Aquel Hospital de Nuestra Señora de Gracia que atendió a los zaragozanos infectado por la peste de 1564 no era simplemente «un hospital antiguo» de Zaragoza. Durante casi cuatro siglos fue una de las instituciones asistenciales más importantes de la Corona de Aragón y, en determinados periodos, una de las grandes instituciones hospitalarias españolas.
El Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia se creó en el año 1425 y duró en su ubicación, en la plaza de España de la que luego señalaremos mejor, hasta su destrucción en los Sitios de Zaragoza, en concreto en1808/1809. El actual edificio de Madre Rafoll era originalmente el Hospital de Convalecientes o de Nuestra Señora de la Piedad y heredó el nombre y funciones del antiguo después de su destrucción en 1808.
Estaba en el extremo meridional de la Zaragoza medieval, inmediatamente fuera del antiguo recinto romano, frente a la Puerta Cinegia, ocupando una enorme superficie junto al Coso. La actual plaza de España se llamaba entonces plaza de San Francisco.
El conjunto ocupaba aproximadamente un gran espacio comprendido entre el Coso en donde hoy está el Banco de España, el inicio del actual paseo de la Independencia, la calle Porcell (en honor a su insigne doctor) y llegaba hasta la zona de la calle Jerónimo Zurita atravesando San Miguel y las huertas de los conventos de Santa Catalina y Jerusalén.
La entrada principal estaba aproximadamente donde hoy se levanta el Banco de España. La iglesia del Hospital ocupaba el ángulo del Coso con la antigua calle del Hospital/Santa Engracia. Por tanto, cuando hoy estás delante del Banco de España en la plaza de España, estás prácticamente sobre una parte fundamental del antiguo hospital.
Había crecido durante siglos mediante compras, construcciones y anexiones, formando un conjunto irregular de pabellones, patios, huertas y dependencias. Precisamente porque el archivo del Hospital desapareció en gran parte con el incendio de 1808, su planta exacta en diferentes siglos no puede reconstruirse documentalmente con absoluta certeza.
Su fundación data del año 1425, y la iniciativa parece haber surgido del propio Concejo (Ayuntamiento) de Zaragoza, que buscó inmediatamente la protección real. Alfonso V el Magnánimo convirtió la iniciativa en una fundación regia. El 27 de febrero de 1425 los jurados de Zaragoza se reunieron con el franciscano Francisco de Berbegal, hombre de confianza del rey, quien comunicó la adquisición de unas casas próximas al convento de San Francisco para establecer el nuevo hospital. La administración inicial quedaba representada por el concejo zaragozano y el cabildo de La Seo.
Aquellos terrenos fueron adquiridos a Simón de Auerro por 500 florines. La forma del apellido varía en alguna bibliografía posterior, por lo que conservaría «Auerro» si se cita la fuente municipal. En aquel momento (principios del siglo XV) Zaragoza ya tenía hospitales pequeños relacionados con parroquias, órdenes religiosas, peregrinos, leprosos, etc. La novedad consistía en crear un Hospital General, concentrando progresivamente buena parte de aquellas funciones asistenciales.
Podían ingresar enfermos independientemente de su procedencia y, según los estudios sobre el Hospital, tampoco constituían obstáculo la nacionalidad o la religión. Atendía enfermedad común, cirugía, enfermedades contagiosas, enfermedad mental, mujeres embarazadas, niños expósitos y diferentes formas de pobreza y desamparo.
Su lema terminó expresándolo perfectamente:Domus infirmorum urbis et orbis; es decir, aproximadamente: "Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo". Se atribuye al papa Eugenio IV, en 1438, la concesión de ese carácter o título universalista. El lema figuró posteriormente en placas de mármol del hospital.
La Sitiada (reunirse en Sesión) era la junta rectora del Hospital. Sus miembros eran los regidores. La denominación procedía de la expresión utilizada cuando los administradores se reunían «en sitiada». Las primeras ordenanzas conocidas fueron otorgadas por Alfonso V el 5 de marzo de 1427. Los regidores no cobraban salario y tenían amplísimas facultades para realizar obras, recaudar limosnas, administrar propiedades e incluso vender bienes del Hospital, siempre en nombre de la Corona.
