5.8.18

Zaragoza me cansa. Y lo malo es que os cansa también a vosotros

Zaragoza me cansa, me agota, me llena de suspiros y por eso decidí no seguir escribiendo sobre mi ciudad a la que amo. Otros tiempos vendrán y tal vez serán mejores o al menos más claros. Eso pensaba hasta que las cosas del palacio municipal y autonómico se van volviendo más y más grises. Todo es capaz de empeorar, sin duda.

A la dimisión asqueado de un Celaya con el que traté positivamente varios asuntos se unió enseguida la de todo su equipo en solidaridad con algo que no se ha querido decir. Para qué —pensarán los que mandan— si no lo entenderían los ciudadanos que nos votan.

Y en estas semanas de mi silencio pactado conmigo mismo, en el Ayuntamiento de Zaragoza ha seguido sucediendo “cosas” y todas desagradables. Si a Palestina le sigue la foto de Roberto, la gota que colma a Zaragoza sin que lo sepan los zaragozanos es la posible inconstitucionalidad de parte de la Ley de Capitalidad de Zaragoza, una de las peores leyes que yo recuerde para una gran ciudad.

En esa negociación nefasta y muy desigual, unos cedieron mucho más que los otros, y si encima pierden después algunas cosas de las logradas, todo el acuerdo se debería ir a la basura. No es posible ceder en unas cosas y que luego el resto te lo quiten los juzgados en silencio. Aquella negociación quedó clara que era un error inmenso por parte de las dos partes. Los unos por abusar de Zaragoza, los otros por no saber negociar ni darse cuenta de con quien estaban negociando.

Si a esto sumas las opiniones “provocadas y provocadoras” para intentar explicar los asuntos…, uno se queda mejor en casa mirando los anuncios de la tele, que el menos mienten igual pero lo hacen con música.

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