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5.5.26

Ebro 10.1: El Ebro guarda silencio, palabras para Aragón

El río padre serpentea por Aragón entre meandros y galachos. Un país con la eterna duda de si podrá ser viable social y económicamente, si su latido jurídico y social, su vida cotidiana, la conservaremos al menos en cada cabecera de comarca. Cada vez nos aproximamos a la certeza de que no, Aragón en cada lugar no deja de ser sino un conjunto de viejas y nuevas familias cada vez más disjunto.

Tal como se le percibe en Madrid y Europa y por sus propios empresarios y políticos, en el
ámbito del derecho administrativo se comporta como una enorme reserva de suelo con agua que usufructuarán hasta su agotamiento. Cada generación de gestores invocando por escrito intereses generales supra aragoneses, calladamente o a golpe de titular de su principal medio de comunicación, lo están enronando a la chita gritando de lo que no cabe o no interesa en otros espacios.

Lo apuntado no se padece únicamente en este interior despoblado del Estado español del que formamos parte y es la mayor institución en superficie del valle del Ebro y sede de su crucial Confederación Hidrológica.

Es un fenómeno que se aprovecha de la despoblación y falta de humanismo resultante, del egoísmo de los que se quedan para callarles en su reivindicación de disfrutar en igualdad derechos sociales, en cualquier parte de la Europa lejana a la costa como en los interiores siberiano y chino. Claro está que aquí desde el territorio se tendría que poder opinar y alegar en igualdad de condiciones que los inversores…

No es lo que sucede. Sucede que si lo trajo Lambán, o lo sigue Azcón o al INAGA no lo cambia ni dios, y los aragoneses asienten o mucho más. Si para enfriar centros de datos se improvisa sobre si no hay agua ese día o lo que sea, ya lo resolverán. Porque de momento los puestos de trabajo se anuncian por decenas de miles y en Zaragoza, no se sabe si en el resto, serán viables nuevas operaciones inmobiliarias.

Así que hacia dónde lleva oponerse, simplemente sentir, si incluso estados y comunidades que parecen haber hecho los deberes en políticas de ordenación del territorio presentan interminables llanuras con la vida concentrada en junctions, cruces con gasolineras y tiendas abiertas sin producto de proximidad las 24 horas. Siendo los únicos paisajes urbanizados en el desierto del Gobi, el interior kazajo o uzbeko, las montañas del interior japonés y la Pampa argentina como en la llanura húngara, el desierto del Negev e incluso en la Laponia sueca. Ese destino para Aragón deberíamos trabajar para negarlo, y no es lo que parece aun creando consejerías que se llaman de reequilibrio territorial.

Las pocas familias de agricultores o pequeños emprendedores turísticos que quedan en el territorio van por la cuarta generación en que invierten en la educación de sus hijos junto o contra el Estado y las competencias aragonesas en la materia. La gestión autonómica se resume, como en sanidad, en hasta aquí podemos llegar en presupuestos sin ningún atisbo de autocrítica en la gestión de los mismos en otros ámbitos. La misma FP en automoción camino del coche eléctrico no faculta como mecánico de maquinaria agrícola avanzada.

Los padres conocen o perciben perfectamente, no digamos los de extracción urbana, que no habrá puestos de trabajo cualificados esperando a sus hijos blancos, pero que no lo son para uno de Oslo, del arraigo especial en sus comarcas pues a veces ni siquiera los hay en Huesca, Zaragoza ni los oferta incluso el mercado laboral de Madrid. El sacrificio público y privado citado en estos jóvenes aragoneses se pierde cuando un titulado universitario o en una FP puntera (conozco un zagal que es mecánico de motos de competición jacetano) es carne de emigración.

Dado que desde niños se nos machaca desde casa y por la competitividad de las familias a que no estemos dispuestos, por según qué precio y condiciones laborales que se ofertan, a trabajar en nuestro propio valle. Ni aunque la Universidad sea una academia para el nulo emprendimiento y la televisión local convierta en estrellas de su programación a los cuatro jóvenes que se han podido quedar en el sector primario, con el patrimonio previo necesario para hacerlo, y a que a todo el mundo le caen tan bien.

Por todo ello, cuestionar como hacen opciones políticas determinadas la política de reintroducción de inmigración en los sectores productivos y recentralizar competencias no parece la sencilla solución a una ecuación que es una derivada compleja. Quizás prefieran más toros en extensivo que mantenedores del paisaje.

Dicho discurso tampoco debe demonizarse por simple, puesto que cuando un Estado o Comunidad Autónoma apuesta por sus jóvenes titulados, como se hace por “tradición” en la Commonwealth, no se limita a su escolarización sino que el sistema les facilita créditos para ser profesionales, apoya financieramente sus ideas, se ensayan exenciones tributarias efectivas, no se deja la colocación profesional al albur de los contactos y las familias.

Aragón tiene un importante excedente universitario para el que la única receta no puede ser el sector servicios en comarcas con turismo claramente estacional. Ni la gestión de Vox y la de Podemos en las instituciones han podido paliarlo, viene de décadas de ser la única receta aplicada: se viene cociendo el mismo guiso ácido de patata cotaza.

Pero qué es Aragón y somos los aragoneses capaces de decir presente (los que en cada momento portamos su testigo en cierta carrera de relevos que vamos a perder en la meta). Porque consolidar una institución no solo es construir ideas en piedra, darle vueltas a barajear los mismos grabados de Goya con distintos collares.

En mi opinión, sí somos quienes padecemos en cada generación los problemas de vivienda aun solventados en la mía por nuestra desconfianza a que la solución caiga desde fuera; sí somos los nuevos aragoneses necesariamente incorporados para mantener la producción agrícola, los colegios abiertos, la población de sus ayuntamientos para que no les aplaste el calificativo de inviables. Cómo no las aragonesas no de adopción legales o por legalizar que reparan la deficiente, tardana y exponente de un funcionamiento anormal administrativo política de conciliación y falta de cuidados de lo público a los mayores, y que así se pueden quedar en cada lugar sin residencia o con residencia inasumible por el coste que tampoco se puede nadie desgravar. Problema fundamental del Aragón de presente.

Sin embargo el discurso institucional vigente pasa por considerar como de pata negra a los descendientes de aragoneses que no van o no van a poder retornar ni ocuparse de las depresiones de los amigos que dejaron atrás o la atención de sus padres, a los que cada quince días las madres les llevan tupper a Madrid de alimentos de Aragón, alimentos de verdad. Y que se permiten opinar los diez días que pasan por su pueblo cada verano sobre el mal servicio que da la hostelería del Pirineo o lo parado que ven todo.

Llega un momento que, por vergüenza que es de sinvergüenza, ni aparecen en el bar. Para eso también tienen una frase lapidaria: es que no tienen nada en común de que hablar. Son profesionales de la globalización, con compañeros que también, en la trinchera de seguir siendo competitivos por cuenta ajena. Sus padres, orgullosos, recogen su baba, esa que representa que les da igual en el fondo la viabilidad de su propio pueblo, que son ácratas y lo demás rai. En Navarra o Euskadi se consideraría que forman parte de una generación perdida.

04.05 Luis Iribarren

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