telas y colas sobre la superficie pintada, separar la capa pictórica del muro, enrollarla y transportarla, para después montarla sobre nuevos soportes. Eso supone perder muchos trozos pequeños y sobre todo, los parcialmente dañados.

Era una técnica muy agresiva en la que seguramente se perdió también una parte de las obras, pero en aquella época se consideraba un procedimiento legítimo de salvamento de emergencia. España estaba en guerra.

Y se sumaron con posterioridad algunas restauraciones hechas sin los adelantos actuales en cuanto a técnicas o instrumentos y productos modernos, para salvar todo lo necesario.

A mediados del siglo XIX, Valentín Carderera hizo un cuadro con la imagen de esa sala capitular que podemos ver abajo. Y en el año 1918 los alumnos del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner hicieron unos dibujos al natural de la sala, de escena que se veían en ella. Uno de esos dibujos es el que abre este texto. Lleno del color original. Hoy desaparecido.

El diario El País nos lo ha recordado estos dibujos en esta semana. Y nos habla de que siendo similares a las pinturas europeas de la época, estas llevan un relieve en las expresiones que no tienen muchas de las imágenes ortodoxas. No quedan las pinturas de las paredes, solo parte de los techos, 

Y a partir de esta realidad actual, tienen que surgir muchas preguntas tanto sobre Sijena como sobre el Arte ya desaparecido. ¿Podemos hacer algo más, con las técnicas que tenemos hoy en día, ante cualquier obra de Arte que no se debe perder nunca?

Nota.: Me llega la siguiente información, añadida a este blog en mayo de 2026 y publicada en Aragón Digital por el profesor Juan José Barragán.

Sobre el incendio (de Sijena) sabemos dos cosas: se produjo por milicianos dirigidos por el Comandante Enric Sacanell y un tal Estivil, que salieron de Barcelona el 25 de julio. Llegados a Sijena, el 3 de agosto incendiaron una parte del monasterio, en concreto el Archivo y el Panteón Real, donde antes profanaron sus tumbas. De hecho, la momia de la Reina Doña Sancha, fundadora del monasterio, fue llevada en pasacalles por el pueblo con un cigarro en la boca, y finalmente tirada sin más en el campo.

Sin embargo no se quemó todo el monasterio, y aquí surgen varias preguntas como ¿se quemó realmente la Sala Capitular? A este respecto, María Gómez, de la Universidad de Valencia y máxima especialista en pintura quemada en España, publicó en 2018 que las pinturas de la sala capitular nunca se quemaron, lo que parece demostrar que lo que hubo en Sijena fue un expolio, pues el monasterio estaba declarado Monumento Nacional desde 1923, y nunca se obtuvo un permiso del Ministerio de Cultura de la II República para su arranque de los muros y traslado a Barcelona.

Su estilo es sículo-normando, en un momento de transición del estilo románico al gótico, y que se relaciona con Palermo por los lazos matrimoniales de la monarquía aragonesa con aquel territorio. Su datación sería anterior a 1250 y comprende escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, de la vida y pasión de Cristo y algunas otras escenas. En ellas hay reyes representados junto a caballeros cruzados, sirvientes, figuras mitológicas y personajes bíblicos, que son los más abundantes, entre ellos 28 personajes bíblicos considerados antepasados de Cristo.


Julio Puente



La acequia de las Adulas, en Zaragoza


Ya he hablado en alguna ocasión de la acequia de Las Adulas de la Huerva. Y puede ser el momento para adentrarnos un poco más en su historia que llega hasta nuestros días. Es verdad que no es una acequia muy ben estudiada. La acequia de Las Adulas —también citada en ocasiones como “Abdulas”, "Adolas" e incluso vinculada posteriormente con la acequia de San José— es una de las infraestructuras hidráulicas históricas menos estudiadas y, precisamente por eso, una de las más interesantes del sistema tradicional de riegos del río Huerva en Zaragoza

La acequia de Las Adulas de la Huerva es un canal muy posiblemente de construcción árabe, que partiendo desde un azud que se realizó al río por la zona de Casablanca hacia Cuarte de Huerva (junto a la actual urbanización de Las Abdulas de donde recoge el nombre), viene cruzando todo el sur de la ciudad, por el recorrido actual del camino de Las Torres hasta la zona de Montemolín y Las Fuentes, pasando desde el cruce actual del cruce histórico de San José con Miguel Servet pasando por detrás del edificio del Matadero, a volver otra vez al Huerva ya cerca de su desembocadura junto al Ebro. 

