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31.8.26
Bailo Día 15: Encuesta de TIPS y me quito la responsabilidad
El municipio oscense de Bailo cada año organiza una subida a San Juan de la Peña por haber sido sede real antes del traslado de la capital de los Aragón a Jaca, planificada con posteriorida por Sancho Ramírez como ciudad capital. El copón de la Última Cena se subió al cenobio benedictino desde este lugar que lo recibió en un periplo para esconderlo de las razzias islámicas por el que fue trasladado de Huesca a Siresa y San Adrián de Sasabe, primera sede obispal de los Aragón. Y en Bailo dicen las crónicas que estuvo más de veinte años entre 1014 y 1035.
Así esta villa histórica nuclear en la Jacetania sudoccidental forma parte de la Ruta del Santo Grial que por sus lugares de Arbués y Alastuey, pistas y sendas de los montes arrasados por el incendio, subía por Cuculo a San Juan entre impenetrables pinares con manchas de carrascas y rebollos con sotobosque de boj en los pisos inferiores. De San Juan, la actual ruta discurriría por las Cuevas de Yebra de Basa, tendría un hito fundamental en la visita de San Pedro el Viejo y después sigue por Zaragoza (con La Seo y la Aljafería como jalones) hasta morir, discurrido el Camino Real que pasa por Daroca, Teruel, Segorbe y Sagunto, en la Catedral de Valencia en que se custodia la reliquia.
Menuda historia la de este lugar de menos de doscientas almas en que se hace uno de los mejores panes de Aragón donde el horno de Lesmes, nadie lo diría cuando se le ve abajo desde el Puerto de Santa Bárbara. Es el típico sitio en que hay que huir de los tips, de las encuestas, respirar pasado y recorrer sus calles de casas blasonadas con tejados a cuatro aguas y puertas de arco de medio punto que denotan su importancia histórica.
Ni el pueblo de Martes, aunque indirectamente sí, tiene relación con el día de la semana sino que el mismo se halla dedicado al dios Marte con templos abundantes dedicados, ni Bailo etimológicamente tiene relación con danzar u honra a San Pascual Bailón, aunque haga mucha gracia la coincidencia. Sino que este solar matriz de los infanzones con este apellido y Achesa, Samper, Cirés y Fanlo, preside el agujero geográfico o subcomarca sur de la Canal de Berdún del que es núcleo central y que porta el bello nombre de “O Bailés” (en la Canal, el orinal de Bailo porque caen muchas tormentas). Serían en su romano día al parecer los valles y predios adscritos a la villa o pardina aislada -de pratina: pequeño prado cercado con mallata y después vivienda con explotación agropecuaria- propiedad del paterfamilias Bagilo o Basilio.
Que este legionario colono sacara a bailar o no a las mocetas de su lugar se desconoce. Lo que se sabe es que se asentó en un valle con vistas y tierras magníficas. La ubicación de la villa es perfecta, un balcón para divisar los picos de los valles occidentales pirenaicos nevados, y fue un núcleo esencial en la calzada romana entre Osca y Iacca. Aun hoy oficia este servicio aunque se le haya subido a las barbas Puente la Reina como hospital de entrada a la Val d’Echo y Ansón.
Sus fiestas de agostos suspendidas y montes de los que alguno extraerán y aprovecharán los troncos quemados, cuanto más datos que aparecerán con el tiempo demos peor, menos permiten ceñir el presente y futuro de Bailo a uno de esos escuetos informes de comprobación o fiscalización tan comunes en la administración, de origen americano, con los que dan y quitan contratos. Para reflejar lo absurdo de su falta de alma, lo extraño y sucio moralmente de que tantos se quiten con ellos su responsabilidad y pasándolos duerman tranquilos aun quemándose 15.000 hectáreas, planteamos los siguientes tips a todos los secretarios de ayuntamientos de Aragón, a los interventores y Cámaras de Cuentas (preferimos no llegar a los órganos consultivos compuestos por políticos que informan modificaciones de contratos), como a los técnicos que tendrán que informar mediante periciales en el juicio que va a tener lugar en el Juzgado de Jaca.
