Hace una semana en una biblioteca pública cayó en mis manos una recopilación en tapa dura de la serie “13 Rue del Percebe” de Francisco Ibáñez, que para mí -junto con el guionista Azcona, Antonio Vega y Jardiel Poncela- está en mi altar literario del siglo XX, con respeto a Josep Pla o Marsé y por encima de Lorca como de Eduardo Mendoza. O es que me han hecho disfrutar más.
Os acordáis todos los de mi generación perfectamente del antecedente de la serie “Aquí no hay quien viva” guionizada por Alberto Caballero, Iñaki Ariztimuño y otros: cada página del “Rue” reflejaba una viñeta colectiva que contenía como un panal de abejas la secuencia del momento que sucedía en cada apartamento, en el colmado y portería del bajo, con las cañerías y el ascensor que hasta se robó en la que vi como protagonistas (genial humanización de las máquinas).
Y cada cuarto que aparecía era un exponente de aquellas casas de inquilinos de la Madrid, Zaragoza o, en este caso, Barcelona de los 60.
Ciudades que multiplicaron hasta por cuatro su población con el éxodo rural, aquel número 13 by Ibáñez (que luego Sabina glosaría en su “Número 7, Calle Melancolía) contenía soluciones habitacionales no solo residenciales. Sino además albergaba una consulta de veterinario, un pisito-pensión atiborrado de personajes de paso, otro que cambiaba constantemente de inquilino, un apartamento lleno de mocosos revoltosos como en “La Gran Familia” de Fernando Palacios, un pintor en el ático y hasta un gato negro de tejado, de amor en amor.
Elementos con que también contaba, y por eso era mi tebeo favorito, la casa en que viví propiedad de una sola familia que, además y porque estaba hasta que se demolió en la Avenida Cataluña nº 30 cerca de la Estación del Norte, se proyectó con un bajo de techos altísimos que se aprovechó hasta lo que daba el solar para contener inicialmente un taller de ferralla de casi 1000 m2 de fondo. Imaginaos el movimiento en el portal para disfrute de un crío sin hermanos.
Os cuento quiénes vivieron en ella con efecto demostración y para reflejaros cómo fue aquel Barrio Jesús de los años 70 que todavía vieron algunos compañeros y compañeras de Universidad que llegaron a estudiar desde el resto de Aragón, Soria y el Valle del Ebro a aquella ciudad gris con discotecas y venían a comer a casa, para que lo lean hoy y lo disfruten porque con quien se reían era con mi abuela desdentada:
ENTRESUELO: El izquierda y derecha se lo quedaron tras haber hecho la promoción y no cobrada la subvención del Instituto Nacional de la Vivienda, porque era un inmueble bonito de ladrillo y sin chapa de yugo y flechas, los promotores del edificio. Cuyos descendientes se han dedicado a la compra-venta de maquinaria agrícola. Mi madre les limpiaba sus grandes pisos de 120 m2 y les hacía el turno de limpieza de escalera y patio, mientras mi padre por entonces y llegado de Navarra tenía tres trabajos: fundidor en Jordá, que quebró y le dejaron a deber, camarero ocasional y, él que era tan pincho, planchador de trajes en una tintorería de La Química.