La acequia de Las Adulas pertenece al antiguo sistema de riegos del bajo Huerva, anterior incluso al Canal Imperial.

Por su recorrido surgían en un principio y poco a poco, las torres como edificios agrícolas que se amplían hasta convertirse en residencias al menos de épocas de tiempos de cosecha, y que configuran un crecimiento de la ciudad hacia el Sur, dando nacimiento a una población en principio escasa por estas zonas pero que se va asentando de manera más sedentaria cada siglo que pasa. Por eso a toda esa zona y la avenida que circula junto a la acequia se le llama desde hace muchos años Camino de las Torres.

Como hemos comentado toma su nombre del árabe AD-DAWR, (Adula = Periodo de turno) es decir, si atendemos a su nombre, sería una acequia para regar las zonas por las que discurre, dando turnos a los propietarios de las tierras a través de alguna junta árabe de regantes, que ordenaría su utilización.

Algunos de los actuales habitantes de Zaragoza es muy posible que recuerden dicha acequia discurriendo por el centro del actual Camino de Las Torres, entonces un camino de tierra sobre el que se veía crecer poco a poco en los años 60 del siglo XX, como se cambiaban sus campos de huerta e higueras por edificios altos que convivían con la acequia, algunos de ellos todavía existiendo hoy.

Y recordarán algunos vecinos de la zona desde sus atalayas actuales como se modificaba toda aquella extensa zona, rodeada de campos de labor mezclado poco a poco con casi rascacielos que nacían en una ordenación urbana que casi nadie entendía. Y es posible incluso que recuerden algunas de las primeras fuentes de beber agua que se colocaron en dicho camino de tierra muy transitado, y que servía para aliviar necesidades y para juego de los chavales del cercano colegio de los Padres Agustinos.

Esta importante acequia en un estado más primitivo, pudo haber sido iniciada por los romanos, e incluso es posible que su primera utilización partiera de los celtíberos, que ya empezaron a trabajar y dominar las aguas para su provecho, si bien fueron los árabes quienes la mimaron y cuidaron llenándola de caudal para mantenerla hasta nuestros días tal y como hicieron con otras acequias de la ciudad como las de la Almozara, la Romareda y muchas otras que rodeaban nuestra ciudad para sacar de sus tierras los alimentos que el bronco Ebro no siempre dejaba.

Es curioso como nombres que hoy se mantienen en nuestro callejero deben su etimología a épocas tan remotas; como estructuras de la ciudad moderna, deben su nombre y sin saberlo a decisiones de hace miles de años. La red de acequias configura caminos, estos calles y parcelas, y por ende barrios enteros y crecimientos en diferentes momentos de la historia que se siguen manteniendo en los siglos.

Muy posiblemente esta acequia de Las Adulas sería durante siglos la acequia más importante de la orilla derecha del río Huerva.

Debemos tener en cuenta siempre que Las Fuentes y Montemolín son tierras rodeadas de agua. Si por el principio de Montemolín barrio es el Huerva el que nos da entrada y salida desde la ciudad, y el que nos ha marcado bastante nuestra historia y nuestro desarrollo, el Ebro nos envuelve, primero por nuestra izquierda según bajamos, bordeando todo el barrio de Las Fuentes, para después terminar arrimándose a nosotros, cuando al acabar Miraflores empiezan las zonas industriales de la carretera de Castellón, cerca del puente de La Media Legua. Tenemos al Ebro rodeando Zaragoza por el sudeste, mucho más cerca de lo que nos pensamos a veces.