Se supone que los técnicos responden los tips en una situación concreta, no analizan las variables de introducir que en expedientes adjudicados hubiera habido que presentar, al menos, tres alternativas o cuatro de las que escoger una para una cuestión tan delicada como gestionar el territorio. Se analiza una, y si llega, Sed lex dura lex, les pasarán lo acontecido y la verdad será su traducción formal. Pero en una encuesta que se plantea lo que debería ser, la gestión de los bosques según el concepto socrático de bosque (lo que ya les conviene, no lo que se ha quemado sino “la gestión” de la que están hablando), reconducimos los tips a que se peguen más a la realidad de lo quemado. He elegido los siguientes, sujetos a ampliación por los municipios afectados y sus vecinos:
1.- Ya se está planteando en el juicio, cómo si en una situación de sequía extrema con los agricultores sin poder cosechar ni por las noches se permite continuar ejecuciones de obras públicas (para todas las preguntas, hay que poner si fiscalizamos favorable, desfavorable o se tira pa’lante con observaciones de qué modelo alternativo sería más eficiente pero que hay propuesta política y tal de lo contrario y que la vida no es justa, pero el principio de igualdad).
2.- Cuánto han costado en números finales las extinciones de los incendios de Jacetania y Cinco Villas en millones de euros, hablamos del millar de efectivos final venidos hasta de otras Comunidades y Francia, las ayudas y subvenciones, compensaciones a agricultores… respecto de lo que hubiera costado gestionar esta superficie forestal y el presupuesto que Aragón dedica metiendo todos los gastos en un ejercicio como programa.
3.- Por qué se pasaron de 200 a 1000 efectivos contando de doscientos en doscientos.
4.- Cuando determinados expertos mencionan que el bosque cuya maleza rebrota cuatro o cinco veces por añada puede ser explotado para biomasa con aprovechamiento de biodiesel, a qué se están refiriendo. ¿A la fábrica de pellets de Forestalia de Erla? ¿A implantar en Monzón o Barbastro plantas de este tipo?
5.- Si las serrerías de Ansó y Echo tuvieron que cerrar por poco rentables, ¿qué ayudas o planes de negocio tiene la del Valle de Roncal en Burgi que sí está abierta y recibe limpiezas de kilómetro cero? Recordemos que esas empresas y su cierre, fueran propiedad de valle o como el vino del Somontano al principio soportadas por Aragón o DPH, supusieron dejar de tener un tejido y tradición industrial que garantizaba 40 nóminas en municipios con dificultades para mantener las escuelas hoy.
6.- Si la Diputación y las comarcas siguen apostando por los Festivales, por contratos para desbrozar alrededor de los pueblos oscenses más próximos a montes, por centros de co-working y banda ancha aún hoy, cuántos puestos de trabajo se generan con estas nuevas necesidades y su mantenimiento en el medio rural.
7.- Ante la destrucción de empleo en la construcción, fontanería, ebanistería y otros gremios en el medio rural, ¿no sería la hora como oportunidad que da la presente crisis de revisar qué está pasando con los servicios más allá de la agroalimentación y hostelería?
8.- Empalmando esta pregunta con la anterior, qué sucede con los contratos menores para necesidades que concatenan pues se repiten y adjudicárselos a las comunidades rurales y sus empresarios como se hace con los vermús de cada fiesta, las orquestas, las vaquillas y las actuaciones culturales. Por qué esos contratos tienen tratamiento como privados pero las obras y desbroces no, donde ya no queda competencia pero hay que salvaguardar al último carpintero de 62 que queda. Que en Japón estaría protegido como artesano tradicional.
9.- Por qué es en septiembre cuando se anuncia que se solucionará el incremento de efectivos de las brigadas de extinción y sus reivindicaciones laborales.
10.- Cuánto se invierte en maquinaria especializada o se contrata para extinguir este tipo de incendios en relación a cuánto costaría crear y compensar desbroces a empresas comarcales a implantar en el territorio. Es decir, para qué la comarcalización en este tema.
31.08 Luis Iribarren
Santo Dominguito del Val fue festivo en Zaragoza
El jueves 31 de agosto de 1978 fue festivo laboral en Zaragoza, conmemorando a Santo Dominguito de Val, un festivo que nunca se ha repetido. Curiosidades de nuestra Zaragoza Sí.Y he podido encontrar la explicación, y parece bastante más sencilla de lo que cabría imaginar: el 31 de agosto de 1978 fue festivo en Zaragoza por una circunstancia excepcional del calendario laboral de aquel año, no porque se celebrase un centenario especial de Santo Dominguito de Val. El Ayuntamiento de Zaragoza decidió que para 1978 debían considerarse fiestas locales el 19 de junio, San Lamberto (lunes) y el 31 de agosto, Santo Dominguito de Val (jueves).
Posteriormente, la Orden del Ministerio de Trabajo de 17 de febrero de 1978 incorporó oficialmente esas dos fechas al calendario laboral. Por entonces no se celebraba todavía la Cincomarzada, el día de San Valero caía en domingo como San Jorge y hubo que improvisar pues era y es obligación disfrutar de dos días locales como festivos laborales por la ciudad de Zaragoza. Ahora hay veces que se añade alguna fecha muy cercana al 12 de Octubre, Día del Pilar.
