Cuenta Faustino Casamayor en su diario de los Sitios de Zaragoza, que el día 15 de junio de 1808 se libró la primera batalla fuerte en las puertas de Zaragoza ciudad. El texto es histórico, no es agradable de leer, indica sobre todo lo cruel que son siempre las guerras, vengan de donde vengan, y lo inútiles que representan los sacrificios, vistos desde el lugar de la historia. Hablamos de una ciudad entera que se enfrentaba a su invasión, pero a la vez a un acto de ataque y defensa de miles de ciudadanos que morían sin un objetivo claro. Veamos lo acontecido aquel día en Zaragoza.
Zaragoza carecía de murallas formales y contaba con una exigua guarnición militar regular. El ejército francés, sin embargo, estaba compuesto por unos 6.000 veteranos fogueados. Los combates más intensos tuvieron lugar en las afueras de la ciudad, en la zona conocida como las Eras del Rey (área que hoy abarca el Paseo de María Agustín y la zona de la Plaza del Portillo). Los habitantes de aquella Zaragoza no llegaban a las 50.000 almas.
Muy por la mañana ya se dio aviso a la población de que los franceses, ufanos con la victoria en Tudela, Mallén y Alagón, se iban acercando a Zaragoza, con cuya noticia se alarmó todo Zaragoza, para esperarlos con todas las armas preparadas y así poder oponer todos los obstáculos para que no lograran tomar la ciudad, para lo que se tocó la generala en toda la ciudad.
Se realizaron misas cantadas con rogativas mientras que las religiosas de Santa Inés se trasladaron a Santa Fe, las de Santa Lucía a la Enseñanza y las de las Fecetas al colegio de las Vírgenes. Los conventos más en la periferia de Zaragoza sabían que si entraban los franceses iban a ser violentadas todas ellas.
Antes de la una del mediodía se acercaron las tropas francesas a las puertas de esta ciudad, se divisaron bajando por Torrero y Santa Bárbara con todo su ejército a las órdenes del General Lefebvre e inmediatamente se les hizo con los cañones colocados en las puertas del Portillo, Carmen y Santa Engracia.
En el largo rato que duró la batalla fueron muchas peleas, se rompió parte de la puerta del Carmen y llegaron a entrar los franceses por esa zona y el cuartel del Caballería, y muertos y cogidos prisioneros cuantos entraron a las calles de la ciudad.
Desde la plaza la del Portillo, también llegaron a introducirse en la plaza, donde la artillería colocada junto a las tapias de Santa Inés los hizo arrinconar hacia el cuartel de Caballería cerca de la plaza de toros en donde entraron y en los propios pasillos de edificios fueron reprimidos y se luchó cuerpo a cuerpo, y allí fueron muertos muchos franceses por los defensores de Zaragoza, que disparaban desde la casa de Misericordia, y se tiraron a por ellos viendo que los franceses ya habían entrado en la ciudad, sin más defensa que el cuerpo a cuerpos y lograron retirarlos a vivo fuego, sin ni siquiera estar Palafox en Zaragoza, pues se había ido hacia Belchite.
El coronel de Caballería Mariano Renovales salió a últimas horas de la mañana con 150 hombres por la puerta del Ángel (junto al Puente de Piedra) y tras bordear toda la ribera del Huerva había conseguido unas posiciones de tiro muy favorables contra el flanco derecho francés, por detrás de donde ellos estaban disparando contra la ciudad.
Posteriormente, con al suma de más militares que había salido del Cuartel de San José, incluso lanza un furioso contraataque junto al Huerva, consiguiendo hacer retroceder las avanzadillas enemigas hasta el monasterio de los Capuchinos (actual biblioteca de la calle Doctor Cerrada), dejando los franceses abandonadas cuatro banderas y cinco cañones.
Los franceses finalmente se retiraron aquella luctuosa jornada de Zaragoza. Dicen los datos que los muertos franceses pasaron de 700 y de nuestra parte hubo bastantes pero sin dar datos, lo que nos lleva a pensar que tuvieron que ser al menos varios centenares de zaragozanos los que cayeron aquel día, y se habló de unos 300 fallecidos entre los zaragozanos.
Los franceses tiraban con los morteros que hacían un gran destrozo en las murallas y en las personas que refugiadas en ellas disparaban a los atacantes, y que debemos recordar que los zaragozanos en muchos casos no eran soldados y no tenían formación militar en defensa.
Dicen las Crónicas que los fusileros del Reino de Aragón o Miñones, mandados por su Comandante el Coronel D. Antonio Torres ayudado de su hermano D. Gerónimo fueron los que más se distinguieron, y las compañías mandadas por su jefe D. José Obispo también , pues los Dragones estuvieron muy flojos.
Duró aquella batalla todo el día, hasta más de las siete de la tarde, cuando los franceses vieron la gran pérdida que habían sufrido, y decidieron que era hora y momento de retirarse, llevándose algunos prisioneros, hasta más allá de la Casa Blanca y ermita de Santa Bárbara donde pasaron la noche.