Pero además por la derecha, siempre bajando por Montemolín, mirando hacia nuestro vecino Torrero al que dejamos a la derecha, tenemos el Canal Imperial de Aragón, que en su zona de las esclusas de Valderrugiana, también bordea Miraflores y está cerca del final de la zona del actual Palacio de Deportes del Principe Felipe.

Es pues el sureste de Zaragoa una tierra o zona rica en humedad, y por consiguiente próspera en productos agrícolas. Pero además al ser zona bordeada de aguas naturales o canales, fue zona proclive a desbordamientos, a aguas incontroladas o a ser un poco zona de difícil crecimiento urbano.

El río Huerva (La Huerva), corta la ciudad actual casi sin sentirlos los vecinos, pero formó una defensa natural, una muralla no solo de agua sino también de altura, que separaba las afueras del centro de la ciudad. Si nos fijamos bien y sobre el terreno, veremos que la orilla izquierda del Huerva, la más cercana a la ciudad antigua es más alta que la otra, lo que posibilita utilizar al Huerva como una defensa natural, tanto que, como luego veremos, tuvo que ser Napoleón quien supiera vencer y entender dicha muralla natural para nuestra desgracia.

Por eso las riadas y desbordes del Huerva a su paso por la ciudad de Zaragoza, siempre se iban hacia Las Fuentes y Montemolín o San José, y nunca hacia el centro de la ciudad.

Si a eso le añadimos no solo la gran acequia de Las Adulas, sino también los numerosos ramales que partían de ella o de otras acequias secundarias, formando una auténtica malla de agua, que organizaba a su lado caminos que hoy conocemos como calles perfectamente asfaltadas, podemos asegurar que desde antes del siglo XIX ya existía nuestra actual configuración de calles a través de acequias o riegos que dividían campos y propiedades.

Los mismos caminos y divisiones de terrenos que después al vender estos campos de labor, formaron las separaciones de las calles actuales. Toda esta zona de Zaragoza, según veremos más adelante, está en un principio formado por un número bajo de grandes extensiones de terreno en forma de Torres, que se van vendiendo y disgregando, pero manteniendo sus perfiles, sus separaciones.

La zona final de Montemolín, de la zona también llamada de El Plano, eran de muy antiguo unas zonas que el hombre no dominaba para su cultivo, un conjunto informe incluso de selvas umbrosas, un soto de ribera en la zona de Las Fuentes como todavía nos queda de recuerdo el soto de Cantalobos, de terrenos embalsados, de cañizos en las veras de los caminos que nadie cortaba y se hacían altísimos, de boscajes de matorrales y de sendas que a veces se mezclaban sin parecer llevar a ninguna parte, regateando los pequeños montículos, dentro de una gran espesura de arbustos o de árboles gigantescos pues nadie cuidaba ni cortaba.

Era peligroso caminar, y muy fácil perderse por aquellos vericuetos caminos. Estamos hablando hasta el siglo XVII, y se accedía a esa zona de la ciudad desde la Puerta Quemada, cruzando La Huerva, buscando el camino que ya existía del Bajo Aragón. Un ejemplo de cómo sería aquella zona la tendríamos ahora en la configuración menos cercana al agua del Ebro en el Soto de Cantalobos que antes he nombrado.

Porque normalmente hoy se recuerda más acequias como Romareda, Ontonar, Plano, Ojo de Gallo, etc. Pero Las Adulas era acequia madre de la que derivaban varias acequias menores para muchos términos de toda esta zona. Tras la construcción del Canal Imperial de Aragón, Las Adulas pasó a alimentarse o depender parcialmente de él, pues el Canal reorganizó todo el sistema hidráulico de Zaragoza, para agua de boca y para riego. Eso supuso también que una vez con más cantidad de agua, se dividiera en tres zonas de reparto del líquido tan valioso. el de San José, el de Miraflores y el de El Plano.

Era también una acequia que pasaba junto al Penal y/o Convento de San José en la zona de la calle Alperche. Los conventos tenían grandes huertos, muchas personas que necesitaban agua de boca, ellos mismos organizaban labores de limpieza de las cequias y del reparto de la vez, organizaban las servidumbres y los pleitos por los turnos de riego.

