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6.1.26

Cuando Albert Einstein vino a Zaragoza


La visita de Albert Einstein a Zaragoza constituye uno de los episodios más singulares de la historia intelectual de la capital del Ebro, especialmente notable porque fue completamente improvisada dentro del itinerario oficial del célebre físico. 

En apenas 50 horas, Einstein revolucionó Zaragoza, impartió conferencias sobre su teoría de la relatividad, visitó sus principales monumentos, celebró su propio 44 cumpleaños, fue besado por una jotera y dejó un misterio de archivos que persiste hasta hoy.

Albert Einstein visitó España entre el 22 de febrero y el 14 de marzo de 1923, apenas dos años después de ganar el Premio Nobel de Física en 1921. La gira fue resultado de una invitación formulada en 1920 por dos científicos españoles de reputación: el físico catalán Esteve Terradas y el matemático Julio Rey Pastor.

Aunque la invitación original era para otoño de 1920, Einstein la había pospuesto por su designación como profesor extraordinario en la Universidad de Leiden. Finalmente, en 1923, con su fama mundial ya consolidada, aceptó hacer una gira remunerada de conferencias, cobrando 3.500 pesetas por las conferencias—suma considerable para la época, especialmente comparada con salarios académicos españoles.

Einstein viajó acompañado por su segunda esposa, Elsa Einstein, que era también su prima segunda, y ella desempeñó un papel activo durante toda la gira.

Einstein y Elsa llegaron primero a Barcelona el 22 de febrero de 1923 en una escena caótica pues Einstein había olvidado enviar telegrama concretando su hora de llegada, así que nadie los esperaba en la Estación de Francia


Tras no encontrar a su anfitrión Esteve Terradas (quien acababa de perder trágicamente a su hija apenas 5 días antes), el matrimonio se alojó en la humilde pensión Hotel Cuatro Naciones de La Rambla, en lugar del lujoso Hotel Colón que les habían reservado.

Pese a esta acogida imperfecta, Barcelona fue deslumbrante. Einstein se comportó de manera excepcional para alguien de su estatus: se fotografió con gente corriente, se entrevistó con estudiantes, sindicalistas, científicos y filósofos. Visitó el monasterio románico de Poblet y la basílica de Terrasa. La prensa lo trataba como un héroe de la clase trabajadora, atribuyéndole una sensibilidad social inusual en la época.

El 1 de marzo, Einstein tomó el tren desde Barcelona a Madrid, donde pasaría 10 días en un contexto radicalmente diferente. Aquí fue recibido formalmente por élites intelectuales y sociales. Se alojó en el Hotel Ritz. Su agenda era exhaustiva con innumerables recepciones con Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna, el físico Blas Cabrera y el matemático Josep María Plans.

El momento de mayor relieve fue su audiencia con el Rey Alfonso XIII y la Reina Madre el día 7 de marzo. Según el diario de Einstein: "Audiencia con el rey y la reina madre. Ella revela su conocimiento de la ciencia. Se ve que nadie le dice a ella lo que él está pensando. El rey, sencillo y digno, me produjo admiración".

Entre sus visitas fue memorable la de Toledo, que visitó con Ortega y Gasset disfrazado "de incógnito" según sus propias palabras ("camuflado y con muchas mentiras"). Lo que más lo impresionó fue "El Entierro del Conde de Orgaz" de El Greco en el Museo de El Greco. También visitó el Museo del Prado en sus días de estancia en Madrid.

En una velada académica con Blas Cabrera, Ortega y Gasset y Gregorio Marañón, Einstein tocó el violín—instrumento que siempre lo acompañaba en sus viajes. Al finalizar su estancia madrileña, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Madrid (actual Universidad Complutense) y nombrado miembro de la Real Academia de las Ciencias. 

El biólogo marino Odón de Buen, además, le presentó una extraordinaria propuesta: encabezar una expedición científica para estudiar el eclipse solar en México en septiembre de 1923.