Al día siguiente, el general Palafox, ya en Zaragoza, hizo un comunicado o Bando del que os dejo el texto a continuación:
Los franceses finalmente se retiraron aquella luctuosa jornada de Zaragoza. Dicen los datos que los muertos franceses pasaron de 700 y de nuestra parte hubo bastantes pero sin dar datos, lo que nos lleva a pensar que tuvieron que ser al menos varios centenares de zaragozanos los que cayeron aquel día, y se habló de unos 300 fallecidos entre los zaragozanos.
Los franceses tiraban con los morteros que hacían un gran destrozo en las murallas y en las personas que refugiadas en ellas disparaban a los atacantes, y que debemos recordar que los zaragozanos en muchos casos no eran soldados y no tenían formación militar en defensa.
Dicen las Crónicas que los fusileros del Reino de Aragón o Miñones, mandados por su Comandante el Coronel D. Antonio Torres ayudado de su hermano D. Gerónimo fueron los que más se distinguieron, y las compañías mandadas por su jefe D. José Obispo también , pues los Dragones estuvieron muy flojos.
Duró aquella batalla todo el día, hasta más de las siete de la tarde, cuando los franceses vieron la gran pérdida que habían sufrido, y decidieron que era hora y momento de retirarse, llevándose algunos prisioneros, hasta más allá de la Casa Blanca y ermita de Santa Bárbara donde pasaron la noche.
Al día siguiente, el general Palafox, ya en Zaragoza, hizo un comunicado o Bando del que os dejo el texto a continuación:
“Aragoneses: Vuestro heroico valor en la defensa de la causa más justa que puede presentar la historia se ha acreditado en el día de ayer con los triunfos que hemos conseguido.
El 15 de junio hará conocer a toda Europa vuestras hazañas y la historia las recordará con admiración. Habéis sido testigos oculares de nuestros triunfos y de la derrota completa de los orgullosos franceses que osaron atacar nuestra capital. Tuvieron que sufrir 700 muertos, un número considerable de heridos, 30 prisioneros y muchos desertores que se han pasado a nuestras banderas son el fruto de su temeridad. Hemos tomado 6 cañones de batallón, 6 banderas, una caja de guerra, varios caballos, fornituras y armas y no debemos dudar que todo el ejército que ha entrado en Aragón expiará sus crímenes y quedará deshecho. Continuad pues, valerosos aragoneses, con el ardor y noble espíritu de que estáis animados. Ved la heroica conducta de las Zaragozanas que inflamadas todas del amor a su Patria a su rey y su religión, corren presurosas a prestaros todo género de auxilios.
En breve se os agregarán un sinnúmero de tropas veteranas, que envidiosas de vuestras glorias y deseosas de tener parte en ellas, vienen caminando a marchas dobles; mientras tanto, vosotros todos, clero, comunidades, madres de familia y demás ciudadanos, que ya concurriendo personalmente al combate, ya proveyendo de todo a vuestros conciudadanos, habéis contribuido tan eficazmente a conservar la capital de vuestro reino y la dignidad de la Nación, seguid fervorosos vuestras oraciones al Todopoderoso e interponed la mediación de vuestra Augusta y Santísima Madre del Pilar, vuestra Protectora para que bendiga nuestras armas y afiance nuestras victorias exterminando del todo al ejército francés.—Cuartel General de Aragón.—16 de junio de 1808.—Palafox. ”
El 15 de junio hará conocer a toda Europa vuestras hazañas y la historia las recordará con admiración. Habéis sido testigos oculares de nuestros triunfos y de la derrota completa de los orgullosos franceses que osaron atacar nuestra capital. Tuvieron que sufrir 700 muertos, un número considerable de heridos, 30 prisioneros y muchos desertores que se han pasado a nuestras banderas son el fruto de su temeridad. Hemos tomado 6 cañones de batallón, 6 banderas, una caja de guerra, varios caballos, fornituras y armas y no debemos dudar que todo el ejército que ha entrado en Aragón expiará sus crímenes y quedará deshecho. Continuad pues, valerosos aragoneses, con el ardor y noble espíritu de que estáis animados. Ved la heroica conducta de las Zaragozanas que inflamadas todas del amor a su Patria a su rey y su religión, corren presurosas a prestaros todo género de auxilios.
En breve se os agregarán un sinnúmero de tropas veteranas, que envidiosas de vuestras glorias y deseosas de tener parte en ellas, vienen caminando a marchas dobles; mientras tanto, vosotros todos, clero, comunidades, madres de familia y demás ciudadanos, que ya concurriendo personalmente al combate, ya proveyendo de todo a vuestros conciudadanos, habéis contribuido tan eficazmente a conservar la capital de vuestro reino y la dignidad de la Nación, seguid fervorosos vuestras oraciones al Todopoderoso e interponed la mediación de vuestra Augusta y Santísima Madre del Pilar, vuestra Protectora para que bendiga nuestras armas y afiance nuestras victorias exterminando del todo al ejército francés.—Cuartel General de Aragón.—16 de junio de 1808.—Palafox. ”

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