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2.3.26

Guara Central Sur 3: El Valle de la Gloria. Casbas y Angüés


También hay emigraciones inter comarcales: se refleja en que la ciudad de Huesca se constituyó en primera residencia de agricultores y familias de su plana y Monegros Occidentales incluso a partir de la gestión de los ayuntamientos y diputaciones hija de la Constitución del 78, cuyos principios generales como en tantos campos, tan poco se han aplicado.

La proximidad a esta coqueta capital de servicios viraba las actividades de ocio en un eje radial que incluía a Almudévar, Ayerbe, Gurrea, Grañén, Tardienta y Sariñena, al mismo tiempo que las potenciaba en cuanto a sostener las viviendas familiares con calidad arquitectónica. 

Al este de esta faja, Barbastro concentró por su hospital cierta población de Sobrarbe y Ribagorza como al norte Jaca y Sabiñánigo permitieron, especialmente la segunda y sus puestos de trabajo no temporales, quedarse y disfrutar de nuestro sublime paisaje montañés cuando está vacío, cada martes o miércoles en los que una vida no esquizoide por pasar de lo vaciado a no comer sin reservas es posible.

Las autovías han dado o están a punto de dar la puntilla a negocios y restaurantes de paso en Berdún y puede que hasta en Puente Sardas de Sabiñánigo cuando se termine el trazado total de la autovía Huesca-Pamplona. Fenómeno ya conocido con el desarrollo de la autostrada Osca-Ilerda supuso acortar el viaje a Barcelona en una hora menos. 

Lo que significó que las familias oscenses que retornaban varias veces al año desde Cataluña, destino principal de nuestra emigración, ya no se organizaban para parar en sus Seat Ibiza o su 850 paridos en la Zona Franca y Martorell –orgullo nacional portado por maniobreros oscenses- a mitad de recorrido.

La Panadella con su especialísima barra racionalista, los restaurantes de Almacellas, la panadería y bar con carne a la brasa de la Melusa, el Caballo Blanco de Binéfar más el Acapulco de Monzón –ciudad episcopal que se atravesaba durante dos kilómetros- y, después, el magnífico restaurante de Lascellas, localidad especializada en producir maquinaria para relojes de iglesia, dejaron de ser jalones necesarios para restaurarse con escalibada recién sacada de los rescoldos de parrillas de longaniza a la brasa, de caracoles a la llauna…

No es raro que Relojes Pallás se trasladara a Zaragoza y los restaurantes de autovía, más allá de echar un café, no den ganas de más. Con gloriosas excepciones como el restaurante Monrepós de Nueno. Todos sabemos que, salvo milagro, dejar de esperar en Lanave por finalizarse la autovía Huesca-Sabi supondrá el final de su panadería.

El Gobierno de Aragón anuncia a bombo y platillo creación de puestos industriales, llevar a las granjas de datos a la Puebla de Híjar y mañana a Tardienta por su abundancia de agua, para distraernos de lo que destruye: maestros rurales por falta de niños, empleadas de Correos heridas de muerte por nosotros y el uso de Amazon, puestos de trabajo fabricantes de filtros en la misma PlaZa (de mil a cuatrocientos empleados y bajando en Filtros Mann con la producción sacada al este y ningún nuevo proyecto), ganaderos que cada día dejan la actividad o cobran como artistas en Aragón Televisión… 

Qué decir de los bares y restaurantes de excelente calidad expropiados y vueltos a expropiar.

No es una paradoja: a un territorio o valle no se le expropia únicamente por la expropiación de la propiedad material de sus vecinos con siglos de adaptación al territorio. Sino lo que es peor, y es a lo que me refiero con segunda expropiación: se les despoja de sus puntos de encuentro de carretera que oficiaban como ventanas de introducción de novedades culturales y relatos, consumían el pan de su horno y las verduras de sus huertas y daban lugar a tardes de conversación y placer que solo pueden ser remedadas bajando a Huesca, subiendo a Jaca…

Los proyectos de restitución de la vida que colmataba los días de Siétamo y Angüés, que albergaron y en las que todavía quedan panaderías de postín –despachando los mejores empanadicos con Ayerbe de la provincia-, restaurantes en un entorno luminoso especial y mirando a Peña Guara (donde “La Arboleda”) y la fonda-posada-bar “Los Rosales”, deben ser hijos de una deuda que Aragón ha contraído con buena parte de su población por haber impulsado acortar el viaje entre Zaragoza y sus segundas residencias de Benás en una hora. 