El tren que transportaba a Einstein de Barcelona a Madrid pasaba por Zaragoza. En la estación zaragozana, un grupo de audaces profesores de la Universidad de Zaragoza —encabezados por el físico Jerónimo Vecino y el matemático José Ríus— subieron al tren en movimiento y le trasladaron una invitación formal para que hiciera una parada en la ciudad tras su visita a Madrid. 

Einstein, aparentemente cautivado por la iniciativa, aceptó modificar su itinerario. La visita a Zaragoza nunca fue parte del itinerario oficial de Einstein. Fue producto de lo que el historiador Thomas F. Glick denominó la "picaresca española". Sucedió de manera extraordinaria.

El tren que transportaba a Einstein de Barcelona a Madrid pasaba por Zaragoza. En la estación zaragozana, el tren Rápido (como se llamaba a un tren directo de la época) de Barcelona a Madrid realizaba una parada técnica en Zaragoza. 

Ese fue el momento en el que el catedrático de Física D. Jerónimo Vecino Varona, y los catedráticos de Matemáticas José Ríus y Casas acompañados del químico Casimiro Lana Sarrate (que convenientemente hablaba un perfecto alemán) aprovecharon para convencer a Einstein de que parase en Zaragoza a la vuelta de su viaje de Madrid.

El lunes 12 de marzo de 1923, alrededor de las 6 de la tarde, Einstein llegó oficialmente a Zaragoza. Lo recibió el alcalde Victoriano Carboné Chueca, quien lo trasladó en su coche al Hotel Universo y Cuatro Naciones (ubicado en la calle Don Jaime I, número 32, edificio que ha desaparecido). 

También lo recibieron el profesor Antonio de Gregorio Rocasolano (cuyas investigaciones bioquímicas interesaron especialmente a Einstein), el cónsul alemán Gustavo Freudenthal (reputado fotógrafo que capturó imágenes icónicas de la visita), estudiantes, súbditos alemanes y autoridades locales.

Apenas dos horas después de su llegada, con la sala del Aula Magna de la Facultad de Medicina y Ciencias (hoy Paraninfo) abarrotada de público, Einstein impartió su primera conferencia sobre la Teoría de la Relatividad, pronunciada en francés. Y en Zaragoza.

El acto fue presidido por el rector Ricardo Royo Villanova, confirmando que se trataba de acontecimiento académico de gran relieve. Aunque la mayoría del público no comprendía la sofisticación matemática de sus explicaciones, la experiencia de estar en presencia del hombre que había revolucionado la física fue embriagadora para los asistentes.

El martes 13 de marzo, Einstein impartió su segunda conferencia en el mismo Aula Magna del actual edificio del Paraninfo. Durante esta sesión, utilizó una pizarra para escribir ecuaciones explicativas. Cuando concluyó la conferencia, el rector pidió a Einstein que no borrara la pizarra, con la intención de preservarla como reliquias del mayor científico vivo del mundo en aquellos momentos. 

Aquí comienza uno de los misterios más curiosos de la historia zaragozana: aquella pizarra con las ecuaciones manuscritas de Einstein desapareció sin dejar rastro. A día de hoy, más de 100 años después, nadie sabe dónde se encuentra.

Thomas F. Glick, historiador especializado en la visita de Einstein a España, ha especulado sobre las causas con las teorías principales de: 

 Pérdida accidental: Extraviada en traslados entre edificios, posiblemente quedó en un sótano o almacén.
 
 Desaparición ideológica: Las fuerzas conservadoras y fascistas españolas que posteriormente ascenderían (régimen de Franco, 1939-1975) vieron con recelo la Teoría de la Relatividad, viéndola como "ciencia judía" contaminada. Es posible que en algún momento de polarización política (especialmente con la Guerra Civil 1936-1939), la pizarra fuera deliberadamente destruida .

 Negligencia institucional: Las transiciones políticas y administrativas de España (República a dictadura, etc.) pueden haber resultado en pérdida de archivo sin malicia 

Lo que es cierto es que nunca ha sido recuperada, a pesar de búsquedas periódicas. 

Einstein fue compensado por las conferencias. Recibió 575 pesetas por cada conferencia más 250 pesetas de gastos, considerable suma económica para aquella época.