TERCERO IZQUIERDA: los propietarios del edificio vestían de gris oscuro, azul marino o negro procesional como los señores alquilados en este piso, que tenían una hija muy impertinente porque su padre trabajaba en la antigua Campsa. De pocas palabras, el señor don tenía el aspecto de informar sobre todos a la sucursal del tribunal de orden público del barrio, Comisaría de la Policía Nacional de la hoy bella calle Santiago Lapuente, que después fue guardería… Le pegaba con su físico de manos grandes y mirada a lo Bela Lugosi…
CUARTO IZQUIERDA Y TERCERO IZQUIERDA: porque en el piso había rojos y sindicalistas incluso antes de la muerte de Franco. Mis vecinos de enfrente, ocupando ese piso ilegal como el mío que se convertía de facto en quinto, te mantenía fino con sus 97 escaleras y estaba retranqueado sin balcones a la avenida. Ambos con menos metros, fríos o insoportables en verano y con una ventana medianera con ventana de rejas en mi cuarto donde dormía con mi abuela cuando bajaba y era imposible estudiar en invierno. Mi vecino era primo de Esteso y gran músico, además de muy hábil con las manos a diferencia de mi padre, y a mi vecina le habían matado a todos sus familiares los míos navarros en la plaza de Toros de Santander. Sus hijos eran muy guapos, como los de la pareja del tercero (que eran de Sos y Tarazona). Las hijas, mayores que yo, eran prototipos de adolescentes muy guapas con poco escote, de las que iban a las manifestaciones y una mezcla entre Ana Belén y Pepa Flores. Eran muy cariñosas con los pequeños de casa, alegres, la esperanza… La transición era guapa…
TERCERO Y SEGUNDO DERECHA: el tercero iba cambiando de arrendatarios porque no llegaron a consolidar su derecho al arrendamiento indefinido hasta que llegó un compañero de mi padre diez años mayor que yo, con tipo de remero de Helios porque lo fue, y su pareja adolescente extremeña que limpiaba mientras estudiaba historia. Loli fue una hermana mayor para mí y me introdujo en tener en la vida un pasillo lleno de libros y en oír los programas de Manrique y Trecet de Radio 3. Sin embargo, sus vecinos de abajo eran una pareja de antecedentes del autismo vecinal actual, a los que ni siquiera conocidos y había que recordarles que les tocaba la escalera.
PRIMERO DERECHA: en el primero que era segundo vivía una señora-madre coraje muy basta y gritona en expresión pero sumamente cariñosa en el fondo, que tenía que soportar al típico marido de la época: genial y encantador en el bar, el rey de los revueltos, pero que no aguantaba estar en casa y no hacía más que gritarle hasta que le ordenaba ir a la cama a las ocho y media de la tarde. Colocado y ganador.
PRIMERO IZQUIERDA: y para finalizar, la que fue mi segunda familia, los Aguilera-Povedano de Granada y Motril. El patriarca Pepe trabajaba en el taller de abajo y tenía tres hijas, y desde que llegué a niño crecido, me adoptó como hijo. Cuando se jubiló y tuvo tiempo me transmitió con la paciencia del sur que tenía y que no mi padre (aunque se adoraban) el siguiente patrimonio inmaterial: tomar el sol en una galería, manejar el torno para repujar pescaditos como en Cien Años de Soledad, oír flamenco jondo de Graná (luego supe que eran los del Sacromonte Carmona-Sordera) e historias de su infancia en la calle Elvira y, especialmente, respetar el dolor de su familia por la muerte de Lorca, su primo lejano.
La señora Carmen se sacudía de la seriedad con fondo de mala follá de Pepe yendo con mi madre de paseo, a ver escaparates. Era una matrona bulliciosa y alegre que me hacía los guisos de otra manera (luego supe que con toque de comino y metiendo boniato). Con ellos vivía su hermano Félix, muy gracioso, que me llamaba sebollaaaa…., y que estuvo cuatro años como relojero en Sao Paulo hasta abrirse una pequeña y preciosa relojería en la Madalena a la que voy de vinos hoy siempre con nostalgia. En ella admiré su paciencia de abridor y abolidor del tiempo.
De las tres hijas de los Aguilera-Povedano, la pequeña con la que veía los programas de música de Àngel Casas (Musical Express, con devoción por Triana) se fue a vivir a Sevilla como funcionaria de la primera Junta de Andalucía, la del medio llevaba a su madre y la mía por la calle Alfonso en su 600 o a Alcampo en Utebo, y se tronchaban de risa de contarlo después, y estaba la mayor, muy seria como su padre, historia asimismo de Zaragoza.
Dado que terminó tras ser dependienta del Gay, creo recordar, en los brazos de un médico panameño de aquellos que vinieron de todo el mundo a especializarse a Zaragoza, y quedó varada para siempre en Santiago de Veraguas donde regía un consultorio.
Imaginaros que parte de vuestros amigos y familia fueran cinco panameños de vuestra edad que venían de ciento a viento a visitar a sus abuelos, y que la vida me ha devuelto porque las redes sociales no son del todo malas. Me acabo de enterar por una querida amiga común de la muerte de su tío… el gran acordeonista y cantante “Yin” Carrizo… Del que nunca me hablaron pero sí que mi hermana panameña María me regaló una cinta de la “Fania All Stars” para compensar mi devoción a ACDC.
