30.11.18

Tapicerías Bonafonte, Murieron 23 trabajadores en Las Fuentes

Este próximo 11 de diciembre se cumplirán 45 años de la tragedia del incendio de Tapicerías Bonafonte en la Zaragoza del año 1973, un taller que existían en un sótano de Las Fuentes, en la calle Rodrigo Rebolledo número 45, y donde murieron quemados y asfixiados 23 obreros zaragozanos en una mañana bochornosa donde lo mejor es no recordar las larga horas en que se intentó salvar a los trabajadores sin ningún éxito, con errores que hoy nos parecerían infantiles.

Para conmemorar esta desgracia y evitar que se olvide, el partido Puyalón ha solicitado al Ayuntamiento de Zaragoza que se coloque una placa en su memoria en el lugar del siniestro, que ahora es un garaje.

La explosión de un transformador eléctrico que estaba junto a la única entrada del enorme local sótano, hizo que al prenderse fuego desde la entrada hacia dentro, se quemaran los cables de la puerta eléctrica de entrada y esta cayera con fuerza al suelo cerrando la misma y que se impidiera que los casi 30 trabajadores que allí estaban trabajando pudieran salir hacia la calle incluso atravesando las llamas. Junto a la rampa de acceso había una nave en semisótano desde la que se comunicaba con la segunda nave en sótano sin que ninguna tuviera otra salida que la zona donde había prendido el incendio.

Se gritaba en la calle —donde se amontonaron muchos vecinos— que se solicitara ayuda a los bomberos de la Base Americana, pues sus trajes de amianto hubieran podido servir de apoyo para entrar al fuego y desde dentro atacarlo. Pero sobre todo resultó triste ver que desde las 8,20 de la mañana hasta última hora de esa misma mañana, a nadie se le hubiera ocurrido entrar desde un solar trasero, derribando la pared que comunicaba dicho solar con el local. Pared que los vecinos recordamos al día siguiente rota y por donde se sacaron a los fallecidos, y que nadie entendía cómo no fue derribada con una maquinaria pesada, para dar salida a la ratonera de unas naves en sótano donde trabajaban 30 personas.

¿Por qué no tiraron la persiana de entrada que se cerró en los primeros instantes? ¿Por qué abrieron la pared del solar trasero en el único sitio donde había hormigón y por ello se tardó mucho más de lo normal? ¿Por qué no avisaron a los Bomberos de la Base Americana? ¿No fue capaz Inspección de Trabajo de detectar antes que aquello era una ratonera cruel, siendo que pocos días antes ya había existido un conato de explosión en el mismo transformador como se informó en los medios de comunicación de entonces?



Las personas mayores en Aragón, mucho más que una moda, una responsabilidad

En este último curso político de la legislatura 2015-2019 en Aragón se empiezan a entonar los primeros acordes en torno a temas punteros que serán los que marquen los pilares de los futuros programas electorales en los diferentes grupos políticos. Estos temas de moda son la despoblación (parece que hasta ahora no nos dábamos cuenta de que en Aragón nos estamos quedando sin gente), la desigualdad (social, económica, por razón de sexo) y las personas mayores solas.

Tres conceptos duros por todo lo que conlleva y porque demuestran que, como sociedad, estamos fracasando estrepitosamente. Estrategia contra la despoblación, plan estratégico contra la desigualdad y, ahora, una estrategia de atención y protección social para las personas mayores en Aragón. Parece que unos meses aciagos para todas las personas mayores fallecidas en la soledad de sus casas ha activado a las instituciones y sensibilizado a los colectivos, despertando (¡qué ironía!) la motivación para trabajar en paliar estas situaciones de soledad no deseada.

Es destacable comparar las personas mayores fallecidas solas en el mundo urbano con las que han fallecido en el mundo rural. ¿Por qué? Sencillamente porque es un porcentaje significativamente mayor en las ciudades que en los pueblos ¿Por qué? Porque algo bueno tiene que tener el ser valiente y permanecer en tu pueblo hasta el final de tus días, ya que si bien cuentas con menos recursos sanitarios, sí cuentas con la red social, una red que hace que los vecinos conozcan, casi involuntariamente, los movimientos de unos y otros y, en ausencia de alguno, permite detectar que algo no va bien y localizar situaciones de riesgo.

¿Por qué funciona en el mundo rural y no en el urbano? Porque cuanto más crece la localidad, más se despersonaliza y se individualiza. En las ciudades todo se diluye y no queremos saber nada del vecindario ni que ellos sepan de nosotros. Y esto lo hemos generado como sociedad. Las personas no nos podemos permitir vivir sin contacto, necesitamos de las relaciones sociales para tener una vida sana. Porque la socialización también forma parte de los hábitos de vida saludable. Y ahora nos hemos dado cuenta de esto. Y ahora tenemos a los mayores de moda, igual que las cinco raciones de fruta y verdura saludable de aquella famosa campaña.

Pero esto no solo depende de las instituciones ni de los programas novedosos que se puedan implementar (y que bienvenidos sean) desde estas. Mucho más importante es fomentar unos valores olvidados que pongan en primera línea las relaciones familiares con nuestros mayores, desde casa, algo que se aprende desde la infancia. Contar con las personas mayores no se limita a que se dediquen a llevar a los pequeños al cole. La intergeneracionalidad no es un concepto propio de las instituciones y hemos de reintegrarla en nuestra concepción de familia y de sociedad, rescatar los tiempos convividos con nuestros mayores y transmitirlos en esta realidad dura y maratoniana que nos toca vivir.

Junto con la labor realizada de las instituciones, que en nada desmerece, la sociedad debe dar un paso adelante en este caso y empezar a asumir su responsabilidad, teniendo en cuenta que las personas mayores están de moda, empoderarlas y dotarlas del espacio que tienen y que nunca debimos arrebatarles. Las personas mayores son ejemplo de lucha infatigable, de humildad, de trabajo, de supervivencia… y sólo por el hecho de que nos permitan aprender de toda su experiencia se lo debemos. Es más que una cuestión de moda.

Verónica Villagrasa, Secretaría de Derechos Sociales de CHA