En la imagen vemos un detalle del Sagrario de la catedral del Pilar de Zaragoza, posiblemente un objeto que pocos habéis visto con detalle y de cerca. Representa un pasaje de la Biblia muy conocido.
Dios mandó a Abraham sacrificar a su hijo Isaac en el monte (Moriah), como una prueba extrema de fe, pero en el último momento, un ángel detuvo a Abraham y le entregó un cordero para el sacrificio, asegurando en nombre de Dios que la obediencia de Abraham era suficiente y que ya no deseaba la muerte del muchacho.
Suena a cruel, a muy cruel, pero en honor de aquellos mandatos divinos, se hicieron muchas historias sagradas. Y ahora que cada uno piense lo que quiera.
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