En estos momentos la acequia de Las Adulas creo que ya no es posible verla en ningún tramo de la ciudad de Zaragoza. Hasta no hace mucho todavía se podía ver al final de la calle Rusiñol.

19.5.26

Ebro 11. Rioja Alavesa: vinos, historia y el primer humedal del Ebro Medio


En nuestro recorrido con invitación a ver el Ebro desde cada uno de sus márgenes, debemos dedicar un capítulo y especial atención a esta comarca vasca, integrada en la comunidad histórica de Euskadi pero cuyo límite sur lo conforma la margen izquierda del Ebro, con la excepción de ciertos municipios riojanos integrados en la pequeña comarca de la Sonsierra que se remeten en tierra alavesa como una península en los términos de Briñas, San Vicente y Ábalos.

A semejanza del islote o enclave castellano del Condado de Treviño o Trebiñu Konderria, muy cercano a Vitoria-Gasteiz y separado de su llanada por las lomas con el mismo nombre de la capital. El territorio del condado se corresponde con el valle del afluente del río Zadorra, denominado río Ayuda. La frontera sur del enclave la determina la bella sierra de Cantabria, espinazo de la Rioja Alavesa. La razón de la existencia de este territorio como burgalés es la de que, por motivos históricos, en el mismo no fueron aplicados por intercambios medievales entre monarcas los fueros alaveses.

Los señores del condado, además, fueron históricamente la dinastía castellana de los Manrique de Lara, regentes de Castilla en ocasiones, con sede fundacional en Molina de Aragón y con posterioridad Duques de Nájera. Cuyo principal exponente no fue ningún guerrero sino el soberbio poeta Jorge Manrique a quien ninguna manifestación amorosa le fue ajena:

Yo soy quien libre me vi, yo, quien pudiera olvidaros;
yo só el que, por amaros, estoy, desque os conoscí, sin Dios, y sin vos, y mí.


La cuestión compartida no es baladí ni caprichosa: deriva de ciertas coordenadas históricas que obligaron al ministro Javier de Burgos en 1833 a impulsar una conformación de las provincias que por su consolidación, siquiera con origen ciertamente extraño, deberían desactivar cualquier pretensión de autodeterminación vasca o valenciana, tanto como la de afirmar que Santiago Ramón y Cajal fue un premio nobel navarro.

Poca explicación tiene en términos de eficacia administrativa que en tierras regadas por el mismo curso en idéntica margen del mismo pertenecientes, sin embargo, a las realidades plurinacionales distintas, se cuestionen los límites de todo un Estado. Son términos o localidades que, a un lado del río o de un afluente, forman parte de la entidad administrativa del otro margen.

Imaginemos desde Zaragoza, centro geográfico de la extensión aragonesa, lo que supone planificar su atención educativa y hospitalaria, la programación de recursos a prestarse de forma más lejana por las administraciones regionales a que pertenecen o la obligación de dotar sentido común a la realidad vecinal, firmando convenios que no funcionarían en el caso de una autodeterminación. Dado que Bonansa, en la Ribagorza de Huesca, tiene la suerte de que esté próxima la casi ciudad de Pont de Suert, capital de la comarca homónima catalana, del mismo modo que la Rioja Alavesa cuenta con los servicios privados y de esparcimiento de Logroño que revalorizan su patrimonio.

Si la costa norte de Euskadi y la vascofrancesa se benefician de un clima atlántico prácticamente tropical, con ausencia de heladas y apto para la producción de vinos blancos ácidos, cítricos o hasta kiwis, el frío persistente de la llanada alavesa se suaviza en la cara sur de la Sierra de Cantabria, que protege a la Rioja Alavesa que se beneficia de una bocanada de clima mediterráneo que sube con el bochorno, Ebro arriba.

