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22.9.26
El León de Zaragoza es del Reino de León
El león de Zaragoza tiene su origen tradicional en 1134, cuando Alfonso VII de León se hizo con el señorío de Zaragoza tras la crisis provocada por la derrota de Alfonso I el Batallador en Fraga frente a los almorávides; murió poco después y, además, sin descendencia directa. Esa muerte provocó una enorme crisis sucesoria en Aragón. El emblema leonés acabaría siendo adoptado por la ciudad, aunque su utilización como símbolo municipal está documentada con seguridad desde finales del siglo XIII.
Alfonso VII aprovechó la situación. Reivindicó los territorios conquistados por su padrastro Alfonso I, especialmente el llamado «Reino de Zaragoza», y en diciembre de 1134 entró en Zaragoza y fue reconocido como señor de la ciudad. Para ganarse a la nobleza y a los infanzones zaragozanos confirmó sus fueros y privilegios. Uno de los documentos de aquella operación política habría sido validado con un sello que llevaba un león rampante, emblema asociado al monarca leonés.
Y fueron los años entre 1134 y 1136 el periodo de dominio directo de Alfonso VII sobre Zaragoza. Después se establece una relación feudal con Ramiro II. La fecha inicial puede situarse en finales de noviembre o diciembre de 1134. Existe una tradición historiográfica que fecha la ocupación de Zaragoza por Alfonso VII el 26 de noviembre de 1134.
En mayo de 1135 Zaragoza continúa bajo la superioridad política de Alfonso VII, pero éste entrega la tenencia del Regnum Caesaraugustanum a García Ramírez de Pamplona, después de que el navarro le preste vasallaje. Ya no sería correcto hablar de administración personal directa de Alfonso VII.
El 24 de agosto de 1136 por el Tratado o acuerdo de Alagón. Alfonso VII retira a Zaragoza de la órbita de García Ramírez y se la entrega a Ramiro II. Ramiro recupera así el gobierno zaragozano, pero dentro de una relación feudal con Alfonso VII.
El periodo que podríamos llamar verdaderamente de ocupación y gobierno directo de Alfonso VII de León fue probablemente de apenas unos cinco o seis meses, aproximadamente desde diciembre de 1134 a mayo de 1135.
A partir de mayo de 1135 ocurre algo muy interesante. Ramiro II y García Ramírez de Pamplona habían intentado previamente recomponer políticamente Aragón y Pamplona mediante el pacto de Vadoluengo. Alfonso VII intervino y consiguió que García Ramírez le prestara vasallaje; a cambio, le concedió la tenencia del Regnum Caesaraugustanum. La Real Academia de la Historia señala expresamente que en agosto de 1135 Zaragoza estaba «en posesión de su vasallo García Ramírez». Es decir, durante aproximadamente un año Zaragoza tuvo una situación bastante peculiar:
Alfonso VII era el señor superior pero García Ramírez de Pamplona ejercía la tenencia y el Rey Ramiro II seguía siendo rey de Aragón pero estaba privado de la ciudad de Zaragoza. Esto explica también por qué no conviene denominar sencillamente todo el periodo 1134-1136 «ocupación castellana». Jurídica y políticamente fue bastante más complejo.
El 24 de agosto de 1136 se pactó, entre otras cosas, la devolución del Regnum Caesaraugustanum a Ramiro y el proyectado matrimonio entre Petronila, recién nacida, y Sancho, hijo de Alfonso VII. Sí, lo habéis leído bien, recién nacida.
El proyecto matrimonial no prosperaría, pero la devolución de Zaragoza sí tuvo consecuencias inmediatas. Un estudio académico sobre la Chronica Adefonsi imperatoris resume la situación diciendo que en agosto de 1136 el Rey Ramiro II aceptó convertirse en vasallo de Alfonso VII y recibió en feudo el Regnum Caesaraugustanum, ese 24 de agosto de 1136 Zaragoza vuelve políticamente a Ramiro II, pero no desaparece de golpe toda pretensión superior de Alfonso VII.
Documentación aragonesa señala que en el año 1140, mediante el tratado de Carrión, se produjo una nueva regularización de la situación, con devolución formal de derechos sobre Zaragoza, Tarazona, Calatayud y Daroca, mientras continuaban determinadas obligaciones políticas entre Alfonso VII y el poder aragonés.
La primera documentación municipal con ese escudo es muy posterior. El Ayuntamiento señala un sello zaragozano de 1288 y otro de 1299, este último conservado en el archivo del Pilar, en los que ya aparece el león. El reglamento municipal confirma que el león está documentado al menos desde el siglo XIII; inicialmente podía aparecer pasante, mientras que el león rampante coronado queda claramente representado en el siglo XVI, por ejemplo en el Rubricario y repertorio de los estatutos y ordenaciones de Zaragoza de 1548.

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