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10.4.26
Conde de Aranda. Central en la exposición de la Lonja, Sociedad Aragonesa de amigos del País
Al despedirme de la vida lo hago también de Aragón y me gusta pensar en esa corriente de pensadores que nacieron, siquiera entre sábanas de hilo, en señoríos o municipios rurales. In the countryside, serían merecedores de su correspondiente serie de Downton Abbey versión española. Con sus luces, sombras, detractores… el caso Aranda.
Si se quiere portarían existencias más salvajes en territorio aragonés que en la Inglaterra de los antepasados de Churchill en la que su aristocracia vivía en palacios campestres como el de Blenheim de los Marlborough, con marca propia de tabaco. Aunque eran predios no muy lejanos a grandes ciudades, en el supuesto a la propia Londres y el extraordinario foco humanista de Oxford.
La estancia de Gracián como predicador en Graus y Tarazona, la vida familiar de Buñuel calandina, el contacto de María Moliner con sus parientes cada verano en Paniza, la eclosión de la turiasonense Raquel Meller en la bella época como cabaretera de luxe, la figura de tantos oscenses rurales ilustrados como los Azara, Mariano de Pano o Costa en la historia de Aragón… costaban más que encumbrarse hoy, y matizan la exposición de la Lonja en la que una aristocracia enciclopedista e ilustrada literalmente enrona de proyectos e iniciativas a Aragón y después a España.
Dentro de ella misma descuellan como contrapunto al predominio de iniciativas de componentes de la Real Maestranza de Caballería aragonesa y sus ilustrados zaragozanos, el nacimiento casual del zaragozano adoptivo Goya en Fuendetodos, la historia de su economista de cabecera: el berdunés Normante y Carcavilla que bajó a constituir el Colegio de Abogados de Zaragoza como hizo en el siglo XV el organista de La Seo desde una pequeña villa oscense –cuestión que repetirían López Otín y Ramón y Cajal en fechas más recientes- o la importancia como embajador en Roma-Vaticano del coleccionista distinguido de Barbuñales-Fonz: José Nicolás de Azara.
En otro momento ensalzamos la figura del gran político turolense, diputado en las Cortes de Cádiz de 1808, Isidoro de Antillón y Marzo: un enorme y sensible jurista.
El propio cabecilla de la revuelta aragonesa hacia la conquista de la acción política ilustrada española, el Conde de Aranda, cuenta con una ruta a recorrerse que incluye el castillo familiar de Siétamo donde nació, la escultura a él dedicada en el arranque de la Calle otrora llamada del Portillo y después General Franco en la misma Zaragoza y su palacio ordenado renovar y amueblar en Épila, en que reposó en sus últimos días. Aunque fue enterrado junto a los primeros monarcas aragoneses en el Monasterio de San Juan de la Peña.
Decisión congruente pues Pedro Pablo Abarca de Bolea provenía de una saga emparentada con los reyes de Navarra y Aragón de aristócratas con posesiones en Serrablo y resto de la montaña oscense (los Abarca), de la rama contraria a los Lanuza-Laguna tensinos que dieron tantos justicias de Aragón.
Su palacio epilense fue levantado como corte por su familia materna, los Ximénez de Urrea (de Jalón y Rueda, donde tenían su señorío), ya en el primer renacimiento. Siendo junto con un convento aledaño una de las cumbres artísticas de este estilo en toda España, conserva varias arquerías y elementos como artesonados mudéjares.
La vida de Aranda se halla ligada a más lugares que poderse recorrer. Dado que:
1.- Nombró a Pignatelli, cuestión fundamental para su remate, protector del Canal Imperial de Aragón –inicialmente proyecto para hacer navegable una vía desde Santander a Tortosa-. Con lo que resulta obligado reconocerle como impulsor del impresionante acueducto de Grisén que salva el cauce bajo del Jalón de 1.380 metros amurallados y una de las principales obras de ingeniería aragonesa.
2.- Fue Embajador de la Corona española en París durante catorce años, de 1773 a 1787, al ser desterrado para quitárselo de en medio. Años en los que se cocieron la Revolución Francesa, el apoyo francés a la previa americana y la cocina impuesta desde su potajier por María Antonieta. Deliciosamente retratada por Zweig la anécdota de la consideración de Abarca de superiores en calidad a los espárragos y guisantes de moda en la corte versallesca de las alubias, queso de Tronchón y anguilas guisadas de Alcañiz y Caspe que hizo traer y le dio a probar, que le parecieron sublimes a la inteligente reina austríaca.
La Embajada española no estaba donde ahora campa sino en la rive gauche y no droite, en la rue de Lille del Barrio de Sain Germain. Hotel de Soyecourt o Trémoille. Trasera del actual museo de Orsay.
3.- Nuestro amigo, más nos vale, vivió antes en Madrid seis años como presidente del Consejo de Castilla nombrado tras el Motín de Esquilache, ordenando el primer censo de población español y activando la expulsión jesuita que finalmente pagaría.
Vuelto de Francia tardó cinco años en ser designado Secretario de Estado de Carlos IV, a partir de 1992 con Godoy como valido y Primer Ministro y tras hacerle una singular vendetta a Floridablanca, importando ciertas influencias de la Enciclopedia a la gestión del gobierno borbónico. En esta última etapa coincidió con Goya, siendo Azara embajador en Roma. En castilla impulsó la conversión en regadío de las planas de Guadalajara con su proyecto de canal aprovechando las aguas del Henares.
La calle del Barrio de Salamanca a él dedicada es una paralela de la de Alcalá en el Barrio de Salamanca, entre Serrano y Velázquez. La residencia de Abarca madrileña administrativa en el Consejo de Castilla se ubica en el actual Consejo de Estado, calle Alcalá esquina con Bailén. Como Secretario de Estado, cruzó la calle pues la sede administrativa y política borbona fue desde Carlos III el Palacio Real de Juvara-Sabatini que en verano se trasladaba a la Granja de San Ildefonso o al Real Sitio de Aranjuez.
4.- Los Aranda y Pedro Pablo se hallan ligados a la villa castellonense de Alcora cuya real fábrica de porcelana y loza impulsó su padre. Fábrica de “Pisa y Porcelana” que aprovechaba en el territorio y en Teruel la abundancia de arcillas y se halla próxima al actual foco de la mejor industria azulejera industrial de Europa, la Plana de Castellón y Villarreal. Se trató con ella, como con la fábrica sevillana de La Cartuja abierta un siglo más tarde, de perder capitales evitando la importación de la francesa de Sèvres, la holandesa de Delft y la inglesa Wedgwood impulsada por alfareros privados de Stratford.
Aranda fue mucho más que un conde, da para innumerables viajes este curioso de la geografía y la gastronomía de carácter tan políticamente goyesco.
09.04 Luis Iribarren

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