Así y con la excepción de Haro y su Barrio de la Estación productor de “vinos finos” y los municipios de la Sonsierra riojana con sus fascinantes “vinos de garaje”, estas tierras calizas soleadas pero frescas de la Álava del sur producen el resto de los mejores mostos que portan el no siempre glorioso nombre de Rioja en sus etiquetas. Por su orientación insolada, recibir suficientes precipitaciones de colas de galernas cantábricas y ser tierras resecadas por el viento norte.

Esta faja de tierra vasca regada por el Ebro y en que se habla con acento logroñés limita por el norte de las crestas de la sierra de Cantabria con las navarras del extremo oeste de la Merindad de Estella y, como se ha citado, con las burgalesas del Condado de Triviño.

Sin embargo, su condición administrativa vasca le permite a la pujante comarca contar con una especial financiación reforzada (por aplicarse el cupo y fueros alaveses), un coqueto hospital propio en Leza, bodegas competitivas que se presentan como vino vasco en Bilbao y, a partir de ello, conservar un conjunto de cascos históricos excelentemente rehabilitados. Toda la Rioja Alavesa liderada en población y actividad industrial por la dinámica villa de Oyón, a escasos kilómetros de Logroño, que forma parte en realidad de su área metropolitana y concentra gran número de empresas deslocalizadas por su ventajosa fiscalidad.

Una buena parte de las poblaciones de la Rioja Alavesa presentan una morfología y aspecto que en Provenza se denomina de pueblos suspendidos, pues así fueron erigidas como frontera navarra por razones defensivas y de conservación territorial: en mesetas o pueyos. Su histórica capital comarcal, Laguardia, comparte con Viana u Oña fisonomía e importancia histórica.

La Rioja Alavesa es vino, sol y Ebro encajonado pero soberbio en el embalse de Sobrón, donde discurre amazónico. Cercano a él, paralelo al mismo hacia el norte, se halla el asombroso valle salado de Añara, un paisaje mineral tan interesante como el del patrimonio de la humanidad turco de Pamukkale. Por consiguiente, un castillo de algodón de capas de sal, que es lo que significa trasladado al castellano.

Aguas abajo de Miranda de Ebro, la comarca riojana alavesa presenta un sobresaliente arte monumental en sus iglesias y palacios, emparentado con el de Haro y Logroño.

Patrimonio hoy renovado con gotas de rabiosa actualidad edificatoria entre las que destacar el hotel de Frank Gehry de Elciego o las bodegas Ysios de Santiago Calatrava en Laguardia que reproducen en su alzado frontal los cerros calizos de la sierra de Cantabria. Enoturistas de todo el orbe visitan en ellas exponentes de la nueva arquitectura relacionada con la viticultura y conservación y crianza de los caldos de Rioja; cuestión de aportar calidad constructiva a las bodegas a la que tanta dedicación prestara la escuela de discípulos de Gaudí en Falset y Terra Alta, Tarragona.

La villa de Laguardia constituye una visita inexcusable como templo gastronómico, capital cultural y monumental del sur alavés y por conformar el mejor balcón desde el que divisar los viñedos de la Rioja Alavesa. Obligado es detenerse en la iglesia de Santa María de los Reyes, con pórtico de excelente factura, y bajar a los sótanos de sus casas de sillares de piedra para sentir la meseta horadada en que se asienta.

Casa casa del casco viejo de Laguardia fue en su sótano abovedada como las bordelesas por dedicarse a uso de bodega, principal actividad histórica de esta fundación roqueña para defensa del confín oeste del entonces extenso y poderoso reino navarro.

Aprovechamos antes de dejar la Rioja Alavesa para mencionar el Lagunar de la Villa como primer ejemplo de balsa endorreica alimentada por arroyos y filtraciones del Ebro. Entornos con aguas remansadas, a veces saladas y otras no, que son frecuentes en el valle a partir de ella y en dirección sureste.

