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7.1.26
Debate sobre el Estado de Huesca, Monflorite Surf Machine
Se avecinan elecciones y es tiempo de mojarse y aportar, de soñar y no estancarse. Lo mejor y lo peor, los del aserto de un hombre - un voto en sentido genérico, debemos opinar desde todos los foros y trincheras. No hacer leña del árbol casi caído, que sería el PSOE estatal, sino reconvertir las elecciones aragonesas en nuestra oportunidad para repensarnos.
El alto número de diputados, el peso territorial superior en representación de Teruel, la convivencia IU-Podemos y además CHA a la izquierda del PSOE, antes el PAR y ahora Aragón Existe, dan para mucho. Nos da para todo y para más para debatir a la aragonesa, con respeto a la palabra dada del Vidal Mayor escrito en aragonés en Huesca.
Podemos introducir materias para alucinar. Tales como la política de vivienda como eje con ayuntamientos sin capacidad técnica para mover el patrimonio no conservado; por qué se está concentrando donde hay agua abundante y en el corredor del Ebro los polos de nuevas actividades económicas y sus efectos en comarcas sin población en cuanto a sus generadores de energía.
Añadamos al sofrito el monocultivo turístico en tantas de ellas con ausencia de contratos por todo el año y vivienda para los moradores; la herencia fotovoltaica fraccionada de Lambán; la gestión triunfal del PP, reducción de deuda pero repercusión a sociedades, de las tres capitales provinciales aragonesas, dos diputaciones y mayoría de capitales provinciales.
Todas influyen en nuestras vidas. Como también lo hace que no haya dinero para la educación en unitarias ni para alquileres sociales en Aínsa pero que Aramon meta, me dijeron, 6 millones de lereles para que las campanadas de Formigal promocionen a Marchica como único paraíso oscense, a cambio de una escasa repercusión de share o audiencia.
Todo sin transparencia, todo porque se nos ocurre (o a las cadenas de hoteles), mucho sin la participación de Huesca ciudad –que conserva los servicios-, todo sin corregir con otras apuestas estratégicas.
Vaya este escrito a que he lanzado este guante de pensar y proponer, para que sea público, a mi querido amigo Miguel Ángel Otín. Ambos hemos hablado de que sea una primera piedra monográfica de una iglesieta románica y que convendría lanzárselo después a cuantos contertulios conocemos y leéis especializados en gastronomía oscense y aragonesa, los regadíos para la trufa, las denominaciones de vino y aceite, los gestores culturales y ambientales, los educadores de adultos del territorio aragonés y los emprendedores del medio rural hubiera lugar.
Mi aportación será una simple sensación. Teruel desde fuera pareciera como ciudad que va como un tiro, que esté atrayendo pilotos, militares de élite, formación especializada, mano de obra cualificada, conductores con carné de Airbus y, de resultas de ello, clientes para sus hoteles y gastronomía españoles y europeos Premium. Ello puede laminar su abandono secular con una sabia utilización de fondos estatales y autonómicos del FITE y el tren y comunicaciones se vislumbra que puedan venir después. Como arreglaron la calle de mi garaje tras convertirse en la entrada de parking de un afamado gimnasio zaragozana.
Cuál es el proyecto aragonés, provincial u oscense incluso para la ciudad universitaria sertoriana de Huesca. La respuesta es que, si lo hay, tiene artritis, representa aún al periodo de consolidación de la ciudad como potencia cultural y gastronómica aragonesa que ha dependido de iniciativas estrictamente particulares, de cabezonería romántica. Así como, sin embargo, el sector cárnico o del vino provincial recibió financiación y apoyos.
La industria agroalimentaria oscense, la estable que no depende de que nieve, crece, sí. Pero como la fábrica de pasta de Daroca. Buscándose los mercados, consolidándose poco a poco en segunda como la Sociedad Deportiva Huesca, abriendo tiendas de castañas, trenzas de Almudévar, longaniza de Graus y pastelería fina en Zaragoza. Lo que no es poco, pero dista de ser un proyecto “Walqópolis, puerta del Pirineo”. Ni siquiera ferial.
Mi aportación es que entre todos repensemos el futuro del aeropuerto de Monflorite y sus usos.
Dado que no se puede aprovechar la estela de Teruel y desahogarlo de actividades, por hallarnos en un espacio más saturado, que la ciudad de Huesca de constituya en el motor de las compañías de seguros, congresos sobre el futuro de la agricultura y gastronomía del noreste de España, en disputa con Lleida. Y que los PIGA sirvan por una vez para proyectos internos y permitan el desarrollo del aeropuerto con una plataforma logística que permita la consolidación y crecimiento de referencias tales como Tolosana, Ascaso, Harinera Villanueva, licoreras y aceiteras de calidad, industria cárnica a la altura de la turolense y que el dinero sepultado por un alud en Marchica sirva para volver a atraer, con parada en la restauración oscense, vuelos de esquiadores de Canarias y Portugal.
Que el chocolate del loro de la ocupación de espacios reclasificados beneficie por una vez a las medianas empresas agroalimentarias oscenses. No será porque el liderazgo del Grupo Costa y las referidas no aventuren ser optimista.
Entre tanto, a volar con la imaginación desde Huesca. No nos resignemos a una ciudad sin la viveza y alegría en la calle que dan los estudiantes, los comerciales visitantes y que se limita a aspirar a consolidar la Facultad de Medicina. La vitalidad turolense de su aeropuerto, liberado de su máscara de oxígeno, debe ser nuestra necesaria referencia.
07.01 Luis Iribarren

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