Se han vendido las promociones paridas por la ciudad a cambio de que sea difícil tomarse un café vagabundeando en la misma puerta de Huesca.

Los brotes verde claro abundan, sin embargo, a partir de iniciativas como la librería especializada en gastronomía “De Re Coquinaria” impulsada en Angüés o la celebración en su vecina Casbas de un festival cada verano que porta el orgulloso y precioso nombre de AnAbArca.

La propuesta homenajea a la no muy divulgada poeta zaragozana que vivió durante casi todo el Siglo de Oro español: Ana Franzisca Abarca de Bolea y Mur. Su vida transcurrió hasta su muerte durante numerosos años, como abadesa, en el monasterio cisterciense de Casbas de Huesca. Anexo al mismo, la población que dio servicio a él y como ya tuve ocasión de citar en su plaza y calles dan vida a las vibrantes primeras páginas de la joyeta que, como se ha expresado, repuja el coma biológico al que hemos sumido los lugares, negocios y vida tradicional de la mitad del territorio oscense. 

Aquél en que no se pueda practicar la depredación deportiva y urbanística, la vida rápida desustanciada. La novela que hace llorar a cada altoaragonés pues describe, como “Ordesa” de Vilas”, nuestra vida familiar como lastre de la personal: “Años de Vida”, de Marta Borraz. Recogiendo como Penélope y tejiendo cada hilo de seda de la historia de su familia sin después destejer la urdimbre.

En Casbas se resisten a no ser, el monasterio albergó congresos matemáticos, hoy es sede de un centro de interpretación del aragonés impulsado por otra mujer: Iris Orosia Campos que releva con su pasión a la monja poetisa.

Si queréis adentraros en la vida y hechos de Ana Abarca, amiga entrañable de la generación de Gracián y los Argensola, existe una magnífica obra breve escrita en aragonés y castellano por Ana Giménez Beltrán, que ganó el premio poético convocado con el nombre de la abadesa.

Así el monasterio de Casbas debería ser conservado, potenciado y engalanado a la misma altura que los proyectos públicos que lo han hecho con Veruela, con el imperio de la garnacha, Bécquer y las músicas del mundo por banderas; Rueda, y su noria única en el mundo; o la propia Cartuja de las Fuentes de Monegros, cuya nave contiene la obra maestra que ocupó casi toda su vida de Francisco Bayeu, el cuñado de Goya

Sea o no de propiedad privada, es un cenobio colosal en términos de su legado para la historia de Aragón.

La consolidación de la importancia para Monegros y el espaldarazo que supondrá el retorno de las pinturas de la Sala Capitular al Monasterio de Sijena no pueden ser a costa de que Aragón siga dando la espalda, que curiosamente es por exceso de cara, a Guara Sur y Casbas. 

Disponiendo por omisión el Decreto autonómico que por estar próximos a Barbastro y Huesca, estos municipios e iniciativas se apañarán. Cuando su localización no es tan adversa como tienen los de la Bal d’Onsella, el Valle de Lierp o Fayón, y ello no revela más que la impotencia de Aragón en gestionar su territorio y legado. 

Lógicamente hay que correr o no le podremos hablar de ello a la generación de las plataformas que reivindica torneos de pádel.

El hecho de que el Monasterio de Casbas perdiera parte de su singularidad patrimonial por hallarse en el Frente de la Guerra Civil no obsta con que nos hallemos ante uno de los mejores ejemplos de conjunto abacial aragonés: pues conserva una portada románica, un especialísimo acceso porticado al palacio de estilo gótico y los restos de un, inusual para Aragón, claustro ojival de los muy presentes en la vecina Lleida; además de una sala capitular puramente gótica.

Salvado de su total abandono por la iniciativa privada, nos parece sensato y loable ponerlo en uso y conocimiento a partir de pequeños conciertos de música polifónica y villancicos del gótico aragonés y del Renacimiento y Edad de Oro españoles como han hecho sus promotores: la Asociación Valle de la Gloria. Territorio de Guara Central que recibe el nombre del Monasterio de Casbas y publica una bellísima revista que porta el nombre de “La Hoja Casbantina: Historia y Vida al Pie de Guara” que está a vuestra disposición en la página de la Asociación –guaracentral.com-. Vayamos con esta poesía de sor Ana, tan barrocamente zen:

Fuente que en círculo breve, presumes de gran caudal…

Dizen que envidias te quieren, de esta huerta desterrar.

Que fuente en huerta de monchas, quien duda que en tendrá sal.

08.02 Luis Iribarren

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