Entre las que debemos destacar el logroñés Pantano de la Grajera, la mejana de Tudela y, ya en Aragón, el conjunto de lagunas persistentes en los denominados galachos derivadas de excavaciones para la extracción de gravas. El término galacho, propio del valle del Ebro, describe la combinación de partes de meandros de ríos que conforman cuando cambian su cauce brazos de humedales, canales improductivos para la agricultura. pero imprescindibles para la riqueza faunística. Cursos o estanques que se presentan rodeados de abundantes bosques de ribera y se comportan en el duro calor de horno veraniego como oasis repletos de árboles leñosos como chopos silvestres, álamos, olmos, sauces y fresnos o fraginos.

Especialmente relevantes son los galachos del entorno de Zaragoza. Muy bien conservados, abiertos al uso público, contienen inclusos sedes de fincas de recreo de importancia histórica. Los más destacados se hallan en el soto de Juslibol y La Alfranca que remata la residencia neoclásica del General Palafox-

Próximas a los meandros iniciales del Mar de Aragón, en la cola del pantano de Mequinenza, perviven las saladas de Bujaraloz-Sástago y las de Chiprana. En la depresión profunda del Ebro, la laguna de Sariñena y el embalse de Alcañiz de la Estanca forman asimismo parte del complejo lagunar endorreico salino del valle medio del Ebro.

Todo este conjunto de lagunas y galachos, a partir de la de Laguardia, componen una paleta única en Europa que garantiza la presencia de reservas de la mayor calidad de avifauna, trashumante o con poblaciones estables especialmente de garzas y ánades. En el Delta nos extenderemos sobre su carácter único, importancia y las especies que albergan.

A todos estos espacios de biodiversidad de ribera, a diferencia de las navas cultivables y las sardas con terrenos aireados, se les denomina en todo el valle del Ebro sotos. Vocablo que describe riberas con vegetación abundante, un bosque específico que permite la sombra en esos días tan normales de verano en que las temperaturas en el valle rebasan los cuarenta grados.

Luis Iribarren

CHA y Adelante Andalucía deben reflexionar mucho


Tras este ciclo de cuatro Elecciones Autonómicas en España, posiblemente planeado por el PP para marcar a un PSOE en decadencia, hemos llegado al punto final con la pregunta clara y básica.

¿Y ahora qué? ¿Qué debemos leer desde la izquierda ante todos estos resultados?

El PSOE ha perdido poder e influencia social, el PP se ha tenido que lanzar en brazos de VOX que sabe muy bien dar abrazos de oso, y nos quedamos contentos desde la izquierda por la subida de CHA y Adelante Andalucía, como si eso sirviera de algo.

CHA ha duplicado sus diputados. Adelante Andalucía ha multiplicado por 4 sus diputados. Pero eso no sirve de nada, y además no se garantiza por derivas de otras elecciones, que vuelva a suceder algo similar tan siquiera, en una Generales.

Puede contentar a las organizaciones políticas, a sus tripas o interiores, pero de momento y con esos datos, a la sociedad y a sus problemas, no le va a suponer ninguna ventaja, ningún cambio, ninguna especial dedicación para evitar perder calidad en los servicios públicos, en el nivel de vida de la sociedad con menos poder.

También en Extremadura esa izquierda a la izquierda casi dobló los votos e incluso a sus diputados sobre las elecciones anteriores, a veces a golpe de divisiones, de malentendidos y peores prácticas de inteligencia política. Ir divididos es mala praxis. 

Pero en dos de estas mismas elecciones, la pérdida del socialismo ha sido más alta que el crecimiento en votos de su izquierda. El PSOE perdió en Extremadura casi su mitad de votos.

Y en Andalucía, aunque aumentó el PSOE en 60.000 votos…, es que acudieron a votar 500.000 andaluces más. En esas mismas elecciones, VOX ganó 80.000 votos, y Adelante Andalucía 235.000 votos nuevos. Por poner otro dato, SALF que no se había presentado en las anteriores, logró 105.000 votos a sumar a la extrema derecha.

Con todos estos números, la izquierda debe reflexionar muy en serio. Toda ella, también la que se considera ganadora. Incluso esta más que ninguna otra, y tanto en Andalucía como en Aragón, pues su obligación debe ser emplear esos resultados como palanca, y no como buenos resultados temporales.

