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Historias del Teatro Cine Iris en Zaragoza


El primer Teatro Iris de Zaragoza, el que formaba parte del complejo Iris Park, cerró sus puertas el 1 de noviembre de 1953. Conviene distinguirlo muy bien del segundo Teatro Iris, construido en el mismo ámbito e inaugurado en 1955, y que desde el año 1958 fue el Teatro Fleta del que queda el esqueleto desde hacer muchos años en pleno centro de Zaragoza. Una de esas cosas vergonzosas de nuestra ciudad.

Hay dudas sobre si realmente fue 1 de noviembre de 1953 cerró pues otras noticias de aquellos años y posteriormente investigadas por José Garrido Palacios, hablan de que la Empresa Parra mantuvo la actividad del teatro Iris hasta el 24 de octubre de 1953.

El lugar que acabaría ocupando Iris Park era completamente diferente de lo que hoy conocemos. Se encontraba entre las calles Azoque y Ramón y Cajal, frente al Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia y próximo a la plaza del Carmen. Una parte considerable de la actual avenida de César Augusto todavía no existía, pues era el inicio de los años 30 del siglo XX.

Allí estaban los conocidos lavaderos de Castelví o Castellví, una extensa superficie dedicada al lavado y secado de ropa, con balsas y tendederos. Las fuentes citan como propietaria a la viuda de Castelví, Ramona Boada. Era una gran extensión interior, parcialmente escondida tras los edificios de las calles circundantes. Su futuro urbanístico todavía no estaba decidido. Precisamente esa incertidumbre explica el nacimiento del Teatro Iris. Una idea animada por Mariano Sánchez Resach que era el empresario del Circo Price de Madrid.

Los propietarios de los terrenos, los hermanos Aísa, sabían que en algún momento llegarían nuevas alineaciones, calles y parcelaciones. Mientras el Ayuntamiento terminaba de determinar qué podía construirse allí, decidieron explotar provisionalmente los solares mediante un gran recinto recreativo. Amparo Martínez Herranz define expresamente Iris Park como un «complejo de atracciones provisional». Hablamos de un solar de unos 7.000 metros cuadrados.

El complejo fue inaugurado el 10 de julio de 1931, apenas unos meses después de proclamarse la Segunda República. Un estudio publicado por el Ayuntamiento de Zaragoza señala que había sido construido por los Aísa y que inicialmente disponía de atracciones, baile y un teatro de verano al aire libre, que sería cubierto en 1932. Todo el escenaario estaba cubierto por un enorme toldo.

Iris Park era un gran centro de ocio, no solo un teatro, probablemente uno de los más ambiciosos de la Zaragoza de los años treinta. Llegó a disponer de teatro, cine, pista de patinaje, pistas de baile cubiertas y al aire libre, espacios de recreo, cafetería o bar-restaurante y el denominado Palacio de Cristal.

Tras atravesar las edificaciones que daban a las calles del entorno y un pasaje interior, se llegaba a una gran explanada interior, luminosa, con cafetería, teatro, cine y pista de patinaje, un lugar de recreo en donde se recuerda incluso haber visto programado Madame Butterfly o poder ir al cine infantil con películas del Oeste, pagando 25 céntimos. Era algo parecido a lo que hoy llamaríamos un complejo integral de ocio. Y dentro de Iris Park se encontraba el Gran Teatro Iris con un aforo de aproximadamente 2.300 espectadores, lo que lo convertía en una sala extraordinariamente grande para la Zaragoza de aquellos años.

Hay que imaginarlo, además, dentro de una ciudad que en 1931 rondaba solamente los 174.000 habitantes. Es decir, en una sola función podía reunir a más del uno por ciento de los zaragozanos de entonces. Inicialmente había sido concebido como teatro de verano descubierto. En el año y viendo su éxito1932 se cubrió, lo que permitió ampliar considerablemente la temporada y utilizarlo con mayor regularidad.

Parte de sus instalaciones procedían de otros locales. Según la documentación recopilada posteriormente, las butacas habían pertenecido al Teatro de la Comedia de Madrid, los graderíos de madera procedían de la Plaza de Toros de Huesca, parte del material de guardarropía había estado en el Teatro Principal y el techo pasó de ser un simple toldo para estar cubierto con uralita.

El profesor García Guatas documenta que el telón, pintado por José Luz Corvinos e inspirado en El jardín del Amor de Rubens, había estado anteriormente en el Odeón de Huesca y posteriormente en el Parisiana de Zaragoza antes de llegar al Teatro Iris en 1931. Blasco Ijazo ofreció otra versión según la cual había sido pintado inicialmente para Saturno Park; por tanto, existe una discrepancia en las fuentes sobre el primer destino del telón, aunque su reutilización en el Iris está bien establecida.

La primera compañía teatral que actuó en el nuevo recinto fue la del compositor Manuel Penella, el 10 de julio de 1931, representando Aquí hacen falta tres hombres. La acogida fue considerable y el Iris adquirió con rapidez popularidad, especialmente durante las temporadas estivales. Su programación se volvió extraordinariamente variada.

Por su escenario pasaron compañías de comedia y drama, zarzuela, variedades, recitales, pianistas, cantantes, espectáculos de danza y temporadas circenses. Se representaron obras como Luisa Fernanda, La Dolorosa y Doña Francisquita, y las fuentes mencionan actuaciones del pianista Julián Semprini, compañías de danza clásica de Montecarlo y espectáculos circenses que llegaron a mantener animales expuestos en el propio parque. Es importante entender que su enorme capacidad permitía organizar allí espectáculos que difícilmente cabían en otros locales de aquella Zaragoza, aunque fuera un local que parecía provisional pero enorme.

El tenor aragonés Miguel Fleta actuó sobre el escenario del viejo Iris Park abril de 1935 interpretando repertorio de Carmen, Marina, Doña Francisquita, Luisa Fernanda y La Dolorosa. El hecho está recogido en la investigación de Amparo Martínez Herranz y explica algo que ocurriría muchos años después: cuando el nuevo Teatro Iris fue rebautizado en 1958, recibió precisamente el nombre de Teatro Fleta. Por tanto, la relación de Fleta con aquel lugar precedió en más de veinte años al cambio de denominación del edificio posterior.

El Iris Park no fue únicamente un lugar donde acudir a ver una obra o una película. La amplitud del teatro y de sus instalaciones hizo que se utilizase para actos sociales, festivales, asociaciones, reuniones políticas y grandes concentraciones. Por ejemplo, el 12 de octubre de 1932, el denominado Palacio de Cristal de Iris Park acogió la elección de la «Señorita Fiestas del Pilar», organizada con participación de la Asociación de la Prensa y del Sindicato de Iniciativa de Aragón.

El 1 de mayo de 1936 se organizó en el Teatro Iris Park el trascendental IV Congreso Nacional de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Fue uno de los grandes congresos del anarcosindicalismo español inmediatamente anteriores a la Guerra Civil. Documentación conservada por la Fundación Anselmo Lorenzo confirma que el congreso se inauguró aquel 1 de mayo en el Teatro Iris Park, y el Centro Documental de la Memoria Histórica conserva incluso publicaciones relacionadas con la moción sobre el «Concepto confederal del comunismo libertario», adoptada en el Teatro Iris Park durante aquel congreso.

El enorme aforo del teatro explica en buena medida su elección para aquella reunión. La prensa libertaria de esos mismos días anunciaba además funciones especiales en el Gran Teatro Iris Park para los delegados y asistentes, especificando precios de butacas, delanteras y gradas. Es un aspecto relevante de su historia porque sitúa al Teatro Iris no solo dentro de la historia cultural zaragozana, sino también dentro de la historia política y sindical española de 1936. Faltaban dos meses y unos días para que España saltara por los aires.

Tras la sublevación militar de julio de 1936 y el control de Zaragoza por los sublevados, el Teatro Iris Park fue requisado por Acción Ciudadana, organización civil armada que colaboró con las autoridades militares en labores de retaguardia. Una investigación de la Institución Fernando el Católico sobre la Zaragoza de 1936 documenta que Acción Ciudadana organizó su organización en diferentes sectores de la ciudad y estableció una de sus sedes precisamente en el Teatro Iris Park. También existe documentación gráfica del llamado «Sector Iris Park» de Acción Ciudadana, incluida su sección femenina.

En ese contexto españolista desapareció progresivamente el anglicismo Park y comenzó a cambiar el nombre y aparecer la denominación castellanizada Parque Iris. Algunas fuentes señalan expresamente que aquella «españolización» del nombre se produjo a raíz de la requisa del edificio en el año 1936. Durante la guerra no desapareció por completo la actividad escénica: se documentan algunas representaciones, al igual que ocurrió en otros teatros zaragozanos, pero naturalmente el carácter del complejo y su funcionamiento quedaron profundamente alterados.

Terminada la guerra se produjo otro cambio fundamental. En 1939, la Empresa Parra S. L. arrendó Iris Park a los hermanos Aísa mediante un contrato que incluía una opción de compra. Esa opción fue ejercida pocos años después, por lo que la familia o Empresa Parra terminó siendo propietaria tanto de los terrenos como de las instalaciones. Este dato está documentado por Amparo Martínez Herranz a partir de los propios contratos de arrendamiento facilitados por la familia Parra.

Durante la posguerra el recinto continuó funcionando, aunque cada vez adquirió mayor peso el cine de reestreno. Conviene aquí hacer una distinción que algunas historias simplificadas no dejan suficientemente clara. Dentro del complejo existían el Gran Teatro Iris y una sala cinematográfica, además del resto de instalaciones. La desaparición del viejo gran teatro en 1953 no significó necesariamente la desaparición inmediata de todo cuanto llevaba el nombre Iris Park; algunas fuentes sitúan la continuidad del antiguo cine hasta 1964.

El acceso principal primitivo se encontraba por Ramón y Cajal. Pero en 1940 se construyó otro acceso desde la calle Azoque nº 68, aproximadamente a la altura de la plaza del Carmen y frente a la calle Cádiz. Era un largo pasadizo que atravesaba entre edificaciones hasta desembocar en el recinto interior. El arquitecto Ambrós Escanella intervino en ese primer pasaje de 1940. Cuando se construyó posteriormente el nuevo Teatro Iris, José de Yarza modificó su trazado, aunque mantuvo en buena medida el aspecto de la entrada anterior. La fachada de aquel acceso y el pasaje sobrevivieron sorprendentemente hasta mediados de los años noventa.

Esto explica algunos recuerdos de los zaragozanos ya muy mayores como yo, que recordamos la sensación de atravesar una especie de túnel desde la zona de la plaza del Carmen y encontrarnos repentinamente con un enorme espacio casi escondido detrás o dentro de las viviendas.

A comienzos de los años cincuenta, la Junta de Espectáculos de la Provincia de Zaragoza inspeccionó Iris Park. Las instalaciones habían sido construidas veinte años antes con carácter provisional y se encontraban muy deterioradas. Para que el Teatro Iris pudiera cumplir las nuevas exigencias reglamentarias necesitaba reformas importantes.

Zaragoza proyectaba una nueva gran vía que debía atravesar precisamente una parte considerable de los terrenos de Iris Park. Aquella vía acabaría convirtiéndose en la actual avenida de César Augusto. Las nuevas alineaciones afectaban de tal manera al viejo teatro que reformarlo racionalmente resultaba muy difícil. El viejo Teatro Iris y el Iris Park había nacido como una construcción provisional mientras se decidía urbanísticamente qué hacer con aquellos solares.

En enero de 1952, la Empresa Parra, ya propietaria de Iris Park, encargó al arquitecto José de Yarza García un plan general de reforma. Yarza debía resolver simultáneamente dos problemas: adaptar el complejo a las exigencias de la Junta Provincial de Espectáculos y respetar las nuevas alineaciones previstas por el Plan General de Zaragoza. El enorme solar quedaba dividido en dos espacios. El estudio demostró que ambos condicionantes eran tan importantes que resultaba más lógico construir un teatro completamente nuevo que remodelar el antiguo.

Se planteaba un nuevo Teatro Iris, un cine independiente para unas 750 personas, viviendas para empleados de la Empresa Parra, un garaje en altura y un pequeño hotel destinado, entre otros usos, a alojar a los artistas que actuasen en el teatro. Finalmente solo se materializaron los dos elementos principales: el nuevo teatro y el hotel, aunque este último y en la otra acera del propio teatro, creció mucho respecto al proyecto inicial y acabó convirtiéndose en el Hotel Corona de Aragón.

Según los estudios de José Garrido Palacios se sitúa la actividad de la Empresa Parra en el viejo teatro hasta el 24 de octubre de 1953. Y durante los inicios del mes de noviembre de 1953 comenzó físicamente el derribo. Amparo Martínez Herranz establece que la demolición se prolongó hasta los últimos días de enero de 1954. Inmediatamente después comenzaron las obras del nuevo edificio. Por tanto, el viejo Gran Teatro Iris tuvo una vida de apenas 22 años, de 1931 a 1953.

El Iris Park nació porque aquellos enormes terrenos todavía no podían urbanizarse definitivamente. Los hermanos Aísa levantaron allí un centro de ocio provisional, con materiales reutilizados y estructuras relativamente económicas, para obtener rendimiento mientras esperaban la ordenación definitiva. Y resultó que aquella solución provisional se convirtió durante más de veinte años en uno de los principales centros de ocio de Zaragoza. Cuando finalmente llegó la transformación urbanística que se esperaba desde su nacimiento, el valor y la configuración de los terrenos acabaron con él.

La nueva avenida César Augusto atravesó aquel enorme espacio interior y modificó completamente la zona. Donde antes existían lavaderos y posteriormente pistas de baile, patinaje, jardines, cine y teatro apareció una nueva vía urbana y una edificación mucho más densa.

Sobre una parte de aquellos terrenos se levantó el espectacular edificio diseñado por José de Yarza García. El Teatro Fleta que se empezó llamando Teatro Iris en re cuerdo a su antecesor. Las obras fueron ejecutadas por Dragados y Construcciones y costaron aproximadamente seis millones de pesetas. El 24 de febrero de 1955 abrió el nuevo Teatro Iris. Esa tarde se representó el espectáculo Raza Aragonesa y al día siguiente comenzó la temporada de Rosario y su Ballet de Arte Español.

Era otro mundo arquitectónicamente: un moderno teatro-cine de hormigón armado, con 1.710 localidades, gran escenario y una fachada concebida para la nueva avenida. En 1958, a iniciativa de Heraldo de Aragón, dejó de llamarse Iris y fue rebautizado como Teatro Fleta, recordando precisamente al tenor que había actuado en el viejo Iris en 1935.

Creo que el Teatro Iris de 1931 merece bastante más atención de la que suele recibir. El actual problema del Fleta ha terminado eclipsándolo, como si la historia comenzara en 1955, cuando en realidad el edificio de Yarza fue heredero de más de veinte años de actividad cultural previa. El viejo Iris fue simultáneamente un gran teatro popular, sala musical y lírica, espacio circense, lugar de cine, centro recreativo y escenario de acontecimientos sociales y políticos. Y hoy nadie habla de él, aunque estuviera en el mismo solar en el que hoy nos disputamos entre todos los zaragozanos saber qué hacer para revitalizar el Teatro Fleta en un solar que nos ha costado muchos millones a todos, para ser una vergüenza.

La imagen que vemos arriba era la entrada desde la plaza del Carmen al pasaje que servía de entrada.

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