Según la tradición eclesiástica, su muerte se situaba el 31 de agosto de 1250, y por eso ese día era —y sigue siendo en la diócesis de Zaragoza— una fecha de fiesta litúrgica. En 1978 se cumplirían 728 años, por lo que no era ningún centenario ni aniversario redondo.
Esto explica también por qué la excepcionalidad desapareció inmediatamente. Al año siguiente en 1979, San Valero cayó en lunes y San Jorge también en lunes, y Zaragoza volvió a elegir oficialmente precisamente esas dos fechas: 29 de enero y 23 de abril.
Posteriormente cambió otra vez el sistema, cuando San Jorge pasó a convertirse en festivo aragonés, y Zaragoza pudo dedicar sus dos fiestas específicamente locales a San Valero y la Cincomarzada, combinación que encontramos ya claramente documentada en los años ochenta y que continúa hoy.
Santo Dominguito de Val es una figura tradicional de Zaragoza, vinculada a la Seo y a los “infanticos” del Pilar que tienen su sede física en el interior de la Seo. Según la tradición zaragozana, Domingo de Val habría nacido en Zaragoza hacia 1243, hijo del notario Sancho de Val e Isabel. A los siete años sería infante de coro o seise de la Catedral del Salvador, La Seo, participando en el canto y en el servicio litúrgico. La tradición sitúa su muerte el 31 de agosto de 1250, durante el reinado de Jaime I y siendo obispo de Zaragoza Arnaldo de Peralta.
Hay un relato tradicional que parece claramente falso, y que sostiene que fue secuestrado por un judío llamado Mosé Albayuceto y entregado a miembros de la aljama judía zaragozana, quienes lo habrían crucificado para reproducir la Pasión de Cristo. Después habrían mutilado y ocultado el cadáver junto al Ebro, y que un resplandor habría permitido encontrar los restos, que fueron llevados primero a San Gil y posteriormente a La Seo. No existe documentación de este hecho, y al contrario, varios indicios a que suena a una noticia bulo anti judio, pues los datos y relaciones entre la Monarquía de Aragón y los judíos en esa época era buena.
Incluso sabemos que lo más riguroso sería decir que no consta una canonización formal romana equivalente a la de los santos canonizados mediante un proceso pontificio. Un estudio académico de Gómez Zorraquino señala expresamente que los esfuerzos realizados por la iglesia aragonesa no consiguieron su canonización en Roma y que su santidad se fundamentó esencialmente en un culto tradicional. Además, Santo Dominguito no figura en el Martirologio Romano.
Santo Dominguito de Val es tradicionalmente patrono y protector de los Infanticos de Zaragoza, es decir, de los niños de la Escolanía que sirven y cantan en el Pilar y La Seo. Pero no de todos los monaguillos españoles, que tienen otros santos particulares como San Tarsicio o Santo Domingo Savio.
A finales del siglo XIX existía en Zaragoza un Patronato o Sociedad de Santo Dominguito de Val, de carácter benéfico, relacionado con la atención y educación de niños pobres. Un estudio publicado por el Ayuntamiento recoge en 1898 las relaciones entre la naciente sociedad de beneficencia La Caridad y el que era anterior "Patronato de Santo Dominguito de Val". Esta institución mantenía un asilo-escuela para niños necesitados, del que se preveía de niños cantores a los llamados Infanticos del Pilar.
30.8.26
El sueño del Teatro Fleta. El teatro de debía haber sido… y en sueño se quedó
Hay edificios que envejecen y edificios a los que dejamos envejecer. Los primeros sufren el paso del tiempo; los segundos padecen algo bastante peor: el paso de las administraciones.
Y luego están aquellos que ni siquiera tuvieron la oportunidad de envejecer, porque desaparecieron por el camino como si por Zaragoza hubiera pasado Atila con una piqueta y bastante tiempo libre.
Cada vez que paso por delante de lo que queda del antiguo Gran Teatro Fleta pienso lo mismo: si en Zaragoza hubiera que conceder un premio a la paciencia, probablemente habría que entregárselo a él.
Aunque, después de tantos años cerrado, quizá tampoco encontraríamos dónde celebrar la gala.
Yo no conocí aquel primer Fleta de los años cincuenta, pero sí he escuchado hablar de él a quienes lo vivieron, en aquella Zaragoza en la que ir al cine o al teatro era todo un acontecimiento.