Eso no es fácil, halamos de organizaciones pequeñas, muchas veces encerradas sobre sí mismas, incluso a veces no siempre muy unidas, que deben cambiar sus marcos mentales de responsabilidad ante la historia. Deben elegir si quieren que sea flor de unos meses o un cambio histórico.

18.5.26

Vidriera de El Pilar de Zaragoza del año 1914

A veces os pongo imágenes no muy vistas de la ciudad de Zaragoza. Esta vidriera de gran calidad, hecha por La Veneciana que hizo este trabajo en el año 1914 para el Pilar de Zaragoza.

La Veneciana S.A., fue fundada por el reconocido político aragonés Basilio Paraíso Lasús en el año 1876 como taller de fabricación de espejos en Zaragoza. En menos de diez años alcanzó una extraordinaria expansión con 400 agentes en toda España.

En el año 1925 un gran incendio devastó sus talleres, al que siguió una reconstrucción con ampliación posterior. En julio de 1936 fue militarizada por los sublevados franquistas, y en 1937 un nuevo incendio arrasó la planta. Sin tiempo para reconstruir, se buscó nueva ubicación en los antiguos Talleres de Sandoval en el camino de Lapuyade, donde fue inaugurada oficialmente el 10 de octubre de 1941 por el arzobispo Doménech.

En 1975 La Veneciana se convirtió en el almacenista e instalador de vidrio más relevante de Europa, con una plantilla de 1.400 personas, 34 sucursales, 15 tiendas y una flota de 100 camiones propios, instalando un millón de metros cuadrados de vidrio al año.

La Veneciana estaba vinculada históricamente a la francesa Saint-Gobain desde sus orígenes, ya que Basilio Paraíso había colaborado con ellos para fundar Cristalería Española en 1905. Con el tiempo Saint-Gobain fue aumentando su participación hasta absorber completamente la empresa, que pasó a operar bajo la marca Saint-Gobain Glass Solutionsen España.

A partir de los años 60 del siglo XX, La Veneciana dejó poco a poco de funcionar con su propia marca, aunque hasta bien entrados los años 70 no cerró definitivamente.

Julio Puente


17.5.26

Zaragoza mediados del siglo XIX


Os dejo dos dibujos o grabados de medianos del siglo XIX, de la misma zona de Zaragoza, dos estampas dibujada en un principio desde la zona de San Lázaro, con una torre del Pilar (casi) a medio construir. En teoría se terminó en el año 1715, pero sin ser como hoy la conocemos. Durante casi 200 años fue la única torre del Pilar, pues hasta el año 1907 no se terminó la segunda torre. 

A la primera torre se le llamó Torre de Santiago. A la segunda torre se le llamó Nuestra Señora del Pilar, y luego a las dos finales, torre de San Francisco de Borja en el año 1959 que es la más cercana al Puente de Santiago, y torre de Santa Leonor en el año 1961, completando las cuatro grandes y altas torres que vemos en la actualidad.



La Zaragoza agrícola de la antigüedad en el este zaragozano


Desde el principio de Zaragoza íbera o romana hasta el siglo XI, no parecen existir datos que indiquen nada interesante sobre la zona del sudeste de la ciudad, además del dato de ser considerada tierra de aguas y acequias naturales producto de las filtraciones del Ebro y del Huerva. La ciudad era muy pequeña, y esta zona estaba muy alejada de su centro, de su uso urbano e incluso agrícola.

Los siglos de dominación árabe parecen olvidarse de construir edificaciones en la zona de Montemolín y Las Fuentes, dejando previsiblemente la zona para usos agrícolas y en algunos casos como cementerio, y ordenando las aguas que por esta zona de manera natural o no regaban sus campos.

A partir del siglo XI, ya encontramos datos sobre estas zonas de Zaragoza, que informan de que se van plantando viñas en todos los terrenos entonces conocidos como de El Plano, empezando a dar un sentido todavía más agrícola a todo el territorio que ocupa actualmente esta zona del sureste zaragozano, lo que nos hace suponer que con anterioridad se fueron poco a poco ocupando espacios agrícolas y construyendo acequias para dominar sus trazados, que ayudan a ir utilizando los terrenos para esos usos agrícolas, a la vez que se construyen edificios pequeñas para guardar aperos o para cobijarse en casos de tormentas o de gran calor.