Este edificio de alquiler se vendió de golpe, se extinguieron las rentas antiguas previa indemnización y levantaron uno tres veces más voluminoso. Ya se sabe, las ordenanzas de los Ayuntamientos al servicio de lo que sea, ponedle nombre. Dedicado a los que acampan de buena fe, sin relación con los que se aprovechan del victimismo.
02.10 Luis Iribarren
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2.10.26
1.10.26
En Zaragoza ya tenemos acampados
En Zaragoza, la que decimos que es la cuarta ciudad de España, ya hemos empezado la acampada contra el drama de la vivienda en España, tal vez un poco más tarde que los cuartos, pero es que estamos en nuestra ciudad llenos de obras y cuesta encontrar el sitio.
La Plaza de España es un buen lugar. En Zaragoza quedamos desde siempre en la puerta de la Diputación. Es un clásico. Está bien allí, es un buen lugar. En las manifestaciones de los años 70 también empezábamos las reuniones en esa zona, y allí nos esperaban los grises a veces en furgonetas y otras en caballos.
Gracias jóvenes zaragozanos, por lograr que Zaragoza esté en el lugar que le corresponde. Gracias Sindicatos de inquilinas, era lo lógico. Pero saber, lo sé y lo sabéis vosotros también, que nos van a engañar, esto no va de ganar, sino de resistir, de estar, de quejarnos y de que los que tienen que saber que nada es tan sencillo como hacer lo que te salga del papo, lo sepan y no se atrevan con tanta facilidad.
Espero por desgracias que duréis muchos días, pues mañana viernes no se va a aprobar en el Congreso algo que no es bueno, pero al menos era lo mínimo. El futuro es de los jóvenes, no lo dejéis de recordar.
Y un recuerdo para todos los partidos de izquierdas aragoneses. Bien. Tampoco en el 15M estuvimos dando la cara. Parece lo lógico, somos así. Y así nos va siempre. De aquel 2011 nacieron nuevas izquierdas que luego poco a poco hemos ido diluyendo como un azucarillo. ¡¡Aprendamos!!
Julio Puente
Iglesia mercedaria de San Pedro Nolasco en Zaragoza
En la antigua plaza de San Lorenzo de Zaragoza, actual plaza de San Pedro Nolasco han existido en el mismo solar hasta tres iglesias diferentes. La más antigua parroquia de San Lorenzo, la iglesia mercedaria de San Pedro Nolasco y la actual iglesia del Sagrado Corazón. Confundirlas es muy fácil, y de hecho algunos archivos fotográficos lo hacen.
La imagen que vemos arriba es la antigua iglesia mercedaria de San Pedro Nolasco, aunque durante varias décadas funcionó como parroquia de San Lorenzo y por eso fotografías de Juan Mora Insa aparecen catalogadas como «Iglesia de San Lorenzo». Pero la iglesia de San Lorenzo era otra, ya derruida antes de esta fotografía.
Los mercedarios estaban establecidos en Zaragoza desde el siglo XIII en el convento de San Lázaro, situado extramuros, en el Arrabal, al otro lado del Ebro. La gran riada del 18 de febrero de 1643 dañó gravemente aquel convento y, además, destruyó arcos del Puente de Piedra, dificultando mucho su comunicación con la ciudad. Aquello convenció a la comunidad de que necesitaba disponer de una casa dentro del recinto urbano.
En marzo de 1643 los mercedarios compraron a los condes de Fuentes el antiguo palacio de los Paternoy, situado junto a la parroquia de San Lorenzo. Allí comenzó a formarse la nueva institución. La fundación propiamente dicha del Colegio de San Pedro Nolasco se consolidó en 1647, con el decisivo patrocinio del arzobispo de Zaragoza fray Juan Cebrián, él mismo también mercedario, y la intervención de fray Juan de Molina, entonces comendador de San Lázaro.
El colegio se consolida en 1647 y el templo que llegó hasta 1930 fue una construcción posterior. Hoy sabemos que la iglesia desaparecida de San Pedro Nolasco era un templo mercedario del siglo XVIII. Un pleito de 1764-1767 ha permitido documentar como responsables de su traza y construcción a los maestros Manuel Casanova y Francisco López. El propio rector del Colegio, fray Miguel López, declaró en 1765 que ambos habían tenido a su cargo la construcción de la iglesia, posiblemente antes incluso de 1758.
