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19.5.26

Ebro 11. Rioja Alavesa: vinos, historia y el primer humedal del Ebro Medio


En nuestro recorrido con invitación a ver el Ebro desde cada uno de sus márgenes, debemos dedicar un capítulo y especial atención a esta comarca vasca, integrada en la comunidad histórica de Euskadi pero cuyo límite sur lo conforma la margen izquierda del Ebro, con la excepción de ciertos municipios riojanos integrados en la pequeña comarca de la Sonsierra que se remeten en tierra alavesa como una península en los términos de Briñas, San Vicente y Ábalos.

A semejanza del islote o enclave castellano del Condado de Treviño o Trebiñu Konderria, muy cercano a Vitoria-Gasteiz y separado de su llanada por las lomas con el mismo nombre de la capital. El territorio del condado se corresponde con el valle del afluente del río Zadorra, denominado río Ayuda. La frontera sur del enclave la determina la bella sierra de Cantabria, espinazo de la Rioja Alavesa. La razón de la existencia de este territorio como burgalés es la de que, por motivos históricos, en el mismo no fueron aplicados por intercambios medievales entre monarcas los fueros alaveses.

Los señores del condado, además, fueron históricamente la dinastía castellana de los Manrique de Lara, regentes de Castilla en ocasiones, con sede fundacional en Molina de Aragón y con posterioridad Duques de Nájera. Cuyo principal exponente no fue ningún guerrero sino el soberbio poeta Jorge Manrique a quien ninguna manifestación amorosa le fue ajena:

Yo soy quien libre me vi, yo, quien pudiera olvidaros;
yo só el que, por amaros, estoy, desque os conoscí, sin Dios, y sin vos, y mí.


La cuestión compartida no es baladí ni caprichosa: deriva de ciertas coordenadas históricas que obligaron al ministro Javier de Burgos en 1833 a impulsar una conformación de las provincias que por su consolidación, siquiera con origen ciertamente extraño, deberían desactivar cualquier pretensión de autodeterminación vasca o valenciana, tanto como la de afirmar que Santiago Ramón y Cajal fue un premio nobel navarro.

Poca explicación tiene en términos de eficacia administrativa que en tierras regadas por el mismo curso en idéntica margen del mismo pertenecientes, sin embargo, a las realidades plurinacionales distintas, se cuestionen los límites de todo un Estado. Son términos o localidades que, a un lado del río o de un afluente, forman parte de la entidad administrativa del otro margen.

Imaginemos desde Zaragoza, centro geográfico de la extensión aragonesa, lo que supone planificar su atención educativa y hospitalaria, la programación de recursos a prestarse de forma más lejana por las administraciones regionales a que pertenecen o la obligación de dotar sentido común a la realidad vecinal, firmando convenios que no funcionarían en el caso de una autodeterminación. Dado que Bonansa, en la Ribagorza de Huesca, tiene la suerte de que esté próxima la casi ciudad de Pont de Suert, capital de la comarca homónima catalana, del mismo modo que la Rioja Alavesa cuenta con los servicios privados y de esparcimiento de Logroño que revalorizan su patrimonio.

Si la costa norte de Euskadi y la vascofrancesa se benefician de un clima atlántico prácticamente tropical, con ausencia de heladas y apto para la producción de vinos blancos ácidos, cítricos o hasta kiwis, el frío persistente de la llanada alavesa se suaviza en la cara sur de la Sierra de Cantabria, que protege a la Rioja Alavesa que se beneficia de una bocanada de clima mediterráneo que sube con el bochorno, Ebro arriba.

Así y con la excepción de Haro y su Barrio de la Estación productor de “vinos finos” y los municipios de la Sonsierra riojana con sus fascinantes “vinos de garaje”, estas tierras calizas soleadas pero frescas de la Álava del sur producen el resto de los mejores mostos que portan el no siempre glorioso nombre de Rioja en sus etiquetas. Por su orientación insolada, recibir suficientes precipitaciones de colas de galernas cantábricas y ser tierras resecadas por el viento norte.

Esta faja de tierra vasca regada por el Ebro y en que se habla con acento logroñés limita por el norte de las crestas de la sierra de Cantabria con las navarras del extremo oeste de la Merindad de Estella y, como se ha citado, con las burgalesas del Condado de Triviño.

Sin embargo, su condición administrativa vasca le permite a la pujante comarca contar con una especial financiación reforzada (por aplicarse el cupo y fueros alaveses), un coqueto hospital propio en Leza, bodegas competitivas que se presentan como vino vasco en Bilbao y, a partir de ello, conservar un conjunto de cascos históricos excelentemente rehabilitados. Toda la Rioja Alavesa liderada en población y actividad industrial por la dinámica villa de Oyón, a escasos kilómetros de Logroño, que forma parte en realidad de su área metropolitana y concentra gran número de empresas deslocalizadas por su ventajosa fiscalidad.