La distancia a la ciudad no es tan alta como para que estas tierras ricas y con agua no se utilizaran más, sabiendo además que ya las cruzaba la acequia de Las Adulas.

El Ebro había dejado abandonado un meandro natural que iba desde el inicio actual del barrio de Las Fuentes con el Ebro hasta la actual Facultad de Veterinaria. Por el final de Compromiso de Caspe aún se podría ver perfectamente si pudiéramos penetrar en el subsuelo, el curso abandonado por el Ebro como se ve en el subsuelo de la Plaza Mozart en el Rabal.

Todavía en los años 60 y principios de los 70 del siglo XX, se anegaban grandes extensiones de tierras del final del actual barrio de Las Fuentes hasta la zona del parque Torre Ramona y el Colegio de los Marianistas en Montemolín, que utilizaban los chavales para montar pequeñas almadías (del árabe al-ma’diya, como tantos nombres de nuestro idioma que siguen entre nosotros), con las que flotaban en aquellas aguas estancadas y de filtración que podían durar meses en toda la primavera sobre todo, jugando a navegar con riesgo, por lagos naturales y esporádicos.

Todo el Barrio Montemolín y Las Fuentes se asientan sobre una terraza del Ebro con subsuelo de gravas, y con tierra de labor encima que ha servido para su uso como huertos. Se aprecian en ciertos sitios del subsuelo huecos, posiblemente por extracción antigua de esas gravas para usos de construcción. Posiblemente el nombre antiguo de la zona, El Plano, vendría de ser una zona plana y de escasa elevación sobre el río, en donde era muy fácil que las fuertes riadas inundasen un cauce seco y abandonado, lo que facilitaba el surgimiento de fuentes, acequias naturales o no, y aguas que llenaban grandes zonas por filtración.

En el siglo XVIII, ya estaba toda la zona plantada también de olivares en El Plano y las Adulas de la Huerva; se poseían buenas viñas en la zona de Las Fuentes y en El Plano, más otras plantaciones de cereal en el secano de Miraflores que al ser algo más alto no tenía tanta facilidad para que llegara el agua; había grandes extensiones de frutales, principalmente perales, ciruelos, melocotoneros e higueras (no tiene esto nada que ver con la calle Tomás Higuera) por las zonas de Las Fuentes y de las Adulas; y moreras en la zona de Las Fuentes o hacia San Jose.

A finales de ese mismo siglo XVIII, era la ciudad de Zaragoza zona cerealista, con predominio del trigo y la cebada. Se recogía también algo de centeno, avena y en menor cantidad maíz, pero no pasando este del 10% del total de la cosecha de cereales.

En la zona de huerta regable se recogían frutas y hortaliza, y en el secano más duro y alto se plantaban olivos y vides.

En Montemolín, en las tierras blancas de El Plano, de Las Adulas y de Las Fuentes se recogían por entonces grandes cantidades de trigo, era una zona rica en donde una vez levantado el cereal se plantaban habas, en contraste con la mayoría de las tierras de Aragón, en donde se guardaba año y vez, es decir, allí se plantaba en años alternos, guardando el barbecho para que se regenerara la tierra, mientras que en estas zonas zaragozanas se podían recoger hasta dos cosechas al año.

Los olivos en esta zona eran del tipo Royales de fruto pequeño, o del tipo Empeltre de fruto más grande para servir en mesa. Los buenos vinos en Zaragoza, que tenían incluso fama por España, se daban principalmente en la zona de Miralbueno y en la de El Plano por su zona más cercana al actual San José, mientras que en los terrenos cercanos de Las Adulas y de Las Fuentes, no eran tenidos por bueno los pocos vinos que se recogían, nunca en la misma consideración, pues sus terrenos más húmedos los criaban de inferior sabor y con más enfermedades.