Durante el siglo XV eran cuatro regidores: dos eclesiásticos, normalmente vinculados a La Seo, y dos seglares. Posteriormente la composición fue evolucionando. En el XVI continuaron siendo cuatro, pero uno de los seglares debía pertenecer al orden ecuestre o militar y el otro proceder de la nobleza o de las familias principales. En el XVII aumentó el número y durante el XVIII volvió a modificarse la composición. Las ordenaciones de 1496 describen cuatro regidores, dos mayores y dos menores. El regidor mayor eclesiástico presidía la Sitiada y el mayor secular intervenía especialmente en la gestión ordinaria. Fernando el Católico promulgó nuevas ordinaciones el 27 de marzo de 1503; la historiografía las considera fundamentales en la consolidación administrativa del Hospital. Felipe II volvió a modificar las ordenanzas en 1587. No era estrictamente un hospital municipal, ni exclusivamente eclesiástico, ni puramente real. Era una institución peculiar en la que coexistían Corona, ciudad y autoridades eclesiásticas.
Ya en el siglo XV existía el denominado Spitalet, una especie de recepción o primera estancia para los enfermos, junto a la portería, en donde se hacían las urgencias, las primeras curas y separar a los que llegaban por su urgencia. Después estaban las grandes salas, llamadas quadras de las que se cree había unas once o doce. Nueve estaban inicialmente destinadas a hombres: siete a enfermos de «calenturas» y dos a cirugía. Había salas específicas para mujeres, parturientas y las llamadas «madalenas», además de departamentos para expósitos y dementes.
El complejo disponía también de iglesia; cementerio; botica o farmacia; viviendas de empleados; huertas y corrales con animales propios; graneros; talleres; su propio horno de pan; un molino de aceite; una posada o mesón para comer y posteriormente incluso teatro.
En el siglo XVI se construyeron siete salas nuevas. Entre ellas había salas de convalecientes para hombres y mujeres, cirugía femenina y una denominada sala de «vergonzantes», destinada a personas empobrecidas que anteriormente habían pertenecido a estratos sociales acomodados. El conjunto de aquel hospital era mucho más parecido a una pequeña ciudad asistencial que a lo que actualmente entendemos por un único edificio hospitalario, pues el Hospital desempeñaba también una función científica. Era pues un Hospital casi Universitario.
El 28 de enero de 1488, Fernando el Católico concedió un privilegio perpetuo que permitía realizar disecciones de cadáveres, vinculadas a la formación médica y a la Cofradía de San Cosme y San Damián. Es una fecha muy temprana para la enseñanza anatómica práctica.
Durante la gran peste de Zaragoza de 1564, el Hospital fue el principal centro asistencial de la ciudad. Juan Tomás Porcell atendió allí personalmente a los apestados, acompañado en los momentos críticos por únicamente cuatro cirujanos. El Hospital de Gracia fue también el escenario de uno de los episodios más interesantes de la medicina europea del siglo XVI.
El muy reconocido psiquiatra francés en el siglo XVIII Philippe Pinel, conocía el funcionamiento del hospital zaragozano, lo citó expresamente y elogió el empleo del trabajo, cultivo agrícola y ocupaciones regulares de los dementes. Estudios recientes indican que probablemente conoció estas prácticas mediante informes enviados a Francia; aunque se desconoce si estuvo físicamente en Zaragoza. Las prácticas del Hospital de Gracia de Zaragoza fueron conocidas y elogiadas por Philippe Pinel y formaron parte del debate europeo sobre el tratamiento humanitario de la enfermedad mental.
Para el siglo XVIII que está considerado como su mejor momento se habla de 800 a 1.000 camas, aunque la capacidad ordinaria documentada hacia 1725-1736 era de 472 camas, ampliables a 641, sin contar determinados departamentos de dementes y tiñosos. De ellas entre 300 a 400 estaban ocupadas. Pensemos que en este 2026 el Hospital Clínico universitario tiene unas 800 camas, y el actual Hospital Nuestra Señora de Gracia tiene 145 camas. La diferencia de tamaño de la ciudad es tremenda.
Datos de 1807 contabilizan ingresados unos 400 enfermos y otros 200 "dementes" atendidos por 240 personas que trabajaban allí. Un hospital que recibía entre 6.000 y 8.000 ingresos cada año. Y atendía a entre 600 y 1.000 niños sin familias que eran entregados a amas de cría o a familias de fuera del Hospital. Hablamos de una ciudad que no llegaría a los 50.000 habitantes.