Antes estuvo allí el Iris Park, construido en 1931 como complejo dedicado al ocio y los espectáculos. Aquel recinto desapareció y sobre su solar se levantó el edificio diseñado por José de Yarza García, inaugurado en 1955 como Teatro Iris.
En 1958 pasó a llamarse Teatro Fleta, aunque para muchos zaragozanos siempre fue, sencillamente, el cine Fleta.
El homenaje a Miguel Fleta no era casual. El tenor aragonés ya había actuado sobre las tablas del viejo Iris Park. En abril de 1935 cantó allí Carmen, Marina, Doña Francisquita, Luisa Fernanda y La Dolorosa.
De alguna manera, cuando el nuevo recinto recibió su nombre, Fleta volvía a aquel escenario.
El edificio, con 1.710 localidades, servía tanto para representaciones como para proyecciones cinematográficas. Por su pantalla pasaron títulos como Marcelino, pan y vino, Muerte de un ciclista, E.T., el extraterrestre o Indiana Jones y el templo maldito. Finalmente llegó La máscara del Zorro, la última película antes del cierre.
Y siempre me ha parecido una ironía difícil de mejorar.
Porque después al Fleta no le habría venido nada mal un Zorro que acudiera a rescatarlo.
Pero no apareció.
Se bajó el telón.
Se apagó el proyector.
Y comenzó otra representación muchísimo más larga y bastante menos entretenida: la del abandono.
Un drama prolongado durante décadas, casi digno de Wagner o Mozart, aunque con una diferencia importante: aquí no parece haber libreto definitivo, ni acto final, ni director capaz de indicar cuándo termina la función.
El Gobierno de Aragón había adquirido el inmueble en 1998 con la intención de recuperarlo como gran equipamiento cultural. Hubo proyectos y obras, paralizadas en 2003.
Desde entonces asistimos a una representación que podríamos titular «A ver qué hacemos con el Fleta».
Aunque quizá el título se quede corto.
Bien podría ser la versión aragonesa de La historia interminable.
Han pasado gobiernos, legislaturas, proyectos, estudios y anuncios. Se habló de un gran espacio escénico, del Centro Dramático Aragonés, de la Filmoteca y de otros usos audiovisuales.
Propuestas no han faltado.
Lo que ha faltado, hasta ahora, es el final.
Y resulta todavía más difícil de entender porque Zaragoza no permaneció culturalmente quieta mientras el Fleta esperaba.
En 1994 abrió el Auditorio de Zaragoza, necesario para ampliar una oferta que no podía descansar únicamente sobre el histórico Teatro Principal. Después llegó el Palacio de Congresos, construido con motivo de la Expo 2008 y que también acoge musicales y espectáculos. Ahí están igualmente el Teatro del Mercado y el Teatro de las Esquinas.
Principal, Auditorio, Palacio de Congresos, Mercado, Esquinas...
Y en ese puzzle sigo viendo una pieza pendiente: el Fleta.
No porque sobren los demás. Precisamente porque hacen falta todos. Un auditorio no es un teatro, un palacio de congresos cumple otra función y el Principal no tiene por qué asumir por sí solo toda la actividad escénica de Zaragoza.
Mientras todo esto ocurría también fueron desapareciendo muchas de aquellas salas de cine que acompañaron a varias generaciones.
He escuchado hablar del Elíseos, Gran Vía, Mola, Coliseo, Pax, Goya, Argensola, Doré, Coso, Avenida, Buñuel, Cine Norte o Cine París.
Y curiosamente muchos de esos nombres no pertenecen únicamente a los recuerdos que otros me transmitieron.
También forman parte de mi infancia y juventud.
Porque la memoria de una ciudad se recibe, pero también se construye. Y cuando recordamos aquellos cines rara vez recordamos solo una película: recordamos la calle, la entrada, la cola, con quién fuimos, las butacas y hasta aquel olor tan particular.
Algunos edificios siguen siendo reconocibles aunque tengan usos muy diferentes. El Elíseos terminó convertido en hamburguesería, conservando buena parte de su decoración. El Gran Vía tuvo también destino de hamburguesería. El Coliseo alberga hoy una conocida tienda de ropa y donde estuvo el Pax encontramos la Casa de la Iglesia.
El Cine París tuvo incluso varias vidas: dejó de ser cine, se convirtió después en espacio cultural vinculado a una entidad bancaria y hoy alberga actividad comercial.
Podremos sentir nostalgia, pero aquellos lugares tuvieron un destino.
El Fleta consiguió algo bastante más complicado:
dejar de ser teatro y cine sin llegar a convertirse en nada.
Y ahí sigue.
