2.11.18

La monjera de San Nicolás era única

La monjera era un oficio hace años; ahora todo se pierde, incluso los carboneros o los fotograbadores. Modificamos vida y se quedan por el camino oficios imposibles. Ser monjera era ser una mujer que podía tener contactos con las monjas de clausura y con las calles, médicos o tenderos, sin que le sucediera nada grave. Ella era el contacto básico de las monjas encerradas con la vida necesaria de supervivencia. 

La monjera vivía en las ventanas que vemos casi en medio de la imagen, entre la puerta de la iglesia y el balcón con persiana que era la vivienda de una familia de transportistas. Y salía con grandes capazos a comprar verduras y frutas, carnes o cosas, como si en aquellos años no hubiera hambre. Y sí, existía una necesidad no cubierta, por las pocas peticiones de consumo conocido. No pasábamos hambre, pues no lo sabíamos distinguir.

La monjera, mujer muy amable y simpática, estaba casada. Y alguna vez tendría sexo con su marido, faltaría más. Lo que nos indica que cerca del convento se practicaba sexo. ¡¡Dios mío!! sexo. 

Creo recordar que tenía un gato negro, un gato libre que se movía por la zona como pedro por su casa. Un gato al que no le gustaba mucho que jugáramos a la pelota. En aquellos años pobres había pelotas. Lo que no había era balones. Los balones los conocí ya con 12 años. Me parecieron muy duros. Me imaginaba un balonazo del balón y sufría pues los pelotazos de la pelota eran suaves.

De la monjera no supe más cuando me tuve que ir con las pelotas a otra parte, pues mis padres se nos llevaron a mi hermano y a mi a un barrio nuevo que ya hoy es viejo. 

Yo estoy seguro que aquella tuvo que ser la última monjera de la iglesia. Luego con los años aquellas casas se tiraron, ya nunca más logré ver a persona que se asomara por aquellas ventanas. Hay oficios que se pierden. Van con la vida.

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