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31.3.26

Hablemos de economía y de personas en Aragón


No sé cuál es el motivo por el que el llamado criterio histórico haya desaparecido de nuestros debates particulares. Todo lo que sucede, lo que nos sucede, ya ha sucedido antes. Y lo tuvieron que lidiar como pudieron, y dejó consecuencias que se tuvieron que sufrir.

Ahora voy a hablar de Aragón, aunque con ese inicio de entrada podría hablar de Irán o de Gaza, de Ucrania o de Cuba. Pero no, voy a intentar hablar de Aragón y de sus problemas.

El principal problema que nos condiciona todo en Aragón es la despoblación con un envejecimiento acusado y baja natalidad. 

Ya hay un vaciamiento y que además van en crecimiento, en amplias zonas aragonesas, especialmente en la provincia de Teruel y parte de la de Huesca o incluso en la de la Zaragoza interior.

Y a su vez hay una concentración creciente de la población aragonesa en Zaragoza capital y su área. ¿Es positivo o negativo que crezca Zaragoza ciudad? Pues eso depende.

Y esa realidad mal explicada, nos lleva a que medio Aragón odie al que considera que es su problema, y a su vez su madrastra, la ciudad de Zaragoza, cuando en realidad la despoblación es una decisión nada fácil de personas que, en su derecho a la libertad, deciden irse de sus poblaciones menores. En parte por no haber sido capaces TODOS los aragoneses de buscar soluciones antes de que el problema se ya inevitable.

En los últimos 50 años se estima que el Aragón de las localidades de menos de 5.000 habitantes ha perdido unos 200.000 habitantes. Posiblemente alguno más.

Pero esos aragoneses no siempre se han ido a aumentar los habitantes de Zaragoza ciudad, donde se calcula una llegada de unos 100.000 de esos aragoneses. Otros 20.000 se han ido a ciudades aragonesas mayores de esos 5.000 habitantes (son 26 localidades).

Y tendríamos otros 90.000 aragoneses de las zona rurales que se habrían ido fuera de Aragón o fuera de España. Cifras todas ellas que siendo aproximadas deberían servirnos para al menos intentar afinarlas como análisis de uno de nuestros problemas mayores. La despoblación.

Es importante saber los motivos, también los motivos del lugar elegido, para saber qué se puede trabajar mejor para intentar revertirlo en parte. Solo en parte, pues admito que no es un problema solo de Aragón ni de España.

Seamos sinceros. Esto nos importa sobre todo porque contra menos población activa, tenemos menos tejido empresarial y menor recaudación en impuestos para nuestro territorio, es decir, para el resto de los aragoneses. Que las personas, en este caso, los aragoneses decidan libremente irse, es su decisión y posiblemente sea para irse en busca de mejores futuros. Si queremos incidir en que esto no suceda, no es tanto por ellos, sino por el resto y por el propio Aragón y su futuro.

Cuantos menos aragoneses seamos, el coste por habitante de servicios públicos se dispara y es muy alto en las zonas dispersas. El riesgo es entrar en una “espiral de irreversibilidad” en comarcas con densidades poblacionales muy bajas. Unos se van, dejan una sensación de vacío, se disparan los costos de los servicios, se entregan de peor calidad y otros ven que también se tienen que ir.

No hay soluciones fáciles para esta situación. Pero admitirla sin más no es tampoco la solución que debamos aceptar. Hay que analizar las soluciones de una repoblación selectiva con oficios y trabajos que encajen bien en población pequeñas. Pero debe ser una migración muy bien aceptada por los receptores, algo que no siempre es sencillo, deben encontrarse un tejido de servicios mínimos que sea amplio, y deben intentar garantizarse una duración de estas migraciones que sea superior a los actuales tiempos de retorno o movilidad social.

No solo la tecnología es capaz de encontrar nichos laborales en los entornos menores, también el turismo, la salud natural, la energía o el trabajo agrícola muy especializado pueden ser los primeros puntos de sujeción para esas nuevas familias.

A su vez no debemos caer en el error de que se almacén de otras economías suponga un beneficio para nuestro territorio. Y cuando digo "almacén" me refiero a toda la amplitud de la palabra. No nos sobra territorio, pero a veces sí nos sobran decisiones regulares que intentamos vender como muy buenas. 

Podemos ser el almacén de Amazon o de Apple, de Microsoft o de los purines catalanes, pero eso son solo pequeños datos no suficientes para Aragón. Y si creemos que nuestra solución pasa por ser terreno pasivo en el aprovechamiento de las energías naturales, es posible que nos resulte rentable un poco, para empresas que no están asentadas en Aragón, pero (casi) nada en absoluto para los ciudadanos que viven desde esa despoblación aragonesa.

Esos procesos como complementos sirven, como únicos motores contra el Aragón despoblado no sirven. La logística sirve para una posición geográfica y estratégica muy importante como es Zaragoza ciudad, pero no sirve de nada para centenares de pequeñas poblaciones aragonesas muy envejecidas.

Colonizar energéticamente Aragón, alquilar nuestro territorio para sacar migajas, es pan para hoy, hambre para mañana. Hay que aumentar la fiscalidad que llega hacia nuestro territorio, y no solo ser capaces de exportar energía.

Sabemos que parte de los aragoneses que se van de Aragón, son los mejores formados. Y eso es un error o un drama que se añade al hecho de perder habitantes. Se van los que siendo muy buenos, se han formado además con el dinero de todos los aragoneses. El coste como bien sabemos, no solo lo pagan las familias, sino es también un coste público que soportamos todos. 

Si los beneficios de esa inversión la reciben en Birmingham en vez de en Teruel, nos estamos equivocando. Las personas tienen libertad de elegir, pero la sociedad debe saber qué se elige y por qué.

Uno de los problemas que ya estamos viene n Aragón es la excesiva fragmentación de nuestra administración. En Aragón tenemos casi 2.000 núcleos de población, de los que unos 1.500 están habitados (más o menos) y tenemos 731 municipios o ayuntamientos. Nos toca un ayuntamiento por cada 1.850 aragoneses. No es una tontería esto. Lo matizo.

Si lo comparamos con Extremadura y sus 388 ayuntamientos vemos que allí tienen uno para cada 2.720 habitantes. Eso supone gasto público e inoperancia y lentitud en las decisiones. Si lo comparamos con Cataluña nos sale que cada ayuntamiento es mantenido por 8.660 habitantes. 

Como es lógico, todos estos temas dan para mucho debate, para muchas interpretaciones y sin duda, para muchas líneas de actuación. Pero hay que reflexionar si queremos encontrar soluciones que sirven para Aragón. Lo cierto es que contra más ayuntamientos o municipios pequeños, más complejo es ejecutar proyectos complejos, aunque las Comarcas ayuden a veces a desfragmentar la propia administración municipal excesivamente pequeña.

Para acabar os dejo una pregunta una duda, que es posible que en otro apartado intentaré sacar. ¿Cuántos Aragón hay? Sabemos que al menos en el ideario colectivo (a veces muy falso) hay dos, uno se llama Aragón y el otro Zaragoza. ¿Sólo dos? ¿No hay como poco cuatro? ¿Se aman, se entiende, se respetan esos cuatro espacios aragoneses? ¿Qué hacemos o trabajamos los que estamos o hemos estado en el primer o segundo escalón, para que esos espacios aragoneses no se odien?

Julio Puente



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