Han cambiado los cines, nuestros hábitos, las películas, los gobiernos y Zaragoza.
Lo que parece no haber cambiado es la situación del Fleta.
Hay además otra paradoja.
El Auditorio ha sido recientemente rebautizado como Auditorio de Zaragoza Princesa Leonor. Una decisión legítima.
Pero resulta curioso que una ciudad capaz de encontrar un nuevo nombre para uno de sus grandes equipamientos culturales lleve décadas sin recuperar el que ya lleva el nombre de uno de nuestros artistas más universales.
Miguel Fleta fue una figura internacional de la lírica y el tenor que interpretó a Calaf en el estreno mundial de Turandot de Puccini en La Scala de Milán, en 1926, bajo la dirección de Arturo Toscanini.
Un siglo después recordamos aquella voz, pero mantenemos cerrado el teatro que lleva su nombre.
Y eso que Zaragoza también conserva su recuerdo en una de sus grandes arterias: la avenida del Tenor Fleta.
Pero una avenida no canta, no interpreta una ópera, no levanta un telón ni llena un patio de butacas.
Para mí, ahí está la diferencia entre recordar y homenajear.
No creo que sirva ya de mucho discutir qué partido, Gobierno o responsable acumula más culpa. Han pasado demasiados años y demasiadas legislaturas. Hay responsabilidad suficiente para repartirla con generosidad.
Quiero saber qué futuro tiene el Fleta, qué puede conservarse, qué usos son viables, cuánto costaría recuperarlo y, sobre todo, cuándo se hará.
Incluso podríamos pedir algo revolucionario: que aquello que se anuncie termine haciéndose.
Y ojo, tampoco estoy diciendo que Zaragoza carezca de oferta cultural. Sería injusto. Y menos todavía en una ciudad que aspira a ejercer un papel destacado como Capital Europea de la Cultura.
Precisamente por eso creo que hay que ser más ambiciosos.
Recuperar el Fleta, sí. Pero también mirar hacia adelante, llevar más cultura a los barrios, descentralizar parte de la oferta y crear espacios donde puedan convivir teatro, música, cine, exposiciones, formación y actividades para todas las edades.
Incluso se me ocurre un lugar en la margen izquierda, a apenas cinco minutos del Pilar, que podría convertirse en un espacio cultural realmente interesante.
Pero esa es otra historia.
Y de ella hablaré en otra ocasión.
Porque hoy hablamos del Fleta y, en el fondo, no hablamos solamente de recuperar un edificio.
Hablamos de qué hacemos con nuestra memoria cuando todavía estamos a tiempo de conservarla.
El Fleta, a diferencia de muchos de aquellos cines, todavía está ahí. Podemos verlo y aún podemos decidir qué queremos hacer con él.
Por eso, si finalmente lo perdemos, no podremos decir que no lo vimos venir.
Y quizá ahí esté también la ironía del título.
El sueño era recuperar el Fleta, devolverle la vida, volver a abrir sus puertas y conseguir que escenario y pantalla dejaran de permanecer en silencio.
Pero aquel sueño lleva tantos años aplazándose que corre el riesgo de convertirse definitivamente en eso: en un sueño.
Y los sueños, cuando duran demasiado, a veces terminan despertándonos delante de un solar, de una fachada vacía o de una placa que nos recuerda lo que hubo allí.
Miguel Fleta ya tiene su avenida y su lugar en la historia.
Lo que le falta a Zaragoza es recuperar su teatro.
Mientras tanto seguirá viendo pasar el tiempo y viendo pasar Zaragoza, casi como la Puerta del Carmen: inmóvil mientras a su alrededor circulan coches, pasan generaciones y la ciudad cambia.
Con una diferencia.
La Puerta del Carmen sigue cumpliendo su función como monumento y testigo de nuestra historia.
El Fleta continúa esperando que alguien le devuelva la suya.
Quizá ya sea hora de que deje de contemplar cómo pasa el tiempo.
Y vuelva, por fin, a levantar el telón.
Porque, como sigamos esperando un poco más, igual cuando queramos hacerlo ya no queda ni telón.
Y donde un día estuvo el Fleta terminamos encontrándonos unos apartamentos turísticos modulares, unos pisos con piscina en la azotea o, puestos a soñar a lo grande, un rascacielos como los que empiezan a dibujar el entorno de la estación de Delicias.
Entonces, eso sí, quizá alguien coloque una placa:
«Aquí estuvo el Gran Teatro Fleta».
Y ya tendremos completo el homenaje.
Un nombre, un recuerdo… y ningún teatro.
Carlos Masa