Era una iglesia bastante simple, de grandes paredes lisas, columnas sencillas y una gran cúpula sobre tambor, mucho más sobrio que el barroco ornamental de otras iglesias zaragozanas. La iglesia colegio de San Lorenzo estaba al lado, pero era otra iglesia
En el centro de la actual plaza existía desde época medieval la parroquia de San Lorenzo. Está documentada ya en 1182 y ocupaba aproximadamente el espacio abierto de la plaza actual. Fue reconstruida y modificada varias veces, especialmente durante los siglos XV y XVII. Por tanto, durante aproximadamente dos siglos coexistieron prácticamente una junto a otra:
Iglesia parroquial de San Lorenzo en el centro de la actual plaza e Iglesia y Colegio mercedario de San Pedro Nolasco en el lateral de la plaza, aproximadamente donde posteriormente se levantaría el Sagrado Corazón. Aquella iglesia de San Lorenzo fue derribada a comienzos de 1869, después de la Revolución de 1868, con intención de utilizar el espacio para mercado.
Y a partir de ese momento San Pedro Nolasco pasa a ser la parroquia de San Lorenzo desde aproximadamente 1868-1869 hasta 1902, aunque el nombre parroquial había quedado profundamente arraigado en el vecindario, y la propia plaza continuó siendo conocida durante mucho tiempo como plaza de San Lorenzo.
Durante los Sitios de 1808, el Colegio de San Pedro Nolasco fue utilizado como hospital militar. Durante la ocupación francesa tuvo después usos de almacén. Cuando terminó la guerra, los mercedarios recuperaron el conjunto y el 31 de enero de 1815, festividad de San Pedro Nolasco, quedó de nuevo habilitada y bendecida la iglesia.
La gran ruptura llegó con la supresión de conventos masculinos de 1835. El 23 de noviembre de ese año el edificio del Colegio y su iglesia fueron entregados a la Comisión Artística para reunir allí pinturas, esculturas y demás bienes procedentes de conventos desamortizados. Fue, por tanto, uno de los primeros depósitos del patrimonio artístico que acabaría formando el Museo de Zaragoza.
El convento tuvo después usos muy alejados de su función inicial. En 1863 el Ayuntamiento arrendó parte del antiguo complejo para instalar allí depósito municipal y parque de bomberos. Estas dependencias permanecieron hasta su traslado al antiguo convento de la Victoria hacia 1875.
En el año 1902, al producirse una reorganización parroquial, San Pedro Nolasco dejó de ser sede de la parroquia de San Lorenzo y los jesuitas comenzaron a utilizar la iglesia para el culto del Sagrado Corazón de Jesús. El 30 de diciembre de 1904 solicitaron al arzobispo Soldevila que se les concediera perpetuamente el uso del templo. La autorización llegó el 3 de enero de 1905, aunque la propiedad continuaba siendo de la diócesis. Un nuevo convenio de 1920 concedió a la Compañía un uso perpetuo y la posibilidad de realizar las obras necesarias para ampliar el templo.
El problema era precisamente que los jesuitas consideraban pequeña e insuficiente la antigua iglesia y en los años 1929-1930 fue condenado al derribo En agosto de 1929, el joven arquitecto Regino Borobio Ojeda preparó un proyecto de renovación completa de la casa jesuita.
Aunque administrativamente se presentó como una «restauración», el proyecto implicaba realmente la desaparición del antiguo conjunto mercedario. La vieja iglesia de San Pedro Nolasco sería sustituida por un templo más grande dedicado al Sagrado Corazón. Y aunque en 1932 se disuelve la Compañía de Jesús, en 1938 se retoma la idea y en mayo de 1940 se le otorga licencia de construcción de la actual iglesia que vemos en la plaza, que se terminó en 1942.
Curiosamente, la iglesia desapareció en 1930, pero parte del antiguo Colegio mercedario sobrevivió durante décadas. Una fachada del edificio del siglo XVII permaneció en la calle Pedro Joaquín Soler. Tras descubrirse en 1972 el teatro romano de Caesaraugusta bajo aquella zona, el resto del antiguo Colegio fue finalmente demolido en 1987 para permitir la recuperación arqueológica del conjunto y el actual Museo del Teatro de Caesaraugusta ocupa también terrenos íntimamente relacionados con el antiguo complejo mercedario.
Julio Puente