Una buena parte de las poblaciones de la Rioja Alavesa presentan una morfología y aspecto que en Provenza se denomina de pueblos suspendidos, pues así fueron erigidas como frontera navarra por razones defensivas y de conservación territorial: en mesetas o pueyos. Su histórica capital comarcal, Laguardia, comparte con Viana u Oña fisonomía e importancia histórica.

La Rioja Alavesa es vino, sol y Ebro encajonado pero soberbio en el embalse de Sobrón, donde discurre amazónico. Cercano a él, paralelo al mismo hacia el norte, se halla el asombroso valle salado de Añara, un paisaje mineral tan interesante como el del patrimonio de la humanidad turco de Pamukkale. Por consiguiente, un castillo de algodón de capas de sal, que es lo que significa trasladado al castellano.

Aguas abajo de Miranda de Ebro, la comarca riojana alavesa presenta un sobresaliente arte monumental en sus iglesias y palacios, emparentado con el de Haro y Logroño.

Patrimonio hoy renovado con gotas de rabiosa actualidad edificatoria entre las que destacar el hotel de Frank Gehry de Elciego o las bodegas Ysios de Santiago Calatrava en Laguardia que reproducen en su alzado frontal los cerros calizos de la sierra de Cantabria. Enoturistas de todo el orbe visitan en ellas exponentes de la nueva arquitectura relacionada con la viticultura y conservación y crianza de los caldos de Rioja; cuestión de aportar calidad constructiva a las bodegas a la que tanta dedicación prestara la escuela de discípulos de Gaudí en Falset y Terra Alta, Tarragona.

La villa de Laguardia constituye una visita inexcusable como templo gastronómico, capital cultural y monumental del sur alavés y por conformar el mejor balcón desde el que divisar los viñedos de la Rioja Alavesa. Obligado es detenerse en la iglesia de Santa María de los Reyes, con pórtico de excelente factura, y bajar a los sótanos de sus casas de sillares de piedra para sentir la meseta horadada en que se asienta.

Casa casa del casco viejo de Laguardia fue en su sótano abovedada como las bordelesas por dedicarse a uso de bodega, principal actividad histórica de esta fundación roqueña para defensa del confín oeste del entonces extenso y poderoso reino navarro.

Aprovechamos antes de dejar la Rioja Alavesa para mencionar el Lagunar de la Villa como primer ejemplo de balsa endorreica alimentada por arroyos y filtraciones del Ebro. Entornos con aguas remansadas, a veces saladas y otras no, que son frecuentes en el valle a partir de ella y en dirección sureste.

Entre las que debemos destacar el logroñés Pantano de la Grajera, la mejana de Tudela y, ya en Aragón, el conjunto de lagunas persistentes en los denominados galachos derivadas de excavaciones para la extracción de gravas. El término galacho, propio del valle del Ebro, describe la combinación de partes de meandros de ríos que conforman cuando cambian su cauce brazos de humedales, canales improductivos para la agricultura. pero imprescindibles para la riqueza faunística. Cursos o estanques que se presentan rodeados de abundantes bosques de ribera y se comportan en el duro calor de horno veraniego como oasis repletos de árboles leñosos como chopos silvestres, álamos, olmos, sauces y fresnos o fraginos.

Especialmente relevantes son los galachos del entorno de Zaragoza. Muy bien conservados, abiertos al uso público, contienen inclusos sedes de fincas de recreo de importancia histórica. Los más destacados se hallan en el soto de Juslibol y La Alfranca que remata la residencia neoclásica del General Palafox-

Próximas a los meandros iniciales del Mar de Aragón, en la cola del pantano de Mequinenza, perviven las saladas de Bujaraloz-Sástago y las de Chiprana. En la depresión profunda del Ebro, la laguna de Sariñena y el embalse de Alcañiz de la Estanca forman asimismo parte del complejo lagunar endorreico salino del valle medio del Ebro.

Todo este conjunto de lagunas y galachos, a partir de la de Laguardia, componen una paleta única en Europa que garantiza la presencia de reservas de la mayor calidad de avifauna, trashumante o con poblaciones estables especialmente de garzas y ánades. En el Delta nos extenderemos sobre su carácter único, importancia y las especies que albergan.

A todos estos espacios de biodiversidad de ribera, a diferencia de las navas cultivables y las sardas con terrenos aireados, se les denomina en todo el valle del Ebro sotos. Vocablo que describe riberas con vegetación abundante, un bosque específico que permite la sombra en esos días tan normales de verano en que las temperaturas en el valle rebasan los cuarenta grados.

Luis Iribarren

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