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16.9.26

Fundación de la Cartuja de Aula Dei y la villa de Alagón


En el año 1563 se funda la Cartuja de Aula Dei cerca de Zaragoza, pero la idea fundamental de Aula Dei no nace de cero. La Cartuja de Aula Dei fue creada para trasladar y salvar a la comunidad cartujana de Nuestra Señora de las Fuentes, situada en los Monegros, cerca de Sariñena y Lanaja. Aquella había sido la primera cartuja fundada en el Reino de Aragón, en 1507, por los condes de Sástago, Blasco de Alagón y Beatriz de Luna, aprovechando una antigua ermita de Nuestra Señora de las Fuentes donde había sido enterrado su hijo Artal.

El problema fue que aquella primera fundación resultó muy difícil de mantener. Sus fundadores y después varios de sus benefactores murieron relativamente pronto y la comunidad religiosa quedó económicamente debilitada y, además, se encontró con unas condiciones naturales poco favorables para sobrevivir, con unos terrenos de escasa fertilidad, clima duro y aridez. A todo ello se añadió una epidemia de peste en 1558 que afectó gravemente a una comunidad que entonces rondaba sólo los doce monjes de más de 25 que había tenido antes de la enfermedad.

Zaragoza no necesitaba un nuevo monasterio. Hay datos que nos dicen que el 8 de diciembre de 1562 la comunidad de la Cartuja de Las Fuentes decidió optar entre fundar una nueva cartuja en otro lugar o incorporarse a Porta Coeli, en Valencia. Finalmente se eligió crear otra cartuja cerca de allí.

El fondo documental de Aula Dei describe la fundación como realizada a partir de la cesión de una torre y terrenos cercanos al río Gállego, por Juan de Alagón, perteneciente a la familia de los condes de Sástago. La primera Aula Dei no fue todavía el extraordinario monasterio que conocemos pues la comunidad llegó inicialmente a una propiedad rural ya existente, una torre con terrenos y dependencias que permitía alojar provisionalmente a los religiosos mientras se preparaba la nueva construcción.

Resulta llamativa la continuidad familiar: la Cartuja de Las Fuentes había sido fundada en 1507 por Blasco de Alagón, conde de Sástago, y medio siglo después encontramos a Juan de Alagón, vinculado a esa misma familia, facilitando el emplazamiento que permitió trasladar la comunidad de los Monegro.

El nuevo lugar, junto al río Gállego, proporcionaba unas condiciones de vida mucho más saludables y adecuadas para el desarrollo de la comunidad que el emplazamiento monegrino. Los monjes buscaban expresamente «algo mejor», después de la aridez, la mala calidad de las tierras y los problemas sanitarios sufridos en Las Fuentes.

Estaban muy próximos al Gállego y el agua era un bien primordial. Para una gran cartuja, con huertos individuales, jardines, animales, cocina, lavaderos y dependencias agrícolas, disponer de agua era esencial. Cuando un siglo después se buscó emplazamiento para la segunda cartuja zaragozana —la de la Inmaculada Concepción, en la Cartuja Baja—, la insuficiencia de agua fue expresamente uno de los problemas determinantes para los monjes.

Aula Dei tenían terrenos y una construcción en donde poderse instalar en el momento del cambio, gracias a Juan de Alagón. No había que comenzar la operación desde un campo completamente vacío, una torre o casa de campo aragonés.

Y además esta zona estaba alejada de Zaragoza para mantener el aislamiento cartujano, pero bastante cerca de la ciudad para disponer de suministros, mano de obra, benefactores y protección institucional. Motivos económicos y de rentabilidad vital aconsejaron esta decisión.

El hombre que convirtió aquel traslado de una pequeña comunidad en una fundación monumental fue don Hernando —o Fernando— de Aragón y Gurrea (1498-1575). Era hijo natural del arzobispo Alonso de Aragón y de Ana de Gurrea y, por tanto, nieto de Fernando II el Católico. No era cartujo, era monje cisterciense. Había profesado en el monasterio de Piedra y fue posteriormente abad de Veruela y en 1539 pasó a ocupar el arzobispado de Zaragoza, que mantuvo hasta su muerte.

Más tarde también fue virrey de Aragón y de alguna forma, reformador dentro de la vida religiosa de sus costumbres y acciones con sus entornos. Hernando tenía una experiencia monástica personal muy profunda, había dirigido monasterios y conocía directamente sus problemas materiales y espirituales.