A pesar de la brevedad de su estancia, Einstein visitó los principales monumentos de Zaragoza.

La Basílica del Pilar: Centro de devoción mariana
La Seo (Catedral Metropolitana): Centro del poder eclesiástico
La Lonja: Edificio renacentista, del que Einstein salió "entusiasmado"
La Aljafería: Palacio islámico taifa, testigo de la Zaragoza medieval musulmana
Teatro Principal: Asistió a función de "La Viejecita", zarzuela cómica de Miguel Echegaray que era un éxito de temporada
Laboratorio del Profesor Antonio de Gregorio Rocasolano: Visitó las instalaciones de Investigaciones Bioquímicas

Tuvo también un Encuentro con la Cultura Aragonesa. Las Jóvenes Joteras, uno de los episodios más comentados y emocionantes de la visita, que fue el encuentro de Einstein con dos jóvenes cantantes de jota aragonesa (rondalla aragonesa). Según testimonios contemporáneos y fuentes históricas, Einstein se emocionó profundamente con el canto tradicional aragonés. 

La prensa de la época reportó que besó a una de las jóvenes joteras, anécdota que se convirtió en nota folclórica de la visita. Aunque todo ello fue ampliamente especulado y exagerado por la prensa, demuestra que Einstein fue receptivo a las manifestaciones auténticas de la cultura local.

El momento más intrínseco fue la celebración de su 44 cumpleaños. Einstein había nacido el 14 de marzo de 1879, así que su cumpleaños caía precisamente en su última noche en Zaragoza. El cónsul alemán Gustavo Freudenthal organizó una sencilla fiesta en el Hotel Universo y Cuatro Naciones.

Durante la fiesta Einstein tocó el violín, acompañado por una joven pianista zaragozana, Trinidad Castillo. Se sirvió cena, destacando el bacalao (conocido localmente como “bacalado” según señalaron los medios de comunicación de Madrid de aquella visita, y se realizó un brindis con cava español. Su mujer Elsa Einstein fue forzada a hablar por los asistentes y, en su intervención, ponderó la calidad del bacalao, recordando que su esposo había sido cocinero en años anteriores

Este momento, aunque menor que sus conferencias, captura la humanidad de Einstein: lejos de los salones académicos, celebrando su cumpleaños en una ciudad que apenas lo conocía una semana antes, tocando su violín y brindando con vino espumoso aragonés.

Einstein y Elsa partieron de Zaragoza en el tren rápido de la tarde del 14 de marzo de 1923, con destino a Bilbao, donde continuaría su gira por España. Su estancia había durado exactamente 50 horas (de lunes 6PM a miércoles tarde)—tiempo suficiente para revolucionar la ciudad y dejar huella imperecedera.

El desaparecimiento de la pizarra de Einstein ha generado hipótesis diversas durante un siglo. El cineasta José Manuel Herráiz produjo en 2023 un documental titulado "La pizarra de Einstein. ¿Misterio resuelto?", intentando arrojar luz sobre lo sucedido.

La visita de Einstein a Zaragoza en 1923 es emblemática de un momento de transición: España estaba en el ocaso de su brillantez cultural, pero aún atraía a las mentes más luminosas del mundo. Einstein, en la cúspide de su fama (apenas 2 años después de ganar el Nobel), eligió dedicar parte de su valioso tiempo a una ciudad de provincia, bajo circunstancias que fueron casi accidentales.

Zaragoza, por su parte, demostró en esas 50 horas una apertura intelectual, una audacia (subirse al tren), y una capacidad de improvisación que capturó la imaginación de uno de los mayores genios científicos de todos los tiempos. 

Einstein tocó su violín en una casa del Coso, besó una jotera, comió bacalao como se cocina en Aragón, visitó monumentos tan importantes como el Pilar o el Palacio de la Aljafería, y celebró su cumpleaños con cava aragonés. Fue, en resumen, un encuentro entre dos mundos —el científico cosmopolita y la ciudad histórica— que perduró en la memoria colectiva durante muchos años.



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