La Casa de Comedias zaragozana (junto al Hospital) estaba vinculada económicamente al centro y sus beneficios contribuían a financiar la asistencia. En determinados periodos la Sitiada arrendaba la explotación teatral a particulares o contrataba directamente compañías y el teatro del Hospital terminó teniendo una importancia considerable en la historia teatral de Zaragoza. El edificio teatral sufrió un terrible incendio en 1778, que causó decenas de muertos; según datos recientes unos 77 fallecidos y alrededor de medio centenar de heridos.
También se citan ingresos económicos relacionados con juegos como pelota y bochas y tuvo una importante imprenta propia que trabajaba para la ciudad. Y su propio cementerio, que en un inicio estivo cerca de Puerta Cinegia en la entrada del popular Tubo, y a partir del siglo XV se trasladó hacia las huertas cercanas al Huerva. A finales del siglo XVIII se construyó el Cementerio de la Cartuja Baja, en las afueras de la ciudad, al final de Montemolín.
A comienzos del siglo XIX se intentó reorganizar profundamente el cuidado de los enfermos. El 28 de diciembre de 1804 llegaron desde Cataluña doce hermanos y doce hermanas relacionados con el padre Juan Bonal. La superiora del grupo femenino era María Rafols. Comenzaron su asistencia efectiva a los enfermos el 1 de enero de 1805. Es el origen de la posterior Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, íntimamente vinculada desde entonces a la historia del Hospital.
Las monjas no eran las propietarias ni sustituyeron a la Sitiada como órgano rector. Se incorporaron fundamentalmente al cuidado asistencial y a la organización cotidiana del servicio.
Tenemos incluso datos del personal que trabajaba en su interior en el momento inmediatamente anterior a la destrucción. Había en plantilla tres médicos colegiales, dos médicos «velantes», diez cirujanos, dieciocho practicantes y personal específico de botica, además de personal de enfermería, servidores y las Hermanas de la Caridad. Los médicos realizaban visitas por la mañana y por la tarde y la farmacia botica estaba dirigida por un regente acompañado de mancebos y aprendices.
Durante el Primer Sitio, el bombardeo francés se intensificó entre el 31 de julio y el 4 de agosto de 1808. El Hospital se convirtió en uno de los puntos sometidos a fuego intenso. El 3 de agosto de 1808 se contabilizaban nada menos que 2.111 enfermos y heridos, según los estados citados por Arcarazo. No era su capacidad ordinaria; era el resultado de cincuenta días de guerra. Los pacientes capaces de caminar fueron licenciados. Los restantes fueron trasladados a la Real Audiencia, Casas Consistoriales, Lonja, Hospital de Convalecientes y diferentes edificios de la ciudad.
En total, el número de estancias hospitalarias en el Hospital General de Nuestra Señora de Gracia en la Guerra de la Independencia, desde el 1 de junio de 1808 al último día de febrero de 1809, fue de 4.700 de oficiales y 380.083 de personal tropa. No hay constancia del personal civil y vecinos, aunque muchos estarían incluidos en las listas de personal de tropa.
El complejo terminó incendiado y prácticamente destruido. Algunas fuentes sitúan el comienzo del incendio general en los primeros días de agosto; posteriormente Palafox ordenó destruir partes restantes del propio Hospital ya parcialmente derruido para impedir que fueran utilizadas militarmente por los franceses, pues atacaban desde esa zona para entrar en Zaragoza.
En el año 1814 apenas quedaban secciones de muros y de las antiguas salas. Nunca se pensó en reconstruirlo en el mismo lugar. Sus funciones se trasladaron al Hospital de Nuestra Señora de la Piedad o de Convalecientes, fundado por el arzobispo Diego de Castrillo en 1677 y construido en las décadas siguientes, situado en la actual calle Ramón y Cajal.
Aquel hospital provisional terminó convirtiéndose en definitivo. El Hospital de Convalecientes heredó la personalidad, el nombre y buena parte de las funciones del antiguo Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia. Los terrenos del viejo hospital acabaron integrándose en la gran transformación urbana que produciría el futuro paseo de la Independencia y la actual plaza de España.
El Hospital de Nuestra Señora de Gracia fue durante casi cuatro siglos simultáneamente hospital general, hospital quirúrgico, maternidad, inclusa, institución psiquiátrica, centro asistencial para pobres, establecimiento docente, centro anatómico, botica, propietario inmobiliario, empresario teatral e incluso impresor. Se le considera una de las instituciones hospitalarias más relevantes de España en la Edad Moderna y con proyección internacional. Durante el siglo XVI fue considerado uno de los cinco grandes hospitales generales españoles.
Julio Puente


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