Era un hombre de intensa religiosidad y especialmente favorable a la Orden Cartujana que puso a disposición de la nueva fundación importantes recursos humanos, jurídicos y económicos. Aula Dei se convirtió gracias a su protección en la cartuja más poderosa de Aragón y en una de las fundaciones religiosas más importantes de su época. Dos hombres como motores de aula Dei en sus inicios. Juan de Alagón proporciona el emplazamiento inicial. Hernando de Aragón convierte ese traslado en una gran fundación monástica.

Podemos situar la Cartuja Aula Dei dentro de una actividad de mecenazgo extraordinariamente amplia. Hernando intervino en la ampliación de La Seo, promovió su capilla de San Bernardo, impulsó el monasterio de Santa Lucía y participó en importantes actuaciones urbanas y culturales zaragozanas. Aula Dei fue probablemente su mayor empresa monástica. Por tanto, detrás de la fundación confluyen tres factores bastante claros: caridad y reforma religiosa, protección de una comunidad monástica amenazada y gran mecenazgo renacentista.

Los monjes llegaron al entorno de Peñaflor en agosto de 1563. Pero el gran monasterio actual de nueva planta todavía no existía.

El 29 de febrero de 1564, Hernando de Aragón realizó la ceremonia solemne de bendición y colocación de la primera piedra de ese nuevo monasterio. Por eso algunas fuentes dicen que Aula Dei fue «fundada en 1564»: en realidad están tomando como fundación el comienzo de las obras.

La traza fundamental se atribuye a dos destacados maestros zaragozanos del siglo XVI: Martín de Miteça —también Miteza— y Miguel de Riglos. Y en las documentaciones consultadas de menciona además la intervención del padre Miguel Bernabé y al padre Simón Sebastián entre las personas vinculadas a esa fase inicial. La participación de religiosos en la planificación tiene lógica. Una cartuja no podía diseñarse como un convento corriente. Su arquitectura debía hacer posible una vida en la que el monje pasaba gran parte del tiempo solo en su propia celda, rezando, estudiando y trabajando.

Aula Dei fue particularmente importante porque su construcción introdujo innovaciones en la arquitectura cartujana española destinadas a hacer más funcional la vida de los religiosos, y fue considerada una referencia internacional en ese proceso de adaptación arquitectónica.

El esquema que acabaría definiendo el monasterio es extraordinariamente racional y lógico, casi como un modelo de cuartel para la contemplación. Un eje formado por patio de honor, iglesia y gran claustro; alrededor de éste se distribuían las celdas individuales, cada una concebida prácticamente como una pequeña vivienda monástica con capilla, dormitorio, estudio, taller, comedor y huerto propio. Eso explica las enormes dimensiones de una cartuja en comparación con otros monasterios: no se trataba simplemente de dormitorios colectivos alrededor de un claustro.

Las obras de la iglesia avanzaron muy deprisa. Las fecha su construcción básica se mueven entre los años 1564 y 1567, utilizando fundamentalmente yeso y ladrillo y manteniendo todavía soluciones arquitectónicas del gótico tardío. La comunidad pudo empezar a utilizar el nuevo establecimiento hacia 1567, aunque el monasterio distaba mucho de estar definitivamente terminado. El conjunto se amplió y transformó durante siglos. La Cartuja de Aula Dei que contemplamos actualmente es el resultado de una evolución muy larga.

Tras trasladarse la comunidad a Aula Dei, los cartujos decidieron vender la Cartuja de Las Fuentes en Monegros a los carmelitas. La operación se hizo efectiva el 5 de agosto de 1565. Sin embargo, en 1589 la Orden de los cartujos de Aula Dei recuperó la cartuja de Las Fuentes, en parte porque necesitaba hacerlo para poder percibir una herencia vinculada a aquella primera fundación. De esta manera terminaron coexistiendo nuevamente ambas casas. Aula Dei es latín y puede entenderse como «Aula de Dios», «morada de Dios» o «casa de Dios», con el sentido solemne de aula como estancia, corte o residencia. El nombre completo histórico aparece como Cartuja de Nuestra Señora de Aula Dei o Santa María de Aula Dei, lo que subraya su carácter mariano.

Juan de Alagón estaba casado con María Cariñena, hija de Jaime Cariñena, un riquísimo financiero y arrendador de rentas vinculado estrechamente al arzobispado zaragozano. En el testamento de Jaime Cariñena, otorgado en Zaragoza el 6 de abril de 1514, dejó a su hija María, además de una casa en la calle de las Armas de Zaragoza y cuantiosas rentas, precisamente «una finca de recreo en Peñaflor», la torre de Peñaflor conocida después como torre de Juan de Alagón pudo proceder en realidad del patrimonio de su esposa María Cariñena.

Algunas fuentes locales de aquellos años hablan de que Juan de Alagón «facilitó la compra» de la llamada Torre de María Cariñena. En otros lugares se dice que les ofertó y en otros que les cedió o donó. No sabemos con seguridad si realmente aquella finca, aquella torre agrícola fue vendida o regalada por Juan de Alagón a los cartujos.

Peñaflor ya era un territorio de suelo fértil, regado por las acequias Urdana y Camarera, y en aquellos siglos disfrutaba de extensas zonas de huerta. Los cartujos no transformaron por primera vez un desierto junto al Gállego en tierras productivas. Se instalaron dentro de un paisaje agrícola e hidráulico que llevaba siglos funcionando. El azud de Urdán está inmediatamente junto a la Cartuja, y desde ese azud nace la acequia de Urdán o Urdana y que tanto azud como acequia tienen probablemente origen medieval islámico. Las primeras referencias documentales son ya del siglo XII y la acequia continúa en el siglo XXI regando buena parte de la margen izquierda del Gállego y el Ebro. Cuando llegan los cartujos en 1563, la Urdana llevaba varios siglos funcionando.

La acequia Camarera tomaba también agua del Gállego mucho más arriba y regaba Zuera, San Mateo, Peñaflor, Villamayor, Montañana y otros términos. El estudio municipal sobre patrimonio hidráulico de la huerta de Zaragoza sitúa precisamente a la altura de Aula Dei uno de sus puntos importantes de distribución: allí la Camarera se divide en dos grandes ramales, uno hacia Mamblas-Montañana y otro hacia Villamayor. No hay duda de que geográficamente Aula Dei se encuentra en un lugar privilegiado:

La elección cartujana del lugar fue extraordinariamente lógica. Abundancia de agua, tierra cultivable, posibilidad de huerta, aislamiento, disponibilidad de alimentos y cercanía relativa a Zaragoza.

Un reciente estudio arquitectónico de la Universidad de Zaragoza dedicado al conjunto de Aula Dei describe el territorio como fundamentalmente agrícola, y vincula la propiedad anterior a los cartujos con el sistema de riego de Urdán. Y también menciona una torre y un molino entre las preexistencias del lugar. Esto encaja perfectamente con un azud y una acequia, porque los cauces de riego se utilizaban habitualmente también como fuente de energía para molinos.

El Juan de Alagón propietario de la finca hacia el año 1519 no puede ser el mismo hombre que intervino personalmente en la fundación de Aula Dei en 1563 como antes he comentado, porque el primero murió el 23 de marzo de 1519. Pero tenía dos hijos, uno de ellos llamado también Juan de Alagón hijo, heredero de aquella familia, que vivió ya plenamente en el siglo XVI y es el candidato lógico para ser el Juan de Alagón relacionado con Aula Dei en 1563. Por cierto, vivía en Zaragoza, pues ahora voy a nombrar brevemente el apellido Alagón.

El apellido Alagón procede precisamente de la villa de Alagón. Un linaje de infanzones y ricoshombres aragoneses que «tomó su apellido de la villa del mismo nombre». Una de sus ramas obtuvo posteriormente el señorío de Sástago. La tradición genealógica aragonesa lleva el vínculo hasta los tiempos de Alfonso I el Batallador. Juan Mathias Estevan, utilizando antiguas genealogías y documentos, cuenta que un ricohombre llamado Artal recibió «en honor» la villa de Alagón después de su conquista y que de aquella posesión quedó el apellido Alagón al linaje. La misma tradición aparece ya en Jerónimo Zurita.

Pero conviene no confundir las cosas. Que Juan llevara el apellido Alagón no significa que en 1563 fuera señor de la villa de Alagón ni que viviera allí. Es una relación genealógica y toponímica mucho más antigua. La documentación de 1564 que he citado lo sitúa domiciliado en